El Rasillo de Cameros. Crónica.

Para terminar la temporada, tras la pequeña decepción de Pálmaces quería hacer un último sprint, (mi distancia) para terminar con mejor sabor de boca. Por coincidencia de las fiestas de Vitoria no iba a poder correr ni en Castro ni en Pamplona, que son dos carreras que quiero hacer, pero por las que no voy a renunciar a estar con mis amigos en uno de los mejores días del año.

El clasificatorio de Valladolid era el primer objetivo. Quería correr en Élite, para probarme y ver por dónde andaba, pero no me encontraba lo suficientemente bien nadando para hacerlo en condiciones y me daba mucha pereza ir hasta Valladolid de víspera + hotel + gasolina + 30€ de inscripción. Del rollo de los grupos de edad, ya estoy un poco quemado. No entiendo por qué si pagas lo mismo que los élite, tienen que tratarte peor y más, tras no incluirme en la lista del mundial que sacaron en función de la clasificación de Madrid, en la que hice 2º y selelccionaron a gente que quedó muy detrás de mi.

Además, encontré un pequeño anuncio de una carrera que se iba a hacer en el Rasillo de Cameros, que no tenía ni idea de dónde estaba, pero que podía ir perfectamente en el día. Era la primera edición, y siempre he dicho que tengo debilidad por los equipos que se lanzan a organizar una carrera, así que mi mejor forma de apoyarles era inscribiéndome.

Vista la poca repercusión que parecía tener la carrera y una ausencia de lista de inscritos, por algunos días pensé en que correría poca gente y que incluso tendría opciones de ganar. Pero éstas se desvanecieron en cuanto llegué y me bajé del coche. El primero al que vi era Unai Yus. Pues nada, a intentar hacer podio. Bajo a recoger el dorsal y veo a Iván Gil y Gorka Bizkarra. Nada, ni podio. Y para terminar, llega Jesús García Colás… Nada. A intentar hacerlo lo mejor posible y ya está.

Boxes pequeños y apretaditos. 115 participantes y boxes de barra, en los que está vez mi bici entra sin problemas. La bici empieza cuesta arriba y no hay que correr apenas por boxes. Me pienso mucho no poner las gomas, para evitar momentos como el de Pálmaces. Pero no sé muy bien por qué, tal vez porque ya me he acostumbrado a hacerlo así y punto, decido ponerlas.

Primera sorpresa del día. Natación con neopreno, así que el traje trampa con el que tantas vueltas he dado últimamente, se queda en la mochila. Es algo que me perjudica, porque no creo que mucha gente allí tuviera este tipo de traje y creo que nado mejor sin neopreno, pero bueno. Es lo que hay. Caliento unos metros, bien, a gusto. Estoy bastante nerviosillo. Me pongo detrás de Iván y Gorka, Jesús es inalcanzable. En los sprints de este año me han sacado entre 20 y 30 segundo, por lo que creo que a pies, con poca gente molestando tengo que ser capaz de poder seguirles, y me olvido de ponerme en primera fila.

Salida. uN par de golpecillos, pero me encuentro cómodo, me hago hueco y me coloco a pies de Iván que lleva un traje azul bastante reconocible. Ni por un momento me planteo intentar cambiar. Me mantengo ahí, y luego en la bici ya veremos si les aguanto.

Los  últimos metros de la natación se me hacen un poco pesados, y noto que tengo que esforzarme un poco más de lo necesario hasta entonces, pero salgo donde quería estar, que con la bajada de volumen e intensidad de la natación en los últimos dos meses está bastante bien.  En cuanto me pongo de pie, me doy cuenta de que he forzado más de lo habitual. Salir delante no me ha salido gratis.

La cuesta de boxes me cuesta lo suyo (valga la redundancia), pero no pierdo más que un puesto, porque Gorka que ha salido justo detrás de mi, me pasa bastante ligero.

Me quito el neopreno rápido y salgo de los primeros de mi grupito, pero aquí empieza otra vez el desastre: salto encima de la bici, pero al llevar el 39×23 puesto, el impulso que consigo con el inicio de la primera pedalada, no es suficiente, no acierto a ponerme la segunda zapatilla, se rompe la goma y la condenada empieza girar como una loca. Se me cae la plantilla (no me di cuenta hasta que metí el pie), pero no me paro y sigo intentando acertar a meterla. Tal vez tenía que haber seguido algo más con el pie encima de la zapatilla, pero la salida tenía una cuesta bastante maja… Y lo que decidí en ese momento fue intentar meterla. Me cuesta como 3 o 4 intentos, con lo que el grupo se me va, y con ello las opciones de estar delante de verdad.

Cuando acaba la cuesta del acceso al club naútico y salgo a la carretera, veo que he pasado de 174 al montarme (que ya eran altas), a 182 ppm (96%). Casi nada. Y ahora tengo que ponerme a perseguir a un grupo de 6 que veo por delante y que no van muy bien. A ello. Igual que en Pálmaces, no me veo mal, tampoco bien, pero el pulso sigue altísimo y no baja de 176 ppm. Me olvido de watios, pulso y todo, y me dedico a sufrir y concentrarme en recortar la distancia, que creo que lo estoy consiguiendo. Me cruzo con Jesús que va primero, con Iván y Gorka que van tas él muy rápido y luego ya viene el grupo.. Joder, sin hacer mucho voy noveno, tras pasar a algunos que se han ido quedando del grupo.

Antes de llegar a Ortigosa, me adelanta Yus, que me ataca al adelantarme en lugar de pedirme que colabore para ir a por los de delante. Yo creo que es un error por su parte, porque corre más que y yo, pero bueno. En la subida a Ortigosa, menos de un kilómetro pero durita, adelanto a 3 ó 4, por lo que ya voy sexto. Y ya sólo hay un chico al que podría coger. En el último giro de 180º, que da inicio a la subida de vuelta hacia el pantano, llego con todo metido, 52×12, y no me da tiempo ( o no tengo reflejos) para intentar quitar el plato antes del giro, así que lo hago como puedo, sin irme al suelo, perdiendo un montón de tiempo en la arrancada, en la que una pareja que me persigue casi se me echa encima. Por fin quito el plato y atiro para adelante, mirando hacia atrás y decidiendo no  esperar.

T2. Tampoco me da tiempo a pasar la pierna por encima del sillín. Es lo que tiene que la sangre no te llegue bien a la cabeza, y bajo como puedo.

Zapatillas, GPS, Gel y a correr, otra vez cuesta para arriba. Su puta madre. Vaya cuestón.

Dolor brutal de cuádriceps, la pesadilla de Pálmaces vuelve a mi cabeza, pero por fin, afloja un poco (que no termina) la dichosa cuesta.  Tras el primer kilómetro, veo que la cosa tiene bastante pinta de que los puestos van a quedarse tal como están salvo que alguien pete del todo, pero yo no estoy para remotnadas espectaculares, y los que van por detrás tampoco. Así que me dedico a concentrarme en la técnica en el tramo de subida, no fallar, controlar un poco el pulso, hidratarme como puedo y disfrutar el último kilómetro de la temporada, con un 6º puesto que me sabe bastante bien.

3 comentarios en “El Rasillo de Cameros. Crónica.

  1. Hasta en fiestas de la Virgen Blanca escribes crónicas…. si sr.!

    Alguna valoración de la temporada en general?? O ese es otro post completo?

    Lo puedes escribir entre kalimotxo y kalimotxo….

    Agur!!!

  2. Esa foto de la bajada a la T2 no tiene precio,jejeje.
    Buena temporada, pero creo que en competición no es tan importante ir mirando los datos, así como el escuchar a tu cuerpo y mirar las sensaciones. Te quita bastante presión. Siempre hay tiempo de sacar conclusiones en casa con una cerveza y unas patatas,jejeje. Descansa, que te lo has ganado.

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