Equivocarse

Hay veces que te equivocas porque no tienes base para tomar la decisión correcta. Errar es humano y muchas veces se aprende de ello si tienes un poco de cabeza, visión y capacidad de análisis. Pero otras veces te equivocas, porque te dejas arrastrar por algún sentimiento irracional que no te deja pensar con lucidez. Esto realmente no es equivocarse. Es hacer el gilipollas.
Esto es lo que hice el sábado en Logroño. Después de una semana con gripe, sin apenas fiebre pero con un malestar y debilidades como hacía mucho tiempo que no tenía, no fui capaz de renunciar a competir en Logroño, nada menos que en un 400m libres.
No había ni una sola señal que me indicara que podía hacerlo medianamente bien. La víspera, nadé 1500 m con malas sensaciones, todavía con algo de malestar y malos tiempos. El sábado tampoco me terminaba de encontrar recuperado, pero aún así, pensé: “bueno, vamos, pasamos la tarde en Logroño y me pruebo”.
Me pruebo… me pruebo, ¿qué? ¿Pruebo cuánto más lento estoy tras una semana sin entrenar? No, pruebo cuánto más lento estoy después de una semana con gripe. ¿Y esto para que sirve? Pues para nada. Para pasar un mal rato horrible en la piscina, salir del agua con un mosqueo de puta madre y arrepentirme durante días de hacer el gilipollas. Espero que por lo menos sirva para que no se vuelva a repetir.

Ya que tengo tiempos, voy a poner un par de parciales para que se vea la dimensión del sufrimiento.

Por tener alguna pista más: en el 800 de Anaitasuna de noviembre, el 200 lo pasé en 2’29″ y el segundo 200 en 2’38”.

Pues eso. Aprender. Aprender que no sirve de nada competir cuando no se está preparado y mucho menos cuando no se está sano. Hoy es martes y todavía no estoy recuperado.

Así que de nuevo, a empezar poco a poco, que los objetivos sean sólo objetivos pero no obligaciones y a no pasar malos ratos a lo tonto, ya no sólo en las competiciones, sino en la preparación de las mismas.