El problema es la ferritina alta.

Actualización: por lo que parece, lo que me pasa no es técnicamente anemia, ya que entre otras cosas, tengo la denominada “línea roja” bastante bien. Parece que el problema radica fundamentalmente en el nivel tan alto de ferritina (al contrario que en 2013, que sí estaba en su sitio). Curiosamente, los síntomas coinciden con los de la anemia.

Por seguir con el diario, que es la principal función de este blog, y también para informar, principalmente, a los que se han preocupado por mí y me han dado su diagnóstico, ya tengo los resultados de la repetición de la analítica que me hice el día 6 de julio, cuando llevaba una semana sin entrenar pero seguía tomando hierro, con esperanza de poder llegar a salir en el triatlón de Vitoria.

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Como se puede ver, tras esa semana de descanso, el hierro sérico ha subido y aunque bajo, está dentro de los parámetros “normales”, pero la ferritina está todavía más alta.

Mi última intención aquí  es dar lecciones de medicina. Respeto mucho las profesiones de cada uno, pero cuando uno cree que no le atienden bien, creo que tiene derecho a pedir más opiniones. Tengo suerte de haber recibido opiniones de médicos y dietistas deportistas, y parece que la opinión generalizada es que tengo una intoxicación de hierro. Realmente, no está muy claro si la ferritina ha provocado alguna inflamación (garganta) , o las inflamaciones han producido el aumento de la ferritina.

Probablemente, mi carga de entrenamiento físico, que raramente llega a las 8 horas por semana, no da como para tener que tomar suplementos de hierro y, por otro lado, entrenar con mucha fatiga acumulada (provocada por esos esfuerzos que no se reflejan ni en Training Peaks ni en Strava) haya provocado un desarreglo en mi cuerpo con defensas muy bajas, que  me han hecho demasiado vulnerable a unos cuantos virus que se han paseado libremente por mi cuerpo, y en resumen, he petado.

Parece mentira, con la de veces que he mencionado esta fatiga, estrés, etc en los únicos posts que he escrito este año, que no haya sido capaz de autoconvencerme de que había que cambiar algo, llevarlo de otra manera, pero supongo que la ansiedad, o más bien, ganas por volver a  competir, a sentirme triatleta, han podido conmigo y la he cagado. El otro día leía creo que a Gorka Bizkarra que no hay errores sino lecciones aprendidas. Bueno, no lo comparto. Hay errores, yo cometo muchos, y este ha sido uno de ellos, pero por supuesto hay que aprender de ellos.

He parado casi completamente desde el día 6 de julio. No porque quisiera, sino porque no tenía ni ganas ni fuerzas de moverme. Sólo algún paseo a 25 km/h, un par de ellos con Adrián a 11, y todavía  me inunda una sensación de incredulidad. ¿Cómo es posible que hace 3 semanas pudiera hacer 5×20 min a 260w acoplado en la cabra, 3 de ellas dolorido tras caerme y ahora me encuentre así?

No termino de encontrar una explicación. Simplemente, he reventado y se acabó. Me voy 2 semanas de vacaciones, voy a intentar descansar todo lo que pueda, intentar activar el cuerpo de nuevo, y empezar a preparar 2019.

No sé si haré triatlón o sólo nadaré, correré, o qué voy a hacer. Sé que tengo que cambiar cosas en la forma de entrenar (que es la única forma en la que concibo hacer deporte), pero de momento, lo único que quiero es volver a sentirme bien, fuerte, rápido,  encontrarme con mi cuerpo.

Tengo muchas ideas y cosas que quiero hacer en la cabeza, pero todas pasan por estar bien. Así que paciencia, una vez más, empezar poco a poco, subir las escaleras de escalón en escalón y disfrutar de cada paso del proceso.

 

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Crónica Memorial Onditz 2018. El retorno. 42º.

El domingo pasado, por fin me volví a poner un dorsal en un triatlón. Se dice pronto, pero después de un año entero sin poder correr y otro de “rehabilitación” donde no he tenido más que paradas y arranques sin ninguna continuidad lo veo como un éxito. Tras decidir no ir a Senpere la semana previa a esa carrera y no participar en Aritzaleku la misma víspera, estar en la salida era el objetivo principal.

Iba razonablemente bien, con tandas de 400 en piscina de 50 a 1’21-1’22 con neopreno(s) a menos de  145 ppm, algunas series buenas en bici hasta que alguien cruzó una manguera en Ozaeta a las 8:15 de la mañana del domingo en mitad de mi segunda serie a 260w y no pude ni frenar ni pasarla y salí volando aterrizando con el costado derecho. Aún así, me levanté y completé las 5 series previstas a esos watios.

Me faltaba confianza ( y bastante más) en la carrera a pie así que el martes, hice otra buena bomberada, que fue salir a coger confianza en series de 2k a 3’35-3’40.. A 33 grados y sin beber en toda la mañana. Eso no podía salir bien y no salió bien. Volví a la oficina arrastrándome a 5’30 / andando y una flojera de pelotas. Una imagen de lo que está siendo este año, intentarlo de cualquier manera, pero hay veces que es mejor no hacerlo, que hacerlo mal.

Total, que a pesar de que el sábado estaba bastante cansado, el domingo me encontraba bien a pesar del madrugón y de dormir fatal y fuimos a Donosti.

Como me esperaba, una vez allí me tranquilicé un poco. A pesar de todo el tiempo pasado sin verme en una situación así y de 5 años sin correr en Donosti, todo allí me resulta familiar y me encuentro muy a gusto. Saludos a conocidos, conversaciones con los compañeros de equipo (algunos de los cuales no conozco, cosas de entrenar siempre sólo) y al agua a calentar.

Me tomo un gel de 226ers con 100mg de cafeína para activarme un poco, dejo otro sin cafeína para correr junto a las zapatillas y me meto al agua. Noto bien el 3.8 (que tras tropecientas pruebas ha sido el escogido para competir) , pero sigo notándome perezoso.

Hago un simulacro de entrada con delfines y me retiro para intentar coger sitio. Esta decisión que casi siempre hago mal y que define muchas cosas en las carreras. Me pongo al lado de Haritz Garate. Creo que debería ser capaz de aguantarle a pies, pero también sé que no suele ser fácil encontrar los pies que quieres para cuando llegas al agua. A la derecha tengo a Castro y a los australianos.

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A partir de ahí, mantener la calma sin dormirme y que no se me pongan delante.

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Se da la salida, creo que reacciono bien, pero tras un par de codazos en la carrera hasta la playa, llego (otra vez!!) en cuarta fila al agua. Blandito. Muy blandito. No era lo previsto, pero no le doy más vueltas. Ni delfines ni leches y empiezo a nadar. A pesar de que creo que voy fuerte no consigo enganchar pies por delante y de vez en cuando me pasan por los lados. Me desanimo un poco, pero intento mantener la orientación, veo la boya perfectamente, y no perder la calma. Me da la impresión de que llevo bastante gente por delante, pero no tanta como para venirme abajo. Espero al giro y a partir de ahí a mantenerme. Como siempre, todo se estabiliza ahí y me noto más cómodo. Intento no perder la concentración y nadar bien sin perder pies. Vamos un grupo grande (todavía no sé con quién) y hay que estar fino en la transición.

Me pongo de pie. La gente empieza a quitarse el neopreno en cuanto se incorpora. Yo tengo la bici a un minuto corriendo, así que ni lo intento. Sólo mantenerme de pie y empezar a correr cuanto antes. Aún así, me adelantan Kareaga y Fuentes. Bueno, creo que tendría que haber estado más adelante en condiciones normales, pero no es para nada mal grupo, así que de nuevo, concentración. Corro por mi pasillo (por un momento me entran dudas de no haberla cagado, y después de no haberme pasado) hasta que por fin llego a mi bici. Me pongo el casco mientras me quito el neopreno con los pies, cojo la bici y salgo detrás de Kareaga. Vamos a hacer el salto de rana cuando un chico de Lekeitio falla y se cae en la mitad de la carretera. Kareaga le esquiva, pero yo estoy más lento y no salto hasta que no se reincorpora. Acierto bien con las zapatillas, pero con muy poca inercia. 5 segundos perdidos y adiós grupo. Me quedo sólo y a pesar de ir fuerte ( 3 minutos a 320w y 170 ppm) cada vez se me van más, así que me limito a mantener un ritmo constante, ver si no se entienden por delante, o llega alguien por detrás.

Subo Berio a 345w, y no se produce ninguna de las dos cosas.

En la subida de Zuhatzu (366w), por fin viene por detrás un grupo bueno con Illaramendi, Ugarte, Gondra, Loizaga… Doy todo lo que tengo para enganchar y no quedarme. Bajo a unos 10m porque no me acuerdo si había badenes o no, sabiendo que en Añorga tengo algo de margen para recuperar. A partir de ahí, lo de todos los años. Empezar a colaborar en los relevos e intentar que todo el mundo pase. Cuando vas en el puesto 50 no tiene mucho sentido andar regateando. Hay que ir hacia adelante como se pueda y la colaboración en este caso es más o menos buena.

Comienza la subida desde Orio e Illaramendi, Ugarte, creo que Loizaga  y otro chico salen más fuerte. Intento seguirles, pero veo 450w durante varios segundos y decido seguir a mi ritmo. Hacia mitad de la subida me recogen un Gondra, Arrieta y un TKronos que habían iniciado la subida algo más despacio y hacemos la ascensión hasta arriba juntos a unos 325w.

En la parte de arriba paso algún relevo por vergüenza y cuando empieza la bajada de tramo de peor asfalto , me acuerdo de que Iñaki Moya me ha dicho que está bastante mal, no hay nada de visibilidad y no arriesgo. Una vez llegado a Igeldo aprieto un poco más, cojo a Arrieta y a un grupo de chicas con Itsaso Leunda y Amaia Ostoloza. Adelanto como puedo y empiezo el tramo de las curvas peligrosas. Me lo tomo con calma. Tanta, que las chicas me piden paso a gritos (unas con más educación que otras) en medio de la trazada de la herradura. Ya en Ondarreta las vuelvo a adelantar y disfruto del último tramo en solitario. El día es espectacular, está lleno de gente y podría ser un día perfecto para una remontada a pie como las que hacía antes… Pero ya sé que eso no va a ser posible. En cuanto me bajo de la bici confirmo que mis piernas están tocaditas y no voy fino.

Pongo la bici girándola delante de mi juez favorito ;), me pongo los calcetines con calma, el dorsal, cojo el gel de mango y salgo. Hace mucho calor, así que importante coger todo el agua que se pueda y encontrar un ritmo sostenible.

Miro el 935 (qué diferencia para correr con el 920) y veo 3’45. Bueno, ni tan mal. Creo que ahí voy a poder aguantar. Pero tengo más claro todavía que de ahí no voy a poder bajar con la pesadez de patas que llevo, así que una vez más, concentración, fijarme mini-objetivos y no petar.

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En el último kilómetro, intento cambiar un poco de ritmo. Creo que me queda algo. No he sentido esa sensación de agonía que llevas cuando vas al límite (aeróbico?), pero sentía que no tenía fuerzas para ir más rápido. Así que arriesgo un poco y cambio.. .Tampoco demasiado, pero por lo menos para demostrarme que puedo hacer el último kilómetro por debajo de 3:40.

Llego a meta. Me corto bastante y no hay celebraciones de ningún tipo. No sé si la fatiga, el entorno ñoñostiarra, o no estar del todo a gusto con la carrera, pero entro como si fuera una carrera más.  Me siento más liberado que contento por ver que soy capaz de competir. Ha sido más un “por fin”, que un “qué bien”… Espero que a partir de ahora todo salga con más fluidez.

Análisis:

Por parciales.

Natación.

Puesto 64. Me sale a 1’26″/100 según el GPS. Mal puesto, a la cola del primer pelotón grande, pero uno de mis mejores ritmos en competición. O sea, que sigo sin sacar lo que creo que tengo, pero es bastante mejor que los desastres de 2016 en Lekeitio y Ondarroa, por ejemplo.

Ciclismo.

A pesar de todo, en la línea de otros años.

Subida 2012 2013 2018
Berio (2’) 380 350 345
Zuhatzu (3’) 360 350 366
Orio (15’) 328 316 323

Al final, 258w, 291wn y 160 ppm. Mejor que mi última participación en 2013 (que fue una cagada), casi igual que en 2012 donde mejor lo hice y exactamente igual que en mi último triatlón, en Colindres 2016. Contento.


Carrera a pie.

Constante. Lento, pero constante. No tenía fuerzas ni ritmo para más. Parcial 36 a 3.43. De los peores en mucho tiempo. Pero por lo menos corrí y remonté algo para terminar en el puesto 42º.

 

Quería saber donde estaba. Ahora ya lo sé. De aquí en adelante, a intentar mejorar.

Otra recaída. Herramientas para evitarlo. Training Peaks y pulso

Otra entrada más, segunda consecutiva que tenía que ser una crónica de mi vuelta al triatlón y que se ha convertido en un nuevo parte médico. De nuevo mi garganta, mi punto débil, o la señal de alarma que se activa cuando mi cuerpo detecta que algo no va bien.

De momento parece que la cosa no va a ir a más y se va a quedar en una inflamación sin infección pero que me ha obligado a levantar el pie, una vez más y renunciar a mi primera inscripción ya pagada de este año en Aritzaleku (y segunda carrera tras Senpere). De esta forma me planto en la primera semana de junio sin ponerme un dorsal en todo 2018.

Este año está siendo mucho más complicado de lo que pensaba. Podía pensar que iba a costarme más o menos volver a coger ritmo y fuerza en bici, velocidad corriendo, pero con lo que no contaba era con lo que me está costando encontrar un mínimo de consistencia entrenando.

Este año me he suscrito por primera al programa premium de Training Peaks para controlar las cargas de entrenamiento. Es un sistema que conozco desde 2008  pero que no me terminaba de convencer porque no controla todos los factores externos que afectan a la mayoría de triatletas no profesionales: estrés, fatiga laboral, problemas personales, insomnio, enfermedades, etc. Pero este año, consciente de que iba a tener todavía menos tiempo para entrenar, me dio por retomarlo. Ya no tenía tiempo para calcularme yo las cargas en Excel, así que me suscribí.

En un principio, me parecía que las cargas de entrenamiento en natación estaban infravaloradas. Puede que los umbrales estén mal definidos. No lo sé. Pero me parecía que las cargas de bici de dos o tres horas se puntuaban demasiado altas en comparación con entrenamientos cañeros en la piscina.

Pero la cuestión es que hice la temporada de invierno centrado en la natación sin ningún percance, y cuando he intentado llegar a los tres deportes, con mis 7-9 horas de entrenamiento semanales, no he sido capaz de asimilarlas.

No creo en las casualidades ni en la mala suerte. Todo tiene un motivo así que me he puesto a buscarlo.

En los últimos 3 meses he tenido 3 parones forzados, que han coincidido con el final de mi tercera semana de carga de cada mesociclo (3+1).

TP

26 de marzo ( 4 días de parón): dolor de piernas como el que tenía cuando tuve anemia en 2013 que soluciono tomando hierro.

25 de abril (6 días de parón): anginas + antibiótico.

28 de mayo: inflamación de las anginas.

Así que está claro que tal como estoy ahora, mi cuerpo no aguanta 3 semanas de carga, o traducido a los parámetros de carga de TP, no puedo tener un TSB inferior a -25.

De hecho, TP me ha avisado las tres veces, que probablemente necesitaba algún día de descanso… Pero por apurar demasiado, pues ha pasado lo que ha pasado.

Tampoco me gusta fijarme demasiado en un sólo parámetro, que como ya he dicho arriba, no tiene en cuenta otros factores muy muy importantes. Hay otros, pero hay que saber (o querer verlos. Por ejemplo: el pulso, últimamente tan subestimado.

El sábado pasado, antes de petar definitivamente, hice mi clásico 4×400 con 1’rec con el Predator MT con el que pretendía competir en Aritzaleku y que todavía no había probado en este test.  El ritmo salió relativamente bien para cómo estoy nadando, y no me vi mal, pero el pulso estaba por las nubes. Lo comparé con el mismo entrenamiento, realizado en marzo de este año con el Predator de 2015 y el resultado es más que claro:

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Un poco más lento con el Predator 2017 pero sobre todo, pero 5 ppm más. Justo al revés de lo que me salía en 2016: Análisis de neoprenos Orca 2017. En aquella entrada ya hablaba de lo que sube el pulso cuando estás enfermo, con antibióticos, etc.

Llegados a este punto, tengo que decir que estoy pasando por un momento bastante complicado de moral. Veo a algunos de mis compañeros como tiros (de lo que por supuesto me alegro) y yo cada vez que parece que “medio-llego”, termino volviendo al punto de partida.  Creo, o quiero creer, que ya estoy mentalizado de que este va a ser un año de transición donde no voy a poder estar ni de lejos a su altura, pero empiezo a tener dudas de ser capaz de llegar a todo, ni siquiera en las temporadas que vienen. Mis horas son las que son. Puedo intentar controlar más las cargas y las recuperaciones, pero no me gusta hacer las cosas a medias y a final de la temporada me replantearé lo que hago con mi vida deportiva.

Hasta entonces, este año, con cabeza, a tope y hasta donde llegue.

Pit stop.

Tenía una entrada preparada para publicar esta semana que se titulaba “arranque de la temporada 2018”. La escribí en el avión durante mi viaje de ida a ILA Berlin 2018 y ahí, no sé por qué, ponía ya: “si no pasa nada debutaré en Senpere”. Y como suele pasarme, pues algo ha pasado y casi nada de lo que escribí tiene mucha utilidad ahora mismo, gracias de nuevo, a mis amígdalas. Esta vez parece que hemos pillado a la bactería en cuestión a la primera y después de 4 días de antibióticos, el tema ya va mejor.

Creo que ya he aprendido dos cosas.
1) Siempre tengo problemas de anginas cuando tengo las defensas muy bajas bien por estrés, cansancio o problemas de otra índole que me debilitan mucho.
2) Tomando antibióticos NO se entrena. Como mucho se hace algo de ejercicio, pero ni se entrena ni mucho menos, se compite.

Tenía previsto zurrarme de lo lindo en Senpere con Javi Pérez como pareja, pero en estas condiciones no tiene ningún sentido, y más después de lo que aprendí hace dos años. Esa experiencia y estar un año sin poder correr han hecho que aflore en mí algo de sentido común, de ese que se pierde cuando te ves inmerso en la vorágine de las competiciones, de los resultados y del palmerismo de las RRSS y me guarde la bala para otra ocasión. Bastante retrasado voy ya en mi preparación como para, por las prisas, por volver a competir, volver a recaer y perder un mes. Mejor perder una semana que cuatro, seis u ocho como en 2016.
La temporada es muy larga. Si te mueves un poco, puedes estar compitiendo hasta octubre. A este deporte se le llama triatlón “de verano” y estamos más cerca del invierno que del verano.

Paciencia. Después de dos años esperando, no va a pasar nada por un mes más.

Campeonato de España Máster de Natación, Badajoz 2017. Análisis de diferencias de ritmo en piscina de 25 y 50m.

El pasado mes de julio tuve mi bautismo en competición en piscina de 50 m en el Campeonato de España Máster de Natación, celebrado en Badajoz. Ya intuía que la piscina de 50 no se me iba a dar muy bien, pero desde la primera carrera ya vi que las diferencias con respecto a mis marcas de piscina de 25 no eran las que esperaba y mucho menos las que pone en las tablas de conversión oficiales:

Fuente: http://www.lacorchera.com

800 m libres

Empecé el Campeonato el jueves con el 800 y un batacazo moral mayúsculo, al menos con un tiempo mucho mayor de lo esperado: 10’55” (10’18 en 25 + ¿15’70?= 10’33’). 10’18” era el tiempo que hice en Mallorca, pero hacía un mes había hecho un 1500 en 19’36, pasando el 800 en 10’19…

Total, que me tiré al agua (bastante más fría que en Vitoria (¿?)) , y en el paso del 200 tuve que dejar de intentar seguir a la cabeza (se supone que iban con marcas parecidas a la mía) porque si no, no llegaba. A partir de ahí, no me vi mal, ni con la sensación de dejarme nada como me pasó en Mallorca. Pero cuando al terminar vi el tiempo en el marcador electrónico no me lo podía creer. Penúltimo de mi serie, con 10’55”.

Esta “sorpresa”, la consiguiente comida de tarro durante todo el día y tras hablar con mi entrenadora, me obligó a  hacer un análisis de tiempos propios y ajenos para no venirme abajo desde el primer día e intentar entender lo que estaba pasando. Lo primero que pensé era  que los 7 días de piscina de la semana anterior no me habían ido bien a pesar de ser pocos metros, pero no me sentía cansado.

La comparación de tiempos respecto a los pasos en cada 100 de Mallorca era la siguiente:

Parece que empecé demasiado fuerte, (mis brazos ya lo avisaban), y cuando decidí levantar, la diferencia ya es más o menos de un 7% (unos 5seg/100!!). La diferencia se mantenía hasta el final, por lo que el cansancio no era un factor determinante.

De mis rivales/compañeros de grupo de edad, tenía la referencia de Bruno González y Alberto Pérez. A Bruno (extriatleta del SVC de antes de que empezara yo en el tri) le conozco del año pasado y también hemos coincidido un par de veces esta temporada. El año pasado me ganaba fácil en 800 y travesías, mientras que según se acortaba la distancia de la prueba yo me iba acercando. Sin embargo, este año le estaba ganando y en el 1500 de Santurtzi le saqué 58 segundos (casi 4 seg/100) .

A Alberto le conocí en Mallorca este invierno, donde me ganó en todas las pruebas por un segundo y está más centrado en travesías. No me volví muy loco mirando a más gente.

Después de ver sus tiempos, aquí ya empecé a pensar que Bruno era un fuera de serie en piscina de 50, y nada mejor en piscina de 25. (me lo confirmó él al día siguiente). Por su parte, Alberto me dijo que había entrenado poco… Joder, pero yo había llegado bien!

Ahora, algo más tranquilo, he ampliado el análisis al resto de gente de mi grupo, aunque ya menos en detalle. Como se puede ver en la siguiente tabla, tampoco es que esté tan lejos del resto. Salvo Aguado, el resto (incluso los de nivel más alto) están entre el 4 y el 7%, que más o menos es 3 y 5 segundos el 100. También creo que hay que tener en cuenta que la piscina de Son Hugo es un piscinón, y la de Badajoz no tanto… Además de que el agua estaba bastante fría y los dos primeros días andaba un vendaval bastante serio (aunque se va en los dos sentidos). Creo que en una buena piscina cubierta de 50, estas diferencias serían algo más bajas.

400 m libres

El viernes era el 400. Una prueba que se me da algo mejor, y donde en Sopelana bajé 3 segundos mi marca dejándola en 4’52”. Salí algo más controlado, llegué justito al final con lo sensación de haberlo dado todo pero cuando miré al marcador, el disgusto fue parecido al del 800: 5’12”02. Así que de nuevo a analizar.

Se puede ver cómo esta vez salí más controlado que en el 800, pero la diferencia sigue por encima del 5%, esta vez 5,6 que suponen 4,14 seg/100.

En los dientes de sierra de la curva de arriba se puede ver perfectamente en qué largos íbamos contracorriente y en cuáles teníamos el viento a favor.

¿Y comparando con el resto de gente? Pues analizando los tiempos de Bruno y Alberto, parece que me faltó algo de “punch” al final, pero por lo menos le gané al Alberto J . Creo que está mejor nadado que el 800.

Como se puede ver en la tabla, las diferencias en la gente de mi grupo vuelven a estar entre un 4 y un 7%, que suponen entre 2,5 y 5 segundos el 100. De nuevo estoy en la parte alta de la desviación, pero no soy el peor, y conseguí ganar (por poco) a Alberto y Castellano, que me ganaron fácil en Mallorca.

200 m libres

Como ya he dicho antes, estos análisis no las había hecho tan en detalle en Badajoz, pero sí había mirado lo suficiente como para ver por dónde iban los tiros. Así que con un poco más de moral, fui el sábado a por el 200m libre, en el que creía que mi rendimiento iba a caer menos.

Me la jugué y salí fuerte. Casi no llego, pero quería arriesgar y me salió “bien”. Repito análisis de nuevo:

Como se ve en la siguiente gráfica tabla, el perfil de la curva es completamente diferente al resto. Se me va un poco al final, pero los valores son más bajos que en el 800 y el 400.

Con respecto a Bruno y Alberto, de nuevo estoy entre los dos, un poco más cerca de Bruno, pero fui el único que hizo el último 50 más lento que el tercero.

Y con respecto al resto de fondistas de mi grupo de edad y algún velocista más que he tenido que añadir a la muestra porque no todos nadaron el 200:

Por lo que por primera vez en lo que iba de Campeonato, mi empeoramiento en la piscina de 50 no era peor que la media.

Vídeo del 200 para aligerar la lectura. Calle 1:

100 m libres

Para terminar, el domingo nadé el 100. Aquí ya se nada con velocistas, es la prueba que menos preparo (nada) y esto es otra historia. No tenía nada que perder y volví a arriesgar en el primer 50 viendo que el sábado había ido bien.

Por completar el análisis de forma análoga a las pruebas anteriores:

Resumen

De lo que se trataba en esta entrada era de:

  1. Hacer un repaso de mi participación en el Campeonato
  2. ver las diferencias entre mi rendimiento en piscina de 25 y 50 metros. Probablemente habría que ampliar el estudio a otras piscinas de 50m, porque como he mencionado antes, la de Badajoz y las condiciones que había no la hacían nada rápida, pero esto es lo que hay de momento.
    Para eliminar la variable de los posibles diferentes estados de forma, he metido en la comparación a varios compañeros (mejores que yo) y he promediado los resultados. Finalmente, comparo mis resultados con los del promedio. La tabla resumen sería la siguiente:

Se aprecia claramente cómo la diferencia entre las marcas de piscina de  25 y la piscina de 50 (insisto, la de Badajoz), aumenta al aumentar la distancia de la prueba, estabilizándose en el 400. En lo que a mí respecta, estoy por debajo del empeoramiento en el 100 y el 200, en la media en el 400 y peor en el 800. En líneas generales, creo que el balance global del Campeonato es positivo en cuanto a las marcas y muy positivo en lo que he aprendido.

No sé si volveré a competir en piscina de 50, ya que el verano que viene espero estar compitiendo en triatlones… Pero bueno, ahora ya sé a qué tablas tengo que hacer caso.

No siempre se puede mejorar

No siempre se puede mejorar y menos cuando las cosas no se preparan como Dios, y todos los libros de Triatlón y Preparación Física clásicos, mandan. Soy de los que opinan que compitiendo todos los fines de semana, es imposible sacar lo máximo de ti mismo. Creo en los picos de forma, en las puestas a punto,… Pero aun así, no sé si por el desconocimiento que tengo de la natación en competición, por las ganas que tenía de seguir mejorando competición tras competición, porque la natación es lo que único en lo que puedo competir y matar el dichoso gusanillo, o contagiado por esta corriente de “compite todo lo que puedas”, he participado en dos competiciones más de natación en máster en 400 m libres. Una en Santurtzi y la siguiente en Sopelana. En ninguna de las dos he conseguido mejorar mi mejor marca.

Y es lo más normal del mundo. Porque es imposible mejorar algo que has hecho en unas condiciones especiales, casi ideales, de descanso, motivación y sobre todo, puesta a punto específica para una cita en concreto, como fue el Campeonato de España de Mallorca. Pero bueno, se trata de aprender, tenía ganas de intentarlo y no salió bien, pero sigo aprendiendo. Tanto por lo dicho anteriormente sobre las planificaciones de cargas (y descargas) de entrenamiento, como por lo que es la prueba del 400 en sí.

En Santurtzi, en la que dicen es la piscina más rápida de Euskadi, me fié demasiado de mi referencia para esa prueba (Bruno) y al final me dio la sensación de que me quedaba algo. Total: 4’57”99. En el 100 sí estuve a punto de mejorar, pero me quedé a 14 centésimas.

En Sopelana, donde el año pasado, por las misma fechas yo creo que estaba nadando peor pero hice 4’56, hice 4’58”50. 3 segundos peor que mi MMP y 2 más que el año pasado. Esta vez nadé sin referencias, o mejor dicho con la referencia de Bustillo (mucho mejor nadador que yo) que nadó en negativo y me hizo un lío… Me dormí en el segundo 100, pasando a 2’26’8, y luego hice 2’31’7, lo mismo que en Mallorca, pero insuficiente.

El caso es que no mejoré. Me da rabia porque en realidad estoy nadando bien, probablemente mejor que nunca, pero con el grupo del Vibike estamos haciendo un montón de metros de ligero-medio en packs de 100 y 150s como preparación de los triatlones, sobre todo con palas, pero ese no es el ritmo del 400 y se nota.

El problema es que estamos a mediados de marzo, sigo sin ver luz al final del túnel, y todavía no sé si seré capaz de nadar en algún triatlón este año, o me quedaré con el Cpto de España de Natación de verano y las travesías, que tampoco es que me llenen demasiado… Si no fuera por los entrenamientos con el equipo y mis persecuciones de Ciro en los entrenamientos, creo que ya habría tirado la toalla, pero bueno… de momento seguimos. No sé hacia dónde, pero seguimos.

Campeonato de Álava de Natación Máster y futuro inmediato.

Este fin de semana se celebró el Campeonato de Álava de Natación de invierno en Mendizorrotza. Como el año pasado, se metieron algunas series Máster entre las pruebas de los federados. Sin embargo, la participación en categoría Máster fue paupérrima. No sé muy bien cuál es el motivo por el que, con la de triatletas que hay en Álava, sólo unos pocos (que se cuentan con los dedos de la mano y todavía me sobran bastantes) participamos en estas pruebas. Tengo algunas sospechas que igual van en otro post, pero ver series de dos participantes, o incluso de uno solo… transmite una sensación de pena enorme.

En lo que me toca, muy contento de nuevo porque sigo en racha y de nuevo mejoré mis marcas en las dos pruebas en las que participé (las dos únicas que había de libres): 100 y 50m.

En el 100, conseguí bajar casi un segundo el tiempo del 100 de Mallorca. Estaba bastante convencido de que podía hacerlo ya que sólo habían pasado dos semanas y en Mallorca, dos de los tres virajes fueron desastrosos. Me la jugué en el primer 50, en parte porque Iñigo Ezquerra (que sabía que era inalcanzable) pasó en 27,2 y quieras o no, siempre te picas y en el último viraje tuve que tomarme un pequeño respiro porque si no, no llegaba…

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El último 25 se me hizo eterno, pero por fin bajé la barrera de 1’04”.

En el 50 quería bajar de 29, pero no lo conseguí. Rocé la salida nula por moverme un poco en el poyete tras un flash que me desconcentró, coordiné mejor las respiraciones antes y después del viraje siguiendo las indicaciones de mi entrenadora Garazi Uribarri, y tras éste, di tres patadas de mariposa por primera vez en mi vida que no sé si me ayudaron o no…

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Pero al final me sobraron respiraciones. Por los pelos, pero otra MMP y contento porque mi tabla de resultados sigue con azul en la parte inferior.

Y hasta aquí las alegrías. La pubalgia me sigue dando guerra y estoy empezando a desesperame. Me quedan dos semanas para mi revisión con el traumatólogo tras las dos infiltraciones de plasma que creo que no van a servir para nada. Me da la impresión de que he mejorado mucho más soltando esa zona en el fisio que con los pinchazos.

Por otro lado, he seguido investigando y dando vueltas a la cabeza y tras visita a Calibix, nos dimos cuenta de que el sillín de la bicicleta de carretera estaba inclinado hacia mi lado derecho. No así el de la cabra, que siendo el mismo modelo y con más de 6 veces más kilómetros, sigue en su sitio.

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Por otro lado, tras diferentes conversaciones con Ioana Arbillaga y observaciones en casa de mi mecánica de pedalada, creo que el problema de rotación de la cadera derecha es especialmente perjudicial en la bicicleta. Además de hacerme plantillas nuevas para calle y también para cuando pueda correr,

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 he puesto unas cuñas sobre las calas para hacer que la rodilla no se meta tanto para adentro y hacer que el aductor de la pierna derecha trabaje un poco más, descargando el psoas.

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pero creo que primero tengo que conseguir que la zona se recupere completamente. De hecho, después de un par días de bicis esta semana, me noto la zona lesionada muy cargada y he decidido

1) aparcar la bici dos semanas hasta pasar la revisión

2) levantar el manillar en las dos cabras para reducir presión sobre el psoas (si no se puede, no se puede)

Ahora mismo ni me planteo poder participar en ninguna de las carreras que tenía en mente (Egües, Senpere Pamplona,..). Todo empieza a hacerse más duro ahora viendo a la gente empezar competir, metiéndose buenas kilometradas y yo con la cuenta de km a pie a 0 y la de bici bajo mínimos, pero hay que remediar esto como sea.

De momento, aprovecharé este parón para preparar las dos próximas jornadas de la Liga Norte de natación y en especial el 400, que es lo único que me está dando alguna satisfacción en este invierno.