Hierro, incertidumbres y agujeros.

Una vez más, mayo ha vuelto a ser un mal mes para mí en cuanto al triatlón se refiere. Mes maldito en el que siempre me pasa algo. Esta vez ha tocado una falta de hierro que creo que llevaba arrastrando desde por lo menos después de Senpere.

Como ya escribí la semana antes de Bilbao, me notaba muy cansado. Demasiado para el ejercicio que hacía, con sensación de dolor en las piernas al terminar el día sin haber hecho nada de esfuerzo. Tras tres semanas así, decidí que eso ya no podía ser normal y me fui al médico. Me hicieron los correspondientes análisis de sangre que detectaron hierro bajo, aunque por lo menos el hematocrito, la hemoglobina y la ferritina estaban en su sitio.

Así que me han recetado las pastillas de hierro que toma todo el mundo (no hay como que te pase esto para ver la de gente que tiene problemas de hierro y anemia) y que se supone que en 1 semana tengo que estar “medio normal” aunque tengo que seguir tomándolas 3 meses.

Cuando parecía que todo parecía encauzarse y ya empezaba a encontrarme mejor, fui con Borja (que también está pasando una racha “curiosa”) e Ibon a Zarautz para ver el recorrido nuevo del triatlón ya que se ha cambiado tras aparecer un enorme socavón en la carretera en Zarautz y Getaria.

La idea era verlo para decidir si llevábamos cabra o bici de carretera, pero cuando estábamos bajando hacia Aia desde  Andazarrate, en la parte “fácil”, metí la rueda delantera en otro socavón, se me resbaló el guante del manillar mojado y salí despedido por encima del manillar quedando la bici colgada boca arriba el guardarraíl. Mucha suerte tuve de que el coche que venía detrás me esquivó y que sólo tengo los clásicos golpes e hinchazones en cadera, codo y hombro. Muchas gracias a los que parasteis para ayudarme. Al final, conseguí bajar hasta Orio con más miedo que Cagancho y subir al camping para terminar la vuelta. Pero ahora mismo no tengo nada claro qué bici llevar.

Total, que me he plantado a 8 semanas del Challenge de Vitoria, la prueba importante de la temporada, habiendo tirado un mes a la basura en el que he sumado 40 km a pie, he mantenido la natación como he podido y he salvado los muebles con la bici sumando kilómetros pero sin ninguna calidad.

Sinceramente, estoy bastante tocado. Es evidente que en Zarautz no voy a poder hacerlo bien, pero más me preocupa no estar en condiciones de poder entrenar como Dios manda en junio y julio para salvar la temporada y salir del agujero.

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A ver si sale el sol de una vez y nos infunde un poco de ánimo.

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