Stage Jaca- Día 3-Anayet

Para “descansar” de bici, decidimos que el 3er día vamos a ir al monte. Habíamos pensando en subir al Collarada, pero nos habían dicho que era un poco tostón, así que lo cambiamos por el Anayet, (2.545m) un poco más bajo pero mucho más bonito, y con el que Eukeni tenía una pequeña cuenta pendiente.

Yo no suelo ir al monte. Más bien, no voy nunca, así que aunque tenga bastante más preparación física que la gente que andaba por allí, esto no deja de  ser un deporte distinto, y la cosa tiene su dificultad.

Las 2 primeras horas son de suave subida, por el fondo del valle de Canal Roya, dejando a nuestra derecha la Raca, El Midi d’Ossau y las últimas ampliaciones de Formigal. 

Después en un “cómodo zig-zag”, según el cachondo que escribió la guía que llevábamos se comienza a ganar altura. 

Y sin darnos cuenta ya estamos en la base del mazacote del Anayet. Desde abajo impresiona bastante.

Y no parece que haya una forma sencilla de subir. Nos hablan de un cable, que hay que coger para subir, que está suelto, de una zona que hay que trepar, que hacen falta buenos pies…

Pues nada, para arriba. Resulta ser bastante más fácil de lo que nos habían dicho. El cable, que es una cadena y que está más que bien sujeta, es perfectamente prescindible, (en la bajada ayuda bastante),

y finalmente, en 3h20′ ya estamos arriba.

Balaitous e Infiernos desde Anayet.

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Pico del Midi d’Ossau, gracias al cual me libré del fregado de la noche en una apuesta. Iker, pitxón.

Pero quedaba lo más difícil. Bajar. Al parar en los ibones a comer el bocata, veo que tengo los calcetines rotos en la punta del dedo gordo. Me los cambio, pero los dedos me siguen pegando en la punta de las zapatillas (primera vez que voy al monte con ellas, esto sí que es ser pichón). 

A Iker, parece que ya no le importan una mierda los paisajes quye en la subida tanto le preocupaban, y empieza a bajar como un tiro. En la parte dura, no arriesgo nada, pero es que en la fácil no puedo alargar la zancada por más que lo intento. Entre los dedos de los pies, las rodillas y los isquios, me esperan dos horas de sufrimiento, que encima voy a hacer sólo, por lo que me dedico a contemplar el valle con la impresionante luz que entra a esas horas y que por cierto me achicharra la cara, porque se me ha olvidado la crema. Pichón otra vez.

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