Carrera de los Paseos y varios.

No corría una carrera popular a ritmo de competición desde diciembre de 2017. Si miro un poco más atrás, desde agosto de 2016, dejando aparte la natación, he participado en 2 carreras populares y 1 triatlón olímpico.

Así que cuando me apunté a la Carrera de los Paseos de Vitoria, mi casa, empezaron a aflorar los nervios que no he tenido en tanto tiempo. Todos de golpe. Habrá mucha gente que no lo entienda, pero la verdad es que me da bastante igual.

Dicho esto, creo que la ocasión merece una pequeña crónica y sobre todo su análisis.

Nervios. No sé muy bien por qué. Nunca se sabe. Pero los tenía. Sólo 6 km, correr, sin agua, ni golpes, ni riesgo de caídas como en un triatlón. Pero nervios. Tenía unas ganas terribles (ansiedad?) de que llegara la dichosa carrera y salir a correr. A tope. Como me gusta.

Llevo entrenando desde agosto, pero principalmente desde mediados de enero de forma bastante “consistente”. Todo un logro.

Sólo dos semanas bastante complicadas de trabajo en noviembre, un esguince de tobillo en diciembre y una semana de gripe en enero como mayores inconvenientes.

Un promedio de unas 6 horas y media a la semana, con las últimas 10-12 semanas muy cerca de esta media de forma constante.

Por deportes, nadando no llego a los 8000m del año pasado, pero los estoy repartiendo en 4 días. Lunes y miércoles hago sólo unos 1300-1500 mientras Adrián está en el cursillo, normalmente a buena intensidad, y completo con dos días de unos 2500 a las 7 de la mañana con un café con leche, avena y Kweeks de 226ers.

En bici, mucho rodillo (para lo que soy yo). Uno o dos días a las 6:30 de la mañana (de nuevo sólo con el café). En carretera, intentar apurar los viernes por la tarde para salir aunque suelo estar reventado, pero no me queda más remedio teniendo en cuenta que un finde de cada dos no salgo. Las salidas largas, son de 2,5 horas.

 

 

Y corriendo, como siempre, mi habitual inconstancia con la que llego por lo pelos a la hora por semana.

 

 

Con lo que estoy más o menos como siempre, cuando estaba sano. Un buen estado de forma general, que con algunos entrenamientos de calidad corriendo, series y cuestas (prestando mucha atención a la técnica), me dan para poder aguantar en distancias cortas.

 

Volviendo a la carrera, no tuvo mucha historia. Con esta imagen (foto de la salida), ya tenía suficiente. De nuevo en la salida.

A tope desde el principio, con Urko y Rendo que nos sacan 30 metros en 100 al resto, y aguantar como pude a los Alimco, hasta que en el km 2,5 fui cediendo poco a poco. Extrañamente, el pulso no me pasó de 175 ppm, cuando las sensación era de asfixia y agonía absoluta y dos semanas más tarde, en Muro (Baleares), llegué a 186 ppm…

Respecto  al ritmo de carrera:  un poco mosqueado también durante la carrera, porque algo raro me hizo el Garmin y me marcó parciales bastante lentos. Tras analizar el track en Google Earth, vi que había “pasado por encima de algunos edificios”, y tras rehacerlo, me salen 6,14 km, algo menos que los 6,2 oficiales,

Como se ve en la tabla, Urko y Ander en otra liga, y yo bastante cerca de lo más rápido que he corrido nunca…. Así que muy contento.


Ahora al Campeonato de España de Fondo de Natación Máster, que se celebra en casa y en el que participaré como único alavés (manda huevos) en las pruebas de 1500 y 800m. A ver si la piscina de 50m se me atraganta un poquito menos que en Badajoz 2017.

Otra recaída. Herramientas para evitarlo. Training Peaks y pulso

Otra entrada más, segunda consecutiva que tenía que ser una crónica de mi vuelta al triatlón y que se ha convertido en un nuevo parte médico. De nuevo mi garganta, mi punto débil, o la señal de alarma que se activa cuando mi cuerpo detecta que algo no va bien.

De momento parece que la cosa no va a ir a más y se va a quedar en una inflamación sin infección pero que me ha obligado a levantar el pie, una vez más y renunciar a mi primera inscripción ya pagada de este año en Aritzaleku (y segunda carrera tras Senpere). De esta forma me planto en la primera semana de junio sin ponerme un dorsal en todo 2018.

Este año está siendo mucho más complicado de lo que pensaba. Podía pensar que iba a costarme más o menos volver a coger ritmo y fuerza en bici, velocidad corriendo, pero con lo que no contaba era con lo que me está costando encontrar un mínimo de consistencia entrenando.

Este año me he suscrito por primera al programa premium de Training Peaks para controlar las cargas de entrenamiento. Es un sistema que conozco desde 2008  pero que no me terminaba de convencer porque no controla todos los factores externos que afectan a la mayoría de triatletas no profesionales: estrés, fatiga laboral, problemas personales, insomnio, enfermedades, etc. Pero este año, consciente de que iba a tener todavía menos tiempo para entrenar, me dio por retomarlo. Ya no tenía tiempo para calcularme yo las cargas en Excel, así que me suscribí.

En un principio, me parecía que las cargas de entrenamiento en natación estaban infravaloradas. Puede que los umbrales estén mal definidos. No lo sé. Pero me parecía que las cargas de bici de dos o tres horas se puntuaban demasiado altas en comparación con entrenamientos cañeros en la piscina.

Pero la cuestión es que hice la temporada de invierno centrado en la natación sin ningún percance, y cuando he intentado llegar a los tres deportes, con mis 7-9 horas de entrenamiento semanales, no he sido capaz de asimilarlas.

No creo en las casualidades ni en la mala suerte. Todo tiene un motivo así que me he puesto a buscarlo.

En los últimos 3 meses he tenido 3 parones forzados, que han coincidido con el final de mi tercera semana de carga de cada mesociclo (3+1).

TP

26 de marzo ( 4 días de parón): dolor de piernas como el que tenía cuando tuve anemia en 2013 que soluciono tomando hierro.

25 de abril (6 días de parón): anginas + antibiótico.

28 de mayo: inflamación de las anginas.

Así que está claro que tal como estoy ahora, mi cuerpo no aguanta 3 semanas de carga, o traducido a los parámetros de carga de TP, no puedo tener un TSB inferior a -25.

De hecho, TP me ha avisado las tres veces, que probablemente necesitaba algún día de descanso… Pero por apurar demasiado, pues ha pasado lo que ha pasado.

Tampoco me gusta fijarme demasiado en un sólo parámetro, que como ya he dicho arriba, no tiene en cuenta otros factores muy muy importantes. Hay otros, pero hay que saber (o querer verlos. Por ejemplo: el pulso, últimamente tan subestimado.

El sábado pasado, antes de petar definitivamente, hice mi clásico 4×400 con 1’rec con el Predator MT con el que pretendía competir en Aritzaleku y que todavía no había probado en este test.  El ritmo salió relativamente bien para cómo estoy nadando, y no me vi mal, pero el pulso estaba por las nubes. Lo comparé con el mismo entrenamiento, realizado en marzo de este año con el Predator de 2015 y el resultado es más que claro:

2015vs2017.JPG

Un poco más lento con el Predator 2017 pero sobre todo, pero 5 ppm más. Justo al revés de lo que me salía en 2016: Análisis de neoprenos Orca 2017. En aquella entrada ya hablaba de lo que sube el pulso cuando estás enfermo, con antibióticos, etc.

Llegados a este punto, tengo que decir que estoy pasando por un momento bastante complicado de moral. Veo a algunos de mis compañeros como tiros (de lo que por supuesto me alegro) y yo cada vez que parece que “medio-llego”, termino volviendo al punto de partida.  Creo, o quiero creer, que ya estoy mentalizado de que este va a ser un año de transición donde no voy a poder estar ni de lejos a su altura, pero empiezo a tener dudas de ser capaz de llegar a todo, ni siquiera en las temporadas que vienen. Mis horas son las que son. Puedo intentar controlar más las cargas y las recuperaciones, pero no me gusta hacer las cosas a medias y a final de la temporada me replantearé lo que hago con mi vida deportiva.

Hasta entonces, este año, con cabeza, a tope y hasta donde llegue.