San Silvestre 2019. 10º.

Como todos los años que puedo hacerlo, el 31 de diciembre corrí la San Silvestre de VItoria. Es sin lugar a dudas, mi carrera favorita. En casa, nocturna y explosiva. El circuito no es el más bonito de los últimos que se han probado (recuerdo uno por el casco viejo que fue increíble), pero sí es rápido, y con mucha gente animando salvo en el kilómetro inicial.
Para este año, el objetivo era intentar mejorar mi marca, conseguida (una vez más) en 2014 (3’18/km) Como el circuito no era exactamente igual por las obras (sólo unos metros menos), el objetivo era el ritmo marcado por el GPS. El segundo objetivo, que ya no dependía directamente de mí, era quedar de una vez entre los 10 primeros y conseguir salir en la clasificación oficial.

Después de la Media Maratón, tal como tenía previsto, levanté mucho el pie. Uno de los objetivos de la temporada, es no lesionarme y no ponerme enfermo: recuperar BIEN, es uno de los ingredientes claves y una de las principales diferencias entre los jóvenes y los no tan jóvenes. En este caso, la fatiga previa de la carrera y que estaba con Adrián esta semana hicieron el resto.

Si para la Media tuvimos un tiempo bastante bueno ( con excepción del viento de los últimos kilómetros), para la San Silvestre nos tocó una típica tarde vitoriana de diciembre a 0 grados. Decidí correr con pantalón corto, camiseta interior fina de manga larga y guantes finos. El problema no es el frío durante la carrera, si no los más de 15 minutos que tienes que estar esperando en la línea de salida para coger sitio si no eres atleta federado.

Se me quedaron fríos hasta los pies, pero en cuanto se dio la salida, todo eso se olvida (más o menos). Este año me coloqué algo mejor, pero aun así, en los primeros 100 metros estaba en el puesto 30 más o menos. Codo con codo con Elena Loyo, empezamos a remontar sin perder la cabeza, con esta nueva estrategia que estoy siguiendo de no morirme en los dos primeros kilómetros. De tal forma que el primer kilómetro lo paso en 3’14” en lugar de los 3’07” de años anteriores, pero progresando claramente y dando caza al grupo en el que va mucha gente de mi grupo de la Media. Llegamos al km2, (3’14”) ya con el grupo alcanzado y cojo un poco de aire. Me noto cómodo y paso a liderar el grupo con un chico que va con camiseta de tirantes (..). En el Paseo de la Música, decido volver a quedarme atrás. Ya sólo vamos 5 ó 6 en fila india.

Llegamos a Manuel Iradier, me vuelvo a crecer porque me acuerdo de que en 2016 fue ahí donde ya empecé a a flojear, veo que se nos va un poco el ritmo (3’2x”)y vuelvo a tirar. Intento aprovechar el impulso de las Vaporfly braceando mejor, como he hecho en las series de este otoño y parece que funciona. Me noto entero hasta que llega el final de la calle, con la cuesta de subida a la plaza de toros y llega el primer momento de debilidad. Por suerte, llega mi calle… Busco a mi familia en la penumbra de la calle. Veo a Adrián y Aimar con mi madre, pero esta vez no tengo ya fuerzas para ir a chocarles la mano…

Encaramos Los Herrán, que por algún motivo, supongo que la cercanía a Judizmendi, siempre es donde más veces oigo mi nombre. Ver a Susana me da el impulso definitivo. El grupo se estira y vuelvo a intentarlo. 3’11!!. Por delante veo a Abecia, que parece que ha petado y podemos llegar a cogerle. No tengo ni idea del puesto en el que vamos. Me ha parecido oir 7-8, pero no termino de pensar en eso.

Vamos en fila india, pero separados entre nosotros ya 4-5 metros que parecen insalvables. Subo Portal de Villarreal sin hundirme del todo. Ya sólo queda la calle Francia. Voy sufriendo de verdad, me estoy acercando a Gonzalez de Heredia, pero creo que no va a ser suficiente. Noto que ya no tengo ninguna fluidez corriendo y el efecto de las Vaporfly parece haber desaparecido. Uno de los chavales que iban en el grupo (yo ya no contaba con él) nos pega una pasada increíble y yo esprinto como puedo con la cabeza más torcida que Mancebo subiendo el Tourmalet hasta llegar a meta, donde una de las chicas de la organización, me pregunta mi nombre… porque he quedado 10º, y voy a salir en la clasificación… No lloro de la emoción porque tengo la cara completamente congelada… Pero es un día de los grandes: salgo en la clasificación de la San Silvestre!

Consigo mirar el reloj: 3’17/km. Doble objetivo cumplido. Mi carrera más rápida, mejorando la de 2014 y mucho mejor que la de 2017. (Strava está muy bien para estas cosas).

Va una de números…

Desde hace un tiempo estoy haciendo más caso a las métricas de carrera que da Garmin (entre la cinta HRM-Tri y el sensor de candencia del 935XT) y cosas muy interesantes. En realidad, la física de la carrera a pie es muy sencilla: para una cadencia constante, hay una relación lineal entre la velocidad y la zancada excel, y aunque menos clara, también la hay entre el tiempo de contacto con el suelo y la velocidad. Pongo aquí los ejemplos de 2017 (3’25″/km) y 2019 (3’17″/km).


Conclusión: si quieres ir más rápido o aumentas la cadencia o aumentas la longitud de la zancada. Yo soy partidario de la segunda, y en mi opinión, la única forma de conseguirlo es trabajando la técnica de carrera. Y al igual que ocurre con la natación, creo que es más eficaz, estar concentrado mientras corres, fijándote en lo que haces y cómo lo haces y trabajar la velocidad, que matarse a hacer ejercicios puros de técnica. Por otro lado, hacer cambios en la técnica de carrera creo que es más difícil si cabe que en la natación, por ser un movimiento que tenemos más interiorizado, pero hay pequeños detalles que pueden hacer algo de diferencia; y una diferencia de un 1 cm en la zancada, repetida un 174 veces en un minuto, son casi dos metros… Eso en 1km ,son unos 7 metros… En cualquier caso, como siempre, lo que se mide se puede mejorar, así que al igual que hice con los análisis de las NIke, me estoy fijando algo más en las metricas de carrera. De momento, sin intentar cambiar nada. Sólo entenderlas.

Media Maratón Vitoria 2019.

5 años después de mi última Media Maratón (sólo he corrido esta distancia en Vitoria), volví a apuntarme a esta carrera con el objetivo principal de volver entrenar en otoño la carrera a pie con un poco de fundamento y volver a sentirme bien corriendo en los triatlones en verano. No obstante, visto cómo fueron las dos primeras carreras de la temporada en Tolosa y Donosti, me veía capaz de mejorar mi marca en esta distancia. (1h15’45 en 2012 o 1h15’28 oficial en 2014( 1h15’46 en mi reloj¿?).

Bueno, la idea era bajar de 1h15. Pero entonces, empiezas a hacer los cálculos y ves que eso sale a correr por debajo de 3’33/km…. durante 21 km. Revisas tus entrenamientos, tus series,… y dices, “vale, con todo el rollo de las Nike me he hinchado a hacer series, pero 21 km…”. Los ritmos de las series eran:

Son series mejores que las de años anteriores, sobre todo por el número de repeticiones sin que caiga el ritmo. Pero cuando he hecho series más largas, de 3k, 10-12 minutos dentro de rodajes, o sea, sin parar a recuperar/cambiarme de zapatillas, me ha costado bajar de 3’35.  También ha coincidido que la mayor parte de estas series han sido las últimas semanas, en las que se ha reproducido mis molestias en glúteo medio, cabeza de fémur, tensor de la fascia lata.. un batiburrillo serio en la cadera derecha (la de la pubalgia), que quieras que no, molesta y algo limita.

La semana del puente de diciembre, que tenía que ser la de entrenamientos de coger confianza, la pasé en Salou. Sólo corrí dos días, y no pude hacerlos bien… o más bien, los acorté bastante por precaución (y que no me parece muy lógico correr con dolor). Pero sí me di cuenta, de varias cosas:

-al igual que en primavera, el dolor bien por un tema postural con el calzado de día.

-corriendo rápido me duele menos que corriendo despacio.

-pasarme el churro, rulo o como se llame, me alivia mucho.

Total, que con algo menos de entrenamiento de lo que me hubiera gustado en las últimas semanas (una media de 2 horas de carrera desde septiembre hasta la carrera), sesiones extras de fisio en Igaro y muchas dudas de poder terminar en condiciones, me presenté el domingo.

Correr una Media Maratón en Vitoria en diciembre, implica estar mirando la app de Aemet de forma más compulsiva de lo habitual. La previsión final era de viento fuerte del SO, (menos que los 90 km/h de la víspera) unos 10 grados de temperatura y sin lluvia. Esto implica en mi caso: camiseta de tirantes de compresión por debajo de la del equipo, no obsesionarse con los tiempos por kilómetro y buscar un buen grupo.

Respecto al calzado que supongo que es lo que más interesa a los lectores del blog tras este otoño, al final terminé comprándome las Vaporfly 4% en el Black Friday a unos 140€. Les hice 4 km en la cinta del gimnasio, y 17 (demasiados) el domingo anterior antes de la carrera. Creo que llevando plantillas, les tenía que haber hecho un par de entrenamientos más de 8-10 km.

Respecto a la nutrición, soy bastante simple en este aspecto: arroz integral con un poco de crema de cacahuete para desayunar 3 horas antes de la carrera y un gel de 226ers con 160 mg de cafeína y algo de agua 30 minutos antes del inicio para ayudar a digerirlo. No suelo tomar geles corriendo para evitar problemas de flato. Por no tomar, no cojo ni agua en los avituallamientos salvo excepciones. Había pensado llevar alguna capsula de cafeína, pero no había probado a tragar una cápsula en carrera, así que tras hacer caso a Rober Albir, lo dejé.

Por último, para mejorar la circulación en la zona de la cadera, me apliqué un par de veces la crema calentadora con la esperanza de que se activara antes de llegar a la ducha.

Me coloqué en primera fila del grupo de dorsales amarillos e inmediatamente detrás de los buenos. Como siempre, bastantes triatletas, pero muchos inalcanzables. Así que voy buscando cuál puede ser mi sitio en carrera.

Foto: El Correo

Se da la salida y salimos en manada. Los dos primeros kilómetros son cuesta abajo y con el viento de culo, así que sin miedo, pero sin volverse loco. Después de unos años, parece que la gente ya se ha dado cuenta de que el paso corto de la primera rotonda es por la izquierda (:)), y todos por ahí.

Al llegar a la estatua de Fray Francisco, lo veo claro. Se forma un GRUPO de unos 20, en el que están Alberto Bravo, Iñigo González de Heredia, Iñigo Urtarán, Julen Diez, Alberto Díaz… Gente muy buena, con mucha experiencia y en el que parece que de momento voy cómodo.

En el km 4 ya estamos estabilizados en 3’28”-3″30/km. Es algo más rápido de lo que había pensado inicialmente, pero me encuentro muy bien, llevo el pulso por debajo de 170 ppm (me había marcado un límite de 173 ppm) miro hacia atrás y no veo un grupo tan grande, así que decido ponerme a cola del grupo y mantenerme ahí.

De aquí en adelante, la carrera no tiene mucha historia. Gente que se va yendo hacia adelante y gente que va cayendo poco a poco. Yo sigo atrás, haciendo algún esfuerzo extra de vez en cuando para cerrar los huecos que se producen cuando alguien se corta y cede.

Foto: El Correo

La sensación que tengo es que no me cuesta muchísimo, pero tampoco estoy como para irme hacia adelante. Cada vez que veo a Ibon en la Avenida me dice que voy bien, que aguante ahí y eso es lo que hago.

Hasta puedo saludar en el km 13 🙂


En el último paso por la avenida km 15 nos hemos quedado Julen Diez, Julen Basterretxea, Iñigo Urtaran, un chaval del Arabatri y yo. El viento empieza a subir, o esa sensación me da, y toca aire de cara. Veo que llevamos una media de 3’29/km. Con eso vamos a 1h13…

Pero el último kilómetro se nos ha ido a 3’37, por lo que decido que es momento de cambiar un poco y pasar a tirar. Bueno, pues sí, paso a tirar, pero lo que no consigo es cambiar de ritmo…. O al menos, no vamos más rápido. Cuando giramos en Portal de Castilla, el viento todavía pega más fuerte. No veo el momento de meternos en Ariznavarra para ver si nos resguardamos un poco… Algo, sí. Pero parece que estoy ralentizando el grupo en lugar de acelerar y Urtaran pasa a tirar, así que decido volver a cola del grupito e intentar recuperarme de la tontería que acabo de hacer.

Vuelvo a plantearme un último cambio un poco más tarde, ¿km19?, al paso por Ajuria Enea, pero al pasar por Corazonistas, el viento es tan fuerte que ya se nos acaba la acera para resguardarnos, hay que esquivar contenedores volcados por el viento, ramas y creo que termina de minarnos a todos. El ritmo sigue más cerca de 3’40 que de 3’30 y aunque no estoy asfixiado, tampoco es que tenga un dolor brutal de piernas, pero no tengo más. Por lo menos, veo que no he reventado más que los demás como en 2014. Se descuelga el chico del Arabatri, Julen Basterrechea, Julen Díez tira un poco para adelante y yo me mantengo con Urtaran. Encaramos la recta de meta final en 1h14’05..

Pienso que puedo bajar de 1h14’30.. Pero ni tengo fuerzas, ni noto una motivación brutal para morirme intentándolo, ni me hace gracia esprintar a gente que ha tirado de mi toda la carrera cuando no me juego nada, así que creo que más entero que otras veces (que no quiere decir que entre entero),  termino en 1h14’35”, consiguiendo mi mejor marca en esta distancia.

 

Aunque los circuitos de 2014 y 2019 no son iguales pongo la comparación de ambas carreras.

Por un lado, se ve que el pulso es unas 5 ppm menor que en 2014. No sé si serán los 5 años de diferencia, las Nike o el ir menos sofocado, pero ahí están.

Por otro lado, es curioso que la caída del ritmo es prácticamente igual a partir del km 15. Pero como he dicho antes, mientras en 2014 fue una petada muscular en toda regla, este año sinceramente, creo que fue provocado por el viento, y creo que no hay más que ver la caída de ritmo de casi todos los participantes en Strava.

Conclusión: creo que tengo que estar, y estoy, muy contento. Como llevo diciendo desde hace unas entradas, “he vuelto” y al menos corriendo, mejor que antes, aunque si le quitamos los 3″/km a las Nike, tampoco es que sea una mejora brutal. Pero por una cosa u otra, sólo por el hecho de volver a estar ahí, creo que es para estar muy contento.

Respecto a la marca, pues he clavado mi previsión optimista, así que estoy contento también, pero visto el circuito y el viento de los últimos kilómetros, me queda el regustillo de poder haberlo rebajado algo más. Pero bueno, lo de la autoexigencia… Que está bien tenerla, pero no hay que obsesionarse. La temporada acaba de empezar.