San Silvestre 2015.

La San Silvestre de Vitoria es una carrera que me pone más que a Piqué un Clásico contra el Madrid. Probablemente sea la carrera a pie que más me gusta, aunque se me queda un pelín corta y TODOS los años me pasa algo para no llegar bien. Este año ni siquiera la había preparado. De hecho, todavía casi no he empezado a correr. Este año, en lo que llevamos de temporada y que además ha empezado más tarde de lo habitual, me he centrado más en la natación, en probar cosas para la bicicleta (ruedas, sensores de potencia, cambios en la posición) y algo de bici de montaña, lo que ha hecho que no haya corrido la Media Maratón de Vitoria. Algo que, exceptuando 2013 porque estaba a punto de nacer Adrián, nunca había hecho desde hace un montón de años. Normalmente la intentaba preparar (2-3 días semana) un poco a conciencia, y consideraba que eso me daba fondo, base o como se quiera llamar, suficiente para las carreras de la temporada. Pero la temporada de 2015 terminó más tarde que nunca, y en noviembre no me apetecía ponerme a correr a lo loco.

Así que tras 9 sesiones de carrera a pie para sumar 75 km, todas por debajo de 10 km, excepto un día de 16 km que me pidieron hacer de liebre en unas series para compañeros de equipo que preparaban la Media, y un 5×500 como únicas series rápidas, me presenté en la salida. A la lista de excusas, también sumamos una caída con la bici de montaña el día 27, no fuerte pero sí muy dolorosa al salirme de una senda en el pantano que me dejó la espalda bastante tocada y un golpe fuerte en el gemelo. Así que por primera vez en mi vida, salí a trotar por la mañana antes de una carrera para asegurarme de que podía correr. El gemelo no molestaba, pero la espalda, sí. Aún así, no los suficiente como para dejarme en casa. Por lo menos tenía que salir a correr y lucir por Vitoria la camiseta de mi hermano en la que probablemente esté siendo su temporada más dura desde que es profesional. Avisé en casa que no esperaran verme en los puestos delanteros, y comenzamos con el protocolo de todos los años que ya es casi sagrado.

Este año, añadimos una foto de equipo en los minutos previos a la carrera, en la que algunos de mis compañeros  se dieron cuenta de cómo es Diego antes de las carreras ;)..

Diez minutos antes de la salida ya empiezo a merodear el arco de salida, gel de cafeína de 226ers y finalmente soy de los primeros en ponerme… para como TODOS los años acabar en cuarta fila, pero creo que bien situado, tras Iván Fernández y Marc Hurtado. O sea, para tener hueco.

Salida belga, como siempre alucinado de cómo sale la gente en los primeros metros, de la gente que sale más delante de la línea de salida, sin importarles el ritmo de la gente que viene bufando por detrás, y en la recta de Salbatierrabide me abro para intentar remontar como puedo. Primer kilómetro: 3:11. Bueno, pues sí, me duele la espalda, pero al final estoy yendo igual que todos los años. Así que ya no hay marcha atrás.

Los 10-12 de cabeza ya se han marchado, veo un grupo claro al que creo que puedo pasar y para cuando llegamos al Prado ya se han estabilizado las posiciones, y de ahí a meta sólo adelanto a un chico del C.A. Laudio a final de Manuel Iradier, donde cómo no, me vengo arriba al enfilar PIO-XII, mi calle, que paso todo lo rápido que puedo pero buscando con la mirada a mi familia (a los que este año saludo y todo).

Eso hace que la recta de Los Herrán también se haga tan larga como siempre, aunque la verdad no noto la agonía de otros años (a pesar de que luego vi el pulso más alto que otros años). En carrera no me dio tiempo ni a mirar el pulso.

En la calle Francia, más sólo que la una en cuanto a participantes, pero con la calle con mucho público, compañeros de equipo incluidos (km y 5 y pico y sigo saludando J), y la curva del Hospital con una cantidad increíble de gente. Tomo la curva bien abierta, y veo la calle Olaguíbel, me vienen recuerdos a la cabeza de la transición del tri de Vitoria, vuelvo a saludar a mi familia que ha cumplido con el timing perfectamente para verme en dos sitios, y señal a lo Raúl, al número 14 que llevo a la espalda. En los últimos metros me crezco y lo hago corriendo marcha atrás. Algún día me caeré y la liaré, pero merecía la pena.

Al final, creo que puesto 16, con casi el mismo ritmo que el año pasado excepto en el segundo kilómetro, pero con 3 pulsaciones más. Una cosa es que pueda correr más o menos a la misma velocidad, pero está claro que sin entrenar no me cuesta el mismo esfuerzo.

Muy, pero que muy contento. No creía que fuera capaz de conseguirlo, pero una vez más, el entrenamiento cruzado funciona si no se descuida la técnica de carrera, tanto entrenando como en la propia carrera. Por lo menos en 6 km. Para distancias más largas, habrá que entrenar más.

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4 comentarios en “San Silvestre 2015.

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