Crónica Memorial Onditz 2018. El retorno. 42º.

El domingo pasado, por fin me volví a poner un dorsal en un triatlón. Se dice pronto, pero después de un año entero sin poder correr y otro de “rehabilitación” donde no he tenido más que paradas y arranques sin ninguna continuidad lo veo como un éxito. Tras decidir no ir a Senpere la semana previa a esa carrera y no participar en Aritzaleku la misma víspera, estar en la salida era el objetivo principal.

Iba razonablemente bien, con tandas de 400 en piscina de 50 a 1’21-1’22 con neopreno(s) a menos de  145 ppm, algunas series buenas en bici hasta que alguien cruzó una manguera en Ozaeta a las 8:15 de la mañana del domingo en mitad de mi segunda serie a 260w y no pude ni frenar ni pasarla y salí volando aterrizando con el costado derecho. Aún así, me levanté y completé las 5 series previstas a esos watios.

Me faltaba confianza ( y bastante más) en la carrera a pie así que el martes, hice otra buena bomberada, que fue salir a coger confianza en series de 2k a 3’35-3’40.. A 33 grados y sin beber en toda la mañana. Eso no podía salir bien y no salió bien. Volví a la oficina arrastrándome a 5’30 / andando y una flojera de pelotas. Una imagen de lo que está siendo este año, intentarlo de cualquier manera, pero hay veces que es mejor no hacerlo, que hacerlo mal.

Total, que a pesar de que el sábado estaba bastante cansado, el domingo me encontraba bien a pesar del madrugón y de dormir fatal y fuimos a Donosti.

Como me esperaba, una vez allí me tranquilicé un poco. A pesar de todo el tiempo pasado sin verme en una situación así y de 5 años sin correr en Donosti, todo allí me resulta familiar y me encuentro muy a gusto. Saludos a conocidos, conversaciones con los compañeros de equipo (algunos de los cuales no conozco, cosas de entrenar siempre sólo) y al agua a calentar.

Me tomo un gel de 226ers con 100mg de cafeína para activarme un poco, dejo otro sin cafeína para correr junto a las zapatillas y me meto al agua. Noto bien el 3.8 (que tras tropecientas pruebas ha sido el escogido para competir) , pero sigo notándome perezoso.

Hago un simulacro de entrada con delfines y me retiro para intentar coger sitio. Esta decisión que casi siempre hago mal y que define muchas cosas en las carreras. Me pongo al lado de Haritz Garate. Creo que debería ser capaz de aguantarle a pies, pero también sé que no suele ser fácil encontrar los pies que quieres para cuando llegas al agua. A la derecha tengo a Castro y a los australianos.

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A partir de ahí, mantener la calma sin dormirme y que no se me pongan delante.

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Se da la salida, creo que reacciono bien, pero tras un par de codazos en la carrera hasta la playa, llego (otra vez!!) en cuarta fila al agua. Blandito. Muy blandito. No era lo previsto, pero no le doy más vueltas. Ni delfines ni leches y empiezo a nadar. A pesar de que creo que voy fuerte no consigo enganchar pies por delante y de vez en cuando me pasan por los lados. Me desanimo un poco, pero intento mantener la orientación, veo la boya perfectamente, y no perder la calma. Me da la impresión de que llevo bastante gente por delante, pero no tanta como para venirme abajo. Espero al giro y a partir de ahí a mantenerme. Como siempre, todo se estabiliza ahí y me noto más cómodo. Intento no perder la concentración y nadar bien sin perder pies. Vamos un grupo grande (todavía no sé con quién) y hay que estar fino en la transición.

Me pongo de pie. La gente empieza a quitarse el neopreno en cuanto se incorpora. Yo tengo la bici a un minuto corriendo, así que ni lo intento. Sólo mantenerme de pie y empezar a correr cuanto antes. Aún así, me adelantan Kareaga y Fuentes. Bueno, creo que tendría que haber estado más adelante en condiciones normales, pero no es para nada mal grupo, así que de nuevo, concentración. Corro por mi pasillo (por un momento me entran dudas de no haberla cagado, y después de no haberme pasado) hasta que por fin llego a mi bici. Me pongo el casco mientras me quito el neopreno con los pies, cojo la bici y salgo detrás de Kareaga. Vamos a hacer el salto de rana cuando un chico de Lekeitio falla y se cae en la mitad de la carretera. Kareaga le esquiva, pero yo estoy más lento y no salto hasta que no se reincorpora. Acierto bien con las zapatillas, pero con muy poca inercia. 5 segundos perdidos y adiós grupo. Me quedo sólo y a pesar de ir fuerte ( 3 minutos a 320w y 170 ppm) cada vez se me van más, así que me limito a mantener un ritmo constante, ver si no se entienden por delante, o llega alguien por detrás.

Subo Berio a 345w, y no se produce ninguna de las dos cosas.

En la subida de Zuhatzu (366w), por fin viene por detrás un grupo bueno con Illaramendi, Ugarte, Gondra, Loizaga… Doy todo lo que tengo para enganchar y no quedarme. Bajo a unos 10m porque no me acuerdo si había badenes o no, sabiendo que en Añorga tengo algo de margen para recuperar. A partir de ahí, lo de todos los años. Empezar a colaborar en los relevos e intentar que todo el mundo pase. Cuando vas en el puesto 50 no tiene mucho sentido andar regateando. Hay que ir hacia adelante como se pueda y la colaboración en este caso es más o menos buena.

Comienza la subida desde Orio e Illaramendi, Ugarte, creo que Loizaga  y otro chico salen más fuerte. Intento seguirles, pero veo 450w durante varios segundos y decido seguir a mi ritmo. Hacia mitad de la subida me recogen un Gondra, Arrieta y un TKronos que habían iniciado la subida algo más despacio y hacemos la ascensión hasta arriba juntos a unos 325w.

En la parte de arriba paso algún relevo por vergüenza y cuando empieza la bajada de tramo de peor asfalto , me acuerdo de que Iñaki Moya me ha dicho que está bastante mal, no hay nada de visibilidad y no arriesgo. Una vez llegado a Igeldo aprieto un poco más, cojo a Arrieta y a un grupo de chicas con Itsaso Leunda y Amaia Ostoloza. Adelanto como puedo y empiezo el tramo de las curvas peligrosas. Me lo tomo con calma. Tanta, que las chicas me piden paso a gritos (unas con más educación que otras) en medio de la trazada de la herradura. Ya en Ondarreta las vuelvo a adelantar y disfruto del último tramo en solitario. El día es espectacular, está lleno de gente y podría ser un día perfecto para una remontada a pie como las que hacía antes… Pero ya sé que eso no va a ser posible. En cuanto me bajo de la bici confirmo que mis piernas están tocaditas y no voy fino.

Pongo la bici girándola delante de mi juez favorito ;), me pongo los calcetines con calma, el dorsal, cojo el gel de mango y salgo. Hace mucho calor, así que importante coger todo el agua que se pueda y encontrar un ritmo sostenible.

Miro el 935 (qué diferencia para correr con el 920) y veo 3’45. Bueno, ni tan mal. Creo que ahí voy a poder aguantar. Pero tengo más claro todavía que de ahí no voy a poder bajar con la pesadez de patas que llevo, así que una vez más, concentración, fijarme mini-objetivos y no petar.

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En el último kilómetro, intento cambiar un poco de ritmo. Creo que me queda algo. No he sentido esa sensación de agonía que llevas cuando vas al límite (aeróbico?), pero sentía que no tenía fuerzas para ir más rápido. Así que arriesgo un poco y cambio.. .Tampoco demasiado, pero por lo menos para demostrarme que puedo hacer el último kilómetro por debajo de 3:40.

Llego a meta. Me corto bastante y no hay celebraciones de ningún tipo. No sé si la fatiga, el entorno ñoñostiarra, o no estar del todo a gusto con la carrera, pero entro como si fuera una carrera más.  Me siento más liberado que contento por ver que soy capaz de competir. Ha sido más un “por fin”, que un “qué bien”… Espero que a partir de ahora todo salga con más fluidez.

Análisis:

Por parciales.

Natación.

Puesto 64. Me sale a 1’26″/100 según el GPS. Mal puesto, a la cola del primer pelotón grande, pero uno de mis mejores ritmos en competición. O sea, que sigo sin sacar lo que creo que tengo, pero es bastante mejor que los desastres de 2016 en Lekeitio y Ondarroa, por ejemplo.

Ciclismo.

A pesar de todo, en la línea de otros años.

Subida 2012 2013 2018
Berio (2’) 380 350 345
Zuhatzu (3’) 360 350 366
Orio (15’) 328 316 323

Al final, 258w, 291wn y 160 ppm. Mejor que mi última participación en 2013 (que fue una cagada), casi igual que en 2012 donde mejor lo hice y exactamente igual que en mi último triatlón, en Colindres 2016. Contento.


Carrera a pie.

Constante. Lento, pero constante. No tenía fuerzas ni ritmo para más. Parcial 36 a 3.43. De los peores en mucho tiempo. Pero por lo menos corrí y remonté algo para terminar en el puesto 42º.

 

Quería saber donde estaba. Ahora ya lo sé. De aquí en adelante, a intentar mejorar.

Triatlón olímpico Donosti. Onditz 2012. Crónica.

La estrategia principal del fin de semana, era minimizar los riesgos de que algo saliese mal al máximo posible. Así que optamos por hacer las cosas bien, con calma y de forma más o menos metódica.

El sábado por la tarde, ya estábamos en Donosti, donde hicimos la bajada de Igeldo y los 5 primeros y ratoneros kilómetros en coche. Con Haritz como guía y referencia (la siguiente vez tengo que llevar lápiz y papel porque la información me desbordó) reconocimos el terreno (muy bien!) y nos fuimos a casa a ver el fútbol, cenar y dormir.

A las 6.45 arriba, desayuno de siempre, ducha y cumplimos el primer objetivo del día, que es pasar el control de material nada más abrirse y quitarnos el estrés de la cola de 600 tíos.

Al colgar la bici de la barra, se me ocurre echar un ojo al freno trasero que me “ajustaron” en una conocida tienda del barrio de Judizmendi (a la que ahora ya sí que sí, no pienso volver en mi vida). El ajuste me lo cobraron, pero a pesar de que les dije que eso no estaba bien, me dijeron que después de tres días allí, tenían que cambiar los muelles¿? así que me la llevé tal cual. Bueno, 40 minutos con Alberto y Solis, apretando y desapretando, intentando encontrar una posición donde la rueda no rozara con una de las inmóviles pastillas de freno. Sin éxito. (Mal. Tenía que haberla llevado antes a Vibike y un problema menos). El roce no era demasiado grande, así que opté por dejarlo así.

Total, que casi llego a la arena de los últimos.Y de repente se da la salida de las chicas, que yo pensaba que era a las 9.30, pero han adelantado todas las salidas 15 minutos. Así que ya no hay tiempo de calentar. O caliento o cojo sitio. Me tiro al agua rápido y hago unos 200 metros en la zona en la que todavía se hace pie con facilidad y me voy rápido a la línea de salida.
En el centro. Ni gallos, ni nada. En el centro. Vigilo al juez que lleva en la mano la bocina como si llevara el Santo Grial y ya no le pierdo de vista. Haritz y Kepin están detrás de mi raja que te raja. Les digo: “al loro”… Siguen hablando. “al loro”… “que os den”… Sigo mirando al juez. Llega a la esquina… Y de repente salen los de esa esquina. No oigo ni bocina ni nada. Sólo corro. Miro de reojillo cual delantero al juez de línea cuando sabe que ha arrancado en posición dudosa, pero sé que eso ya no hay quien lo pare y llego al agua el primero de mi zona, creo que destacado. Bien, otro objetivo cumplido.

Cuando empiezo a valorar dónde me tengo que tirar, me caigo. Bueno, ya no hay que pensar. Ya estoy dentro, así que me pongo a nadar, aunque no cubre ni 40 cm… a mi lado llega gente que todavía está de pie y me adelanta. Así que de nuevo de pie. Dos pasos y a nadar. A todo lo que da mi cuerpo. Ya habrá tiempo para descansar. Veo a mi derecha un tío metiendo pies como un loco. Vale, pues yo, también. Pasado un tiempo que se me hace eterno, veo que eso ya es definitivamente insostenible, y aflojo un poco para situarme y recuperar la respiración. Tengo dos avanzadillas por los flancos,  camino libre por delante y la boya perfectamente enfilada. Pues nada, a seguir así.
Llega la primera boya. Me abro ligeramente, y ni un golpe. Así da gusto. A partir de ahí, a seguir la hilera. Vamos en fila de dos o tres. Bien rectos y todos al mismo ritmo, así que ya no es momento ni de intentar acelerar, ni cambiar, ni nada. Intentar relajarme pero sin perder la concentración. Entonces distingo a Bizkarra justo a mi lado derecho. Bueno, pues estamos justo en el sitio previsto y deseado. Así hasta el final. Intento ponerme de pie lo más tarde posible y a correr.

Gorka me ve y me dice que intente seguirle en bici. Ya, si eso ya lo sé… otra cosa es que pueda.. Nos cantan el puesto 40 (luego sería el 50), que está pero que muy bien, teniendo en cuenta los desastres de esta temporada en nataciones cortas, y que en 2010 (mi último olímpico) salí el 99…

Encuentro mi bici a la primera. Me quito el traje en un tiempo normal y otra vez se me enreda el dorsal. Me cuesta lo suyo ponérmelo, pero arranco. Tengo todos los boxes para correr con la bici en la mano, lo que aprovecho para ver a quiénes he conseguido sacar algo de tiempo en el agua.
Salto de la rana y Bizkarra que ya se me ha escapado. Bueno, que no cunda el pánico. Hay mucho tiempo y ciclistas de sobra por detrás, para intentar hacer algo. Salir delante permite tirar de estrategia, y si mi habilidad no ha funcionado, intentaremos que lo haga la cabeza. De momento, tiro, para ir cogiendo un poco de ritmo. Enseguida, empiezo a mirar hacia atrás. Llega Etor. Bien. Pues aquí hay que quedarse. Nos vamos relevando hasta llegar a Berio. Empieza la fiesta, yo todavía no tengo las piernas en su sitio, y Etor y otro se me escapan. Nos quedamos dos o tres. Bueno, a ritmo. Bajamos hacia Zuatzu (menos mal que lo vimos el sábado) y empiezan los giros de 90º. Vamos recogiendo gente y para cuando termina la última ratonera y salimos a la N-I estamos unos 10.
Éste es otro de los momentos claves de la carrera. Si nos ponemos de acuerdo, aunque no seamos grandes ciclistas (parece que ninguno destaca sobre los demás), podemos recortar si los de delante no se entienden. Nos cuesta dos o tres relevos, en los que sólo pasamos tres, y algún gesto para que que al final lo consigamos. Vamos realmente rápido, sin que el esfuerzo sea demasiado grande y cogemos a un grupo de unos diez. Según nos vamos acercando me pongo delante y distingo a Goñi, Bizkarra (que le veo que lleva un mosqueo de 3 pares), Astigarraga, Etor… Bueno, por fin. La situación de carrera que llevaba años buscando. Se ve que no estaban pasando y cuando llegamos nosotros tampoco lo hacen. Doy un par de relevos y como veo que ya no hay nada que hacer ahí, me voy para atrás, cuando de repente llega el grupo tirado por Solis.. Pues nada. Nos hemos juntado 30 en un momento. Demasiada gente para un carril sin arcén, así que en cuanto veo un hueco, remonto y me voy para adelante y evitar riesgos. Mientras maniobraba se han escapado Bizkarra y Regillaga.. Tampoco sé si hubiera podido seguirles, pero bueno. Antes de que me dé cuenta, veo que llega el cruce hacia el camping y entro el primero en la curva. Bien.
Enseguida pasa Astigarraga.. y unos cuantos detrás. Demasiado para mí. 350w no son suficientes para salir tras ellos.

El grupo se fracciona y se van unos 8 hacia adelante y atrás vamos los más diesel: Etor, Sarasola, Ilazki Zalakain y Bernaola. Tira sobre todo Etor y yo hago lo que puedo. A ese ritmo no creo que perdamos demasiado. Pasamos la curva de herradura, y me acuerdo de que hay que seguir apretando. Más concentración: empieza la bajada. Intento recordar las curvas en las que sí había que frenar y en las que no, pero en la primera ya pierdo la cuenta y se me escapan un poco. Tampoco estoy bajando mal (al menos eso creo) y ya no voy a perder mucho. Cuando de repente, Solís me pasa por el exterior como un misil (algún día vas a acabar tirándome!!), me asusto, y entonces me pasan otros 15. Bueno, que es igual. Quedan 2 km a la T2. Si aprieto un poco en el llano les recorto y queda mi sector. Así que la parte del Rekondo la hago todavía con más cuidado y por fin llegamos al llano. Un par de arreones sin volverme loco, y llegamos a la altura del todotodo, donde empiezo a oir mi nombre: no me ha pasado nada, estoy “delante” y ha salido todo según lo previsto. Estoy a punto de echarme a llorar…
Me bajo de la bici en plan cutre (cada vez veo que es más seguro y rápido) , dejo la bici, me pongo los calcetines Goka que dieron en Lekeitio y probé el martes, cojo mis dos geles de 226ers, T6, Garmin y a correr.
Antes del túnel de Ondarreta ya he adelantado a casi todos los de la bajada de Igeldo. Llevo buen ritmo pero ya veo que tampoco es para tirar cohetes. Lo de correr con los geles en la mano no me acaba de gustar, así que no sigo las instrucciones del fabricante (y me tomo el primero sin agua…) Error gordo. El otro, me lo meto en el tirante del mono.. A partir de aquí, dureza mental, concentración, intentar bracear y estirar zancada.

Voy pasando gente, ahora ya más despacio, y también me doblan. Eneko con Godoy (joe, pero si sólo me llevan una vuelta calculo que me llevan unos 10-12 minutos, así que muy bien), un australiano, Reig.. Bueno, a lo mío. Adelanto a las australianas, lo que hace que lleve a la bicicleta de la primera chica tocando el silbato detrás de mí durante un rato y me pone un poco nervioso. Cada paso por meta es una gozada: En dos o tres puntos hay mucha gente que me conoce y da gusto pasar, como todos los años. En la tercera vuelta por fin paso a Corroto, que me llevaba 10 metros desde hacía 6 km. Ya al pasar por última vez en el túnel, en el km 9, sin saber muy bien por qué, me entra un dolor de flato horrible. Hacia un montón de años que no me pasaba. Reduzco un poco (bastante) el ritmo para ver si se pasa, pero sin parar del todo…  me cruzo con Haritz, que me dice que tengo que luchar hasta el final.. Ya, pero necesito que se me pase el dolor. Son unos 200-300m, que se me hacen eternos, pero más o menos al pasar por debajo del que fue mi piso de estudiante, se me pasa y vuelvo a apretar, sin perder más puestos.

Recta de meta, mirada para atrás, Corroto que no me alcanza y dedicatoria para mi bro..que ha sabido tocar las teclas que hacían falta en mi cabeza.

Por fin, la carrera que estaba buscando y en uno de los sitios más especiales para mí.