Saber decir NO.

A todos nos gusta competir, para eso entrenamos durante todo el año. Así que cuando toca decidir que un fin de semana no se corre, cuesta. Yo, que ya de por si soy bastante indeciso, suelo darle bastantes vueltas a la cabeza cuando ocurre. Me pasó en Tudela el año pasado con el dolor de espalda, y me ha vuelto a pasar de nuevo con el Memorial Onditz. Son carreras a las que les tienes cariño por diferentes motivos. Tudela porque es al lado de Valtierra, en el Ebro… y el Onditz porque fue mi primer triatlón, allá por 2002, cuando tardé tanto en salir del agua que mi madre ya pensaba que me había ahogado ( y la de veces que me lo dice), cuando me caí bajando Igeldo con lluvia, pinché, tuve que bajar con un pie fuera, hacer el Paseo de la Concha a lo Olano en Colombia y remontar más de 100 puestos corriendo magullado (desde el puesto que empecé tampoco era difícil).

Este año no voy a poder correr. Esta tarde me quitarán los puntos, el ojo está en su sitio, el labio casi también pero me duele la cabeza. Ayer probé 10 km muy suaves en bicicleta y lo pasé mal. Sintiendo presión dentro de la cabeza, sin apenas esforzarme, así que no me puedo imaginar lo que puede ser apretando los dientes a 180 ppm. No va a poder ser. La decisión esta vez ha sido fácil, porque no hay otra opción.

De todas formas, estaré allí, con mis 16 compañeros de equipo que participan, viendo los toros desde la barrera, que siempre se aprenden cosas, animando y ayudando en lo que pueda.

Queda un mes para mi gran carrera del año (Vitoria). Espero que esto se pase en unos cuantos días y pueda empezar a entrenar a tope, que realmente todavía no lo he hecho en todo el año. Tengo la sensación de que todavía mi punto está por llegar. Así estaba previsto, y espero que esto no trastoque todos los planes.

Mientras tanto, hay que aprovechar las oportunidades que dan estas cosas, Tengo más tiempo para analizar carreras, datos, ver vídeos de natación (la gran olvidada de este año) y por supuesto de estar con Patri.