El problema es la ferritina alta.

Actualización: por lo que parece, lo que me pasa no es técnicamente anemia, ya que entre otras cosas, tengo la denominada “línea roja” bastante bien. Parece que el problema radica fundamentalmente en el nivel tan alto de ferritina (al contrario que en 2013, que sí estaba en su sitio). Curiosamente, los síntomas coinciden con los de la anemia.

Por seguir con el diario, que es la principal función de este blog, y también para informar, principalmente, a los que se han preocupado por mí y me han dado su diagnóstico, ya tengo los resultados de la repetición de la analítica que me hice el día 6 de julio, cuando llevaba una semana sin entrenar pero seguía tomando hierro, con esperanza de poder llegar a salir en el triatlón de Vitoria.

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Como se puede ver, tras esa semana de descanso, el hierro sérico ha subido y aunque bajo, está dentro de los parámetros “normales”, pero la ferritina está todavía más alta.

Mi última intención aquí  es dar lecciones de medicina. Respeto mucho las profesiones de cada uno, pero cuando uno cree que no le atienden bien, creo que tiene derecho a pedir más opiniones. Tengo suerte de haber recibido opiniones de médicos y dietistas deportistas, y parece que la opinión generalizada es que tengo una intoxicación de hierro. Realmente, no está muy claro si la ferritina ha provocado alguna inflamación (garganta) , o las inflamaciones han producido el aumento de la ferritina.

Probablemente, mi carga de entrenamiento físico, que raramente llega a las 8 horas por semana, no da como para tener que tomar suplementos de hierro y, por otro lado, entrenar con mucha fatiga acumulada (provocada por esos esfuerzos que no se reflejan ni en Training Peaks ni en Strava) haya provocado un desarreglo en mi cuerpo con defensas muy bajas, que  me han hecho demasiado vulnerable a unos cuantos virus que se han paseado libremente por mi cuerpo, y en resumen, he petado.

Parece mentira, con la de veces que he mencionado esta fatiga, estrés, etc en los únicos posts que he escrito este año, que no haya sido capaz de autoconvencerme de que había que cambiar algo, llevarlo de otra manera, pero supongo que la ansiedad, o más bien, ganas por volver a  competir, a sentirme triatleta, han podido conmigo y la he cagado. El otro día leía creo que a Gorka Bizkarra que no hay errores sino lecciones aprendidas. Bueno, no lo comparto. Hay errores, yo cometo muchos, y este ha sido uno de ellos, pero por supuesto hay que aprender de ellos.

He parado casi completamente desde el día 6 de julio. No porque quisiera, sino porque no tenía ni ganas ni fuerzas de moverme. Sólo algún paseo a 25 km/h, un par de ellos con Adrián a 11, y todavía  me inunda una sensación de incredulidad. ¿Cómo es posible que hace 3 semanas pudiera hacer 5×20 min a 260w acoplado en la cabra, 3 de ellas dolorido tras caerme y ahora me encuentre así?

No termino de encontrar una explicación. Simplemente, he reventado y se acabó. Me voy 2 semanas de vacaciones, voy a intentar descansar todo lo que pueda, intentar activar el cuerpo de nuevo, y empezar a preparar 2019.

No sé si haré triatlón o sólo nadaré, correré, o qué voy a hacer. Sé que tengo que cambiar cosas en la forma de entrenar (que es la única forma en la que concibo hacer deporte), pero de momento, lo único que quiero es volver a sentirme bien, fuerte, rápido,  encontrarme con mi cuerpo.

Tengo muchas ideas y cosas que quiero hacer en la cabeza, pero todas pasan por estar bien. Así que paciencia, una vez más, empezar poco a poco, subir las escaleras de escalón en escalón y disfrutar de cada paso del proceso.

 

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Vitoria 2018. Anemia. DNS.

No corro. He mantenido la esperanza y la ilusión hasta el último momento. He hecho todo lo que podido para volver a correr en casa, pero otra vez tengo que asumir las cosas como son y pensar con la cabeza. Así que me sumo a la larga lista de compañeros que no podrán correr en casa este año, pero para mí ya son dos seguidas.

La semana pasada uno de mis más fieles lectores me decía que la crónica del Onditz no transmitía mucho optimismo. Y era así. Sabía que algo no estaba bien, que no me encontraba bien, que no era normal que tuviera tanto cansancio, que hubiera más crónicas de retiradas y “no presentados” que de carreras desde febrero… Y este jueves me confirmaron que tenía anemia, otra vez.

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Esto explica muchas cosas, realmente casi todo y por un lado me tranquiliza. No lo hace tanto el hecho que tenga esos valores de hierro tan bajos a pesar de haber estado tomando hierro de forma más o menos continuada desde enero… Así que hay que seguir haciendo pruebas. Por lo tanto, una vez más, parar.

He estado planteándome salir mañana coger el autobús, nadar y coger la bici y ver hasta dónde podía llegar… Pero creo que no merece la pena. No voy a nadar bien, me van a pasar por todos lados y va a suponer un esfuerzo que me puede costar semanas recuperar, como he visto después del Memorial Onditz.

Si se está enfermo, se para y punto.

Creo que no iré a la salida, Tampoco hay que torturarse innecesariamente. No quiero tener ese recuerdo en la cabeza cada vez que pase por allí con la bici, que son unas cuantas al año. No quiero ver mi box vacío, ni oir mi nombre por la megafonía sin poder salir.
Sí estaré en el centro con Adrián animando a todos, conocidos y no, intentando enseñarle lo que son las carreras y todo el esfuerzo que hay por detrás de ellas.

No se termina el mundo, es una carrera más, etc. pero muy poca gente sabe lo que me puede doler esto. Pocas horas de entrenamiento (que para mí son cualquier cosa menos sacrificio), pero muchas de pensamientos, visualizaciones, análisis de datos, intentos de planificación y muchas, muchas vueltas para intentar llegar a hacer lo que no me da tiempo a hacer.

Y de nuevo, punto y aparte. Pararé un poco y volveré a empezar poco a poco. No sé si volveré a Media Distancia. Me supone un estrés y un desgaste que no sé si merece la pena. Siempre he pensado que mi distancia es la Olímpica. Esta decisión estaría más que tomada si en casa no estuviera el mejor MD de España. Lo maduraré durante el verano. Pero sigo teniendo ilusión y ganas por seguir mejorando la natación (en piscina y en aguas abiertas), por volver a andar fuerte en bici, seguir experimentando con la aerodinámica y sobre todo por correr como corría antes de la pubalgia, así que volveremos a vernos.

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Crónica Memorial Onditz 2018. El retorno. 42º.

El domingo pasado, por fin me volví a poner un dorsal en un triatlón. Se dice pronto, pero después de un año entero sin poder correr y otro de “rehabilitación” donde no he tenido más que paradas y arranques sin ninguna continuidad lo veo como un éxito. Tras decidir no ir a Senpere la semana previa a esa carrera y no participar en Aritzaleku la misma víspera, estar en la salida era el objetivo principal.

Iba razonablemente bien, con tandas de 400 en piscina de 50 a 1’21-1’22 con neopreno(s) a menos de  145 ppm, algunas series buenas en bici hasta que alguien cruzó una manguera en Ozaeta a las 8:15 de la mañana del domingo en mitad de mi segunda serie a 260w y no pude ni frenar ni pasarla y salí volando aterrizando con el costado derecho. Aún así, me levanté y completé las 5 series previstas a esos watios.

Me faltaba confianza ( y bastante más) en la carrera a pie así que el martes, hice otra buena bomberada, que fue salir a coger confianza en series de 2k a 3’35-3’40.. A 33 grados y sin beber en toda la mañana. Eso no podía salir bien y no salió bien. Volví a la oficina arrastrándome a 5’30 / andando y una flojera de pelotas. Una imagen de lo que está siendo este año, intentarlo de cualquier manera, pero hay veces que es mejor no hacerlo, que hacerlo mal.

Total, que a pesar de que el sábado estaba bastante cansado, el domingo me encontraba bien a pesar del madrugón y de dormir fatal y fuimos a Donosti.

Como me esperaba, una vez allí me tranquilicé un poco. A pesar de todo el tiempo pasado sin verme en una situación así y de 5 años sin correr en Donosti, todo allí me resulta familiar y me encuentro muy a gusto. Saludos a conocidos, conversaciones con los compañeros de equipo (algunos de los cuales no conozco, cosas de entrenar siempre sólo) y al agua a calentar.

Me tomo un gel de 226ers con 100mg de cafeína para activarme un poco, dejo otro sin cafeína para correr junto a las zapatillas y me meto al agua. Noto bien el 3.8 (que tras tropecientas pruebas ha sido el escogido para competir) , pero sigo notándome perezoso.

Hago un simulacro de entrada con delfines y me retiro para intentar coger sitio. Esta decisión que casi siempre hago mal y que define muchas cosas en las carreras. Me pongo al lado de Haritz Garate. Creo que debería ser capaz de aguantarle a pies, pero también sé que no suele ser fácil encontrar los pies que quieres para cuando llegas al agua. A la derecha tengo a Castro y a los australianos.

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A partir de ahí, mantener la calma sin dormirme y que no se me pongan delante.

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Se da la salida, creo que reacciono bien, pero tras un par de codazos en la carrera hasta la playa, llego (otra vez!!) en cuarta fila al agua. Blandito. Muy blandito. No era lo previsto, pero no le doy más vueltas. Ni delfines ni leches y empiezo a nadar. A pesar de que creo que voy fuerte no consigo enganchar pies por delante y de vez en cuando me pasan por los lados. Me desanimo un poco, pero intento mantener la orientación, veo la boya perfectamente, y no perder la calma. Me da la impresión de que llevo bastante gente por delante, pero no tanta como para venirme abajo. Espero al giro y a partir de ahí a mantenerme. Como siempre, todo se estabiliza ahí y me noto más cómodo. Intento no perder la concentración y nadar bien sin perder pies. Vamos un grupo grande (todavía no sé con quién) y hay que estar fino en la transición.

Me pongo de pie. La gente empieza a quitarse el neopreno en cuanto se incorpora. Yo tengo la bici a un minuto corriendo, así que ni lo intento. Sólo mantenerme de pie y empezar a correr cuanto antes. Aún así, me adelantan Kareaga y Fuentes. Bueno, creo que tendría que haber estado más adelante en condiciones normales, pero no es para nada mal grupo, así que de nuevo, concentración. Corro por mi pasillo (por un momento me entran dudas de no haberla cagado, y después de no haberme pasado) hasta que por fin llego a mi bici. Me pongo el casco mientras me quito el neopreno con los pies, cojo la bici y salgo detrás de Kareaga. Vamos a hacer el salto de rana cuando un chico de Lekeitio falla y se cae en la mitad de la carretera. Kareaga le esquiva, pero yo estoy más lento y no salto hasta que no se reincorpora. Acierto bien con las zapatillas, pero con muy poca inercia. 5 segundos perdidos y adiós grupo. Me quedo sólo y a pesar de ir fuerte ( 3 minutos a 320w y 170 ppm) cada vez se me van más, así que me limito a mantener un ritmo constante, ver si no se entienden por delante, o llega alguien por detrás.

Subo Berio a 345w, y no se produce ninguna de las dos cosas.

En la subida de Zuhatzu (366w), por fin viene por detrás un grupo bueno con Illaramendi, Ugarte, Gondra, Loizaga… Doy todo lo que tengo para enganchar y no quedarme. Bajo a unos 10m porque no me acuerdo si había badenes o no, sabiendo que en Añorga tengo algo de margen para recuperar. A partir de ahí, lo de todos los años. Empezar a colaborar en los relevos e intentar que todo el mundo pase. Cuando vas en el puesto 50 no tiene mucho sentido andar regateando. Hay que ir hacia adelante como se pueda y la colaboración en este caso es más o menos buena.

Comienza la subida desde Orio e Illaramendi, Ugarte, creo que Loizaga  y otro chico salen más fuerte. Intento seguirles, pero veo 450w durante varios segundos y decido seguir a mi ritmo. Hacia mitad de la subida me recogen un Gondra, Arrieta y un TKronos que habían iniciado la subida algo más despacio y hacemos la ascensión hasta arriba juntos a unos 325w.

En la parte de arriba paso algún relevo por vergüenza y cuando empieza la bajada de tramo de peor asfalto , me acuerdo de que Iñaki Moya me ha dicho que está bastante mal, no hay nada de visibilidad y no arriesgo. Una vez llegado a Igeldo aprieto un poco más, cojo a Arrieta y a un grupo de chicas con Itsaso Leunda y Amaia Ostoloza. Adelanto como puedo y empiezo el tramo de las curvas peligrosas. Me lo tomo con calma. Tanta, que las chicas me piden paso a gritos (unas con más educación que otras) en medio de la trazada de la herradura. Ya en Ondarreta las vuelvo a adelantar y disfruto del último tramo en solitario. El día es espectacular, está lleno de gente y podría ser un día perfecto para una remontada a pie como las que hacía antes… Pero ya sé que eso no va a ser posible. En cuanto me bajo de la bici confirmo que mis piernas están tocaditas y no voy fino.

Pongo la bici girándola delante de mi juez favorito ;), me pongo los calcetines con calma, el dorsal, cojo el gel de mango y salgo. Hace mucho calor, así que importante coger todo el agua que se pueda y encontrar un ritmo sostenible.

Miro el 935 (qué diferencia para correr con el 920) y veo 3’45. Bueno, ni tan mal. Creo que ahí voy a poder aguantar. Pero tengo más claro todavía que de ahí no voy a poder bajar con la pesadez de patas que llevo, así que una vez más, concentración, fijarme mini-objetivos y no petar.

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En el último kilómetro, intento cambiar un poco de ritmo. Creo que me queda algo. No he sentido esa sensación de agonía que llevas cuando vas al límite (aeróbico?), pero sentía que no tenía fuerzas para ir más rápido. Así que arriesgo un poco y cambio.. .Tampoco demasiado, pero por lo menos para demostrarme que puedo hacer el último kilómetro por debajo de 3:40.

Llego a meta. Me corto bastante y no hay celebraciones de ningún tipo. No sé si la fatiga, el entorno ñoñostiarra, o no estar del todo a gusto con la carrera, pero entro como si fuera una carrera más.  Me siento más liberado que contento por ver que soy capaz de competir. Ha sido más un “por fin”, que un “qué bien”… Espero que a partir de ahora todo salga con más fluidez.

Análisis:

Por parciales.

Natación.

Puesto 64. Me sale a 1’26″/100 según el GPS. Mal puesto, a la cola del primer pelotón grande, pero uno de mis mejores ritmos en competición. O sea, que sigo sin sacar lo que creo que tengo, pero es bastante mejor que los desastres de 2016 en Lekeitio y Ondarroa, por ejemplo.

Ciclismo.

A pesar de todo, en la línea de otros años.

Subida 2012 2013 2018
Berio (2’) 380 350 345
Zuhatzu (3’) 360 350 366
Orio (15’) 328 316 323

Al final, 258w, 291wn y 160 ppm. Mejor que mi última participación en 2013 (que fue una cagada), casi igual que en 2012 donde mejor lo hice y exactamente igual que en mi último triatlón, en Colindres 2016. Contento.


Carrera a pie.

Constante. Lento, pero constante. No tenía fuerzas ni ritmo para más. Parcial 36 a 3.43. De los peores en mucho tiempo. Pero por lo menos corrí y remonté algo para terminar en el puesto 42º.

 

Quería saber donde estaba. Ahora ya lo sé. De aquí en adelante, a intentar mejorar.

Récord de la Hora. Mi primer día en Anoeta.

En carretera tengo hechos dos tests de FTP de 1 hora sobre cabra.

  1. Abril de 2014: 285 NP/ 170 ppm
  2. Febrero de 2015. 290 NP/164 ppm

Es lo más parecido que he hecho hasta ahora a un posible intento de récord de la hora… Pero en realidad, la única similitud es que es una hora encima de una bicicleta a esfuerzo “máximo”.

Los número que me salieron creo que no estuvieron mal: ni como número absoluto ni como relación contra otros test de 20 minutos, pruebas de esfuerzo, etc, aunque no eran en épocas de estar a tope y los pulsos creo que son bajos. De ahí, puedo decir que sé sufrir “bastante” durante una hora y tengo una idea “aproximada” de los watios que puedo hacer. Pero poco más. Para atreverme a seguir dando pasos en esta aventura, tenía que aclarar o superar dos puntos:

-andar con una bici de piñón fijo

-andar en un velódromo de verdad.

La primera era la más complicada.  En el velódromo abierto de Gamarra he dado tropecientas mil vueltas desde que empecé a hacer mis primeras pruebas de material con mi primer Powertap en 2009. El peralte no tiene el ángulo de los velódromos cubiertos de competición, pero por lo menos creía que sabría pasar las curvas rápido sin dejar de meter potencia.

Más complicado me parecía lo de la bicicleta de piñón fijo. Para empezar, porque no tenía bici de piñón fijo. Empecé a enredar un poco. Tampoco es que en España haya mercado, ni oferta.. ni en tiendas, ni de segunda mano. Al final, Iván Otero me dejó su Dolan, la cabra con la que lleva unos años compitiendo. Sabíamos que igual me estaba un poco justa, pero el objetivo sólo era dar unas vueltas en Anoeta con esa bici, no matarme, coger algunos datos y  medidas para una posible compra de cabra si todo iba bien.

Por casualidad, unos días antes estuve en Donosti y aproveché para pasar por el velódromo y preguntar las condiciones para entrar. Muy fácil:

-4,20 € la entrada

-estar federado en ciclismo y triatlón.

-llamar antes de salir de Vitoria, por si acaso.

Así que el sábado 8 de octubre, cogí también mi cabra y me fui a Anoeta.

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Antes de que llegaran Iván y Ainara, entré en la pista para ir haciéndome y quitar el miedo… Subir por la rampa de entrada, la grada vacía, el silencio… Todo impresionaba. Y el PERALTE. Una auténtica pared.

Desde abajo impresiona mucho más que cuando estuve viendo las 6 horas de Euskadi hace unos cuantos años. De entonces ya me acordaba de que la cuerda de Anoeta no era de 250 m si no de 285,714m.  O sea 3,5 vueltas, 1 km.

http://www.rfec.com/ckfinder/userfiles/files/adjuntos/Velodromo%20Anoeta.pdf

Así que me puse las zapatillas y empecé a dar vueltas… Primero sin acoplar, por la parte plana, hasta empezar a subir a lo que realmente es la pista, y a la segunda vuelta ya me di con el pedal en el peralte… Es lo que tiene ir despacio, no inclinar la bici y no llevar una bici de pista, una de cuyas peculiaridades es que lleva el eje de pedalier más alto, precisamente para que no pase esto.

Di unas cuantas vueltas más, y en cuanto llegó Ivan: me dio un par de nociones de mecánica (básicamente cómo ajustar la rueda con la llave fija dejando la cadena tensa) y el consejo que ya me había dado Jaime Menéndez de Luarca: “Keep pedalling”.

En realidad, no es nada difícil. Una vez que pones un pie, pedaleas con ese pie, enganchas el otro, sólo es cuestión de no dejar de dar pedales… Que cuando vas dando vueltas es muy sencillo, pero si se te ocurre “parar” para dar al Lap o mirar el Garmin, entonces frenas en seco la rueda,  pero en realidad el pedal te mete un golpe hacia arriba que está a punto de tirarte por encima del manillar. Pero eso sólo pasa una vez cada día. Para el resto de día te acuerdas.

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Conclusiones (no númericas) que saqué:

  • Me encantó Anoeta pero vivo en Vitoria. Preparar la bici, mochila, 1 hora de coche, OTA, cambiarse, entrada, …. vuelta a cambiarse, otra hora de coche, deshacer la mochila…. Al final es mucho tiempo.
  • No estaba en forma (normal en octubre y tras 15 días parado del todo)
  • La Dolan me estaba pequeña.
  • No sabía trazar las curvas.

Así que los siguientes pasos eran.

  • Entrenar en Gamarra y comparar los datos con los obtenidos en Anoeta para ver cuál era la diferencia en watios entre ambos velódromos para la misma velocidad.
  • Empezar a buscar cabra de piñón fijo.
  • Dar vueltas y vueltas a Gamarra.

Pero el principal objetivo del día, si conseguía encadenar unas cuantas vueltas acoplado, era sacar los primeros datos, y hacerme una idea de los watios que me podían hacer falta para acercarme por lo menos a 44 km/h. Desde luego, no me acerqué ni de lejos a esa velocidad.


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El número gordo es que con 285w me salían  41 km/h… Al principio me desanimé un poco. No me veía capaz de meter más watios, (eso eran tandas de 3 minutos y acababa asfixiado) y me parecía imposible sacar esos 3 km/h.

Pero me puse a estudiar un poco… Las fotos de mi posición, los datos que ya conozco de mis pruebas con casco aerodinámico, ruedas aerodinámicas, tapas,  diferencias de coeficiente de rodadura entre velódromo de hormigón y velódromo de madera, la influencia de las condiciones atmosféricas (presión y temperatura),

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Y bueno, un poco de aquí y un poco de allá… Creo que no es imposible del todo. Así que como dije en el prólogo, el trabajo a partir de aquí se divide en dos partes:

-conseguir una forma física que me permita mantener entre 280-300w (vaya horquilla) en una hora

-exprimir todo lo que pueda el resto de factores, principalmente la aerodinámica, sin gastar más que “lo imprescindible”.

pero ahora ya sé desde dónde parto.

Triatlón Olímpico de Colindres 2016.

Cinco meses después de terminar la temporada, ya va siendo hora de acabar con las crónicas de las carreras de esta temporada tan rara. Por fin, aquí va la última.

El triatlón de Colindres fue mi última carrera de la temporada. Iba a ser la última antes de una semana de descanso que me iba a tomar antes de empezar a preparar en modo pseudo-Pro el Campeonato de España de distancia Olímpica de Banyoles en Grupos de Edad, pero con la hernia/pubalgia que apareció unos días después, todo se fue al traste. Para esta carrera, iba a saltarme una de mis reglas de no competir dos findes seguidos, salvo que una de las carreras sea sprint, y terminé lesionándome.

Pero bueno, a la carrera: Después del 9º puesto en Getxo y sobre todo después de correr un 10k a 3’32/km en una carrera sin drafting, llegaba con cierta ambición a esta carrera. Sin embargo, el día estaba bastante feo y cuando estábamos en el agua para empezar la carrera empezó a diluviar, con lo que cualquier opción de hacer “algo” se diluía entre tanto agua habiendo un puerto que no conocía pero sabía que tenía bajada peligrosa. Por lo menos, quería hacer una natación buena y luego, ya veríamos.

Se dio la salida, y aunque me parece que me quedo un poco, salimos bastante gente en paralelo y creo que llevo buenos pies delante, pero al salir de la primera boya, me quedo cortado y paso a tirar del grupo que se ha quedado atrás, pero ya no consigo enganchar.

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Intento no venirme abajo, nadar bien e intentar que no se me vayan demasiado… Nunca se sabe.. Alguien que le salga una mala transición, un grupo por delante que no se entienda en la bici… Al empezar la segunda vuelta, me veo bastante sólo, pero veo que se aproxima un gorro de chica (salían más tarde) por detrás. Deduzco que es Helene Alberdi, así que tomo aire y me preparo para intentar cogerle pies… Lo que aguante… Pues nada. No le aguanto ni 10 metros. Así que me vuelvo a quedar sólo mientras veo cómo Helene engancha con el grupo de los chicos. Impresionante.

Los metros pasan, y con el Predator me encuentro bastante más entero que con el 3.8. No consigo enganchar, pero la brecha no es de más de 20 segundos tras una vuelta completamente sólo.

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Hago una transición normal y a la salida de boxes Ibon me grita que está Lekue cerca y que apriete para cogerle. La verdad es que no le conozco, pero si Ibon me dice que vaya a por él, voy a por él. No miro atrás en busca de ayuda. Sólo hacia delante. Le tengo a tiro y tras un buen calentón, le cojo y nos marcamos juntos una muy buena aproximación al puerto: 20 minutos a 276w/290np y 168 ppm. Me entendí muy bien con él, pero fue imposible coger a nadie. Por lo que me contó Ciro después, por delante también se dieron buenos relevos.

Al empezar la subida, Lekue se me va un poco, pero cojo un ritmo bastante bueno de unos 320-340w que consigo mantener durante los 15 minutos de subida, con la consiguiente subida de pulso. Paso a Lekue enseguida y a Jaime Ábalos poco antes de terminar el puerto.

En la bajada sólo pretendo no irme ni al suelo ni a la cuneta/barranco. 9 minutos de descenso en los que me cogen Lekue y  Ábalos junto con otros dos chicos que bajan bastante rápido. A partir de ahí, intento que no se me vayan demasiado y al comenzar el llano, otro calentón para enganchar y a partir de ahí, relevos bastante generosos (tal vez demasiado) para hacer otros 20 minutos a 263/285.

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Con agua suelo correr bien. Me gusta correr con lluvia (si no hace frío), pero desde que empiezo, veo que estoy bastante castigado de lo que pensaba y no termino de andar fino.

El ritmo no es malo del todo. Más o menos lo estabilizo en 3’38”/km, pero es más lento que hace una semana en Getxo donde en la bici llegué bastante más tostado (y con más watios medios).

Me noto pesado e incómodo. Echo mucho en falta mi mono Orca despedazado en Getxo. En su lugar, llevo el mono del año pasado, que si ya pesa de por sí en seco, con agua es una brutalidad. Y lo peor de todo, se me está quedando la tripa fría porque nunca termina de secarse. Un sector bastante soso, en el que penas consigo remontar un par de puestos en todo el parcial. Sólo en el último kilómetro, cuando veo que tengo a tres triatletas más a tiro, cambio algo el ritmo haciendo el último kilómetro a 3’34 y el tramo en la pista de tierra a 3’26”, pero me quedo en el puesto 11º a 8 segundos del top10.

Una carrera más, pero que iba a ser la última del año aunque todavía no lo sabía. Tres días después apareció la pubalgia y con ella una forma un poco agridulce de terminar una temporada muy irregular.

No sé si tendré tiempo de hacer un balance / análisis con números de la temporada a estas alturas. Estoy con muchas ganas de que llegue la siguiente, aunque con 5 meses sin correr, y por lo menos falta otro más, se me hace complicado imaginarme compitiendo… Pero todo llegará.

Triatlón olímpico sin drafting de Getxo 2016.


Penúltima crónica de la temporada.

Después de recuperar la moral en el Triatlón de Vitoria, tocaba competir por primera vez en un olímpico sin drafting del Circuito Vasco. No acabo de entender muy bien por qué no hay más carreras de esta modalidad en Euskadi. Lo primero que me viene a la cabeza es que es mejor para el organizador tener 450 inscritos en un sprint con drafting (por no hablar de la barbaridad del Onditz) que 250 en un olímpico sin drafting.. Pero la cuestión es que en Getxo había 350 plazas y hubo 254 inscritos… No sé, ahí lo dejo.

El objetivo para esta carrera era estar en el top10. Tenía la espina clavada de Senpere y por fin curado y ya en forma, quería ver dónde podía estar en la que creo que es mi distancia.

No sé si para mi beneficio o no, tras un retraso bastante largo (en el que nos dieron ganas de irnos al chiringuito a comer un helado y olvidarnos de la carrera a los 3 de la foto) porque no había médico para dar inicio a la prueba, la organización tuvo que recortar la distancia de la natación de 1500 a 750m. El caso es que había que espabilarse, me tomo un gel de café para quitar la modorra de la hora de la siesta, nadar a muerte el 750 y punto.

Salí bien a pesar de recibir un manotazo en las gafas antes de entrar al agua ¿? y ya en el agua me encontré bastante bien, rápido y cómodo con el Orca 3.8, aunque tras el último giro empecé a notarme un poco asfixiado. Por primera vez en toda la temporada, no veía espuma de los de delante demasiado lejos.

Al ponerme de pie veo a Egoitz Zalakain (ganador de la carrera) a mi lado, así que parece que por fin he nadado medio-bien. Nos cantan 1 minuto y medio con los primeros, así que no ha ido mal la cosa.

Según sporttracks, 750m a 1:22/100, con 1:28/100 quitando la entrada al agua, lo que es muchísimo mejor que todo lo que he nadado hasta ahora este año.

Toca no cagarla en la transición. Esta vez todo sale bien: el visor está en su sitio, me noto muy bien de piernas y salto sobre la bici sin problemas. Nada más salir me pasa Egoitz e intento no perderle demasiado.. Pero 320-330w no son mis números, así que me dedico a coger mi ritmo.

Voy adelantando algún puesto más, hasta que empieza la primera subida y llegan por detrás Gonzalo Fuentes, Sergio Tejedor y Aitor Tejería. Hasta aquí, 13 minutos a 280w. Creo que son buenas referencias, y aunque el terreno empieza a endurecerse intento mantenerme concentrado y no perderles. Poco a poco me voy encontrando mejor y paso a encabezar el grupo en una subida bastante larga de pendiente constante, de las que me van mejor. Empiezo fuerte, con los 5 primeros minutos fuerte a 345w hasta enganchar del todo y pasar a encabezar el grupito, para totalizar 12′ a 326w en la subida y 302w en los 25 minutos que llevamos de sector de bicicleta. Un calentón bastante serio.

Todo va bastante bien hasta que empieza la bajada, que no conozco. Normalmente en estos casos, suelo dejar que me adelanten, y de hecho, lo pienso un par de veces, pero como últimamente estoy bajando mejor y veo que tampoco hacen mucho por ponerse delante, sigo tirando. Hay una señal de curva peligrosa, pasamos la curva, que no me parece tan peligrosa, y entonces es cuando aparece la curva que sí es peligrosa y que se ve perfectamente en el track:

Y también se puede ver perfectamente en la siguiente imagen cómo hice un recto muy parecido al de Senpere (otra vez curva a izquierda) con la diferencia de que en este caso no había una campa sino una zanja bastante maja.

La bici no frena como quiero, no consigo meter la bici por donde quiero, oigo a Aitor gritar ¡¡Epa, epa, epaa….!!! O algo parecido, y salgo por encima de la bici, no sé muy bien cómo consiguiendo caer de pie…

Cojo la bici y cuando voy a subirme y veo que se me ha salido la cadena: La intento poner sólo con los pedales, no entra, la cojo con la mano, me pongo hecho un Cristo y la consigo meter, pero ya me ha pasado bastante gente y he estado un minuto parado entre pitos y flautas.

Todavía con el susto en el cuerpo, sigo bajando, intentando volver a coger confianza y no perder más tiempo. Quedan todavía 30 km y hay que seguir dando pedales. El terreno es bastante duro, estoy bastante desorientado y me da la sensación de no distinguir exactamente donde están las subidas ni cuánto queda…

Después de algunos movimientos, me quedo con un chico del Garraitz y Bernabé Angulo a quien no conocía pero me da que es de la zona y se sabe la carretera. La segunda subida la hago a 326w, pero en la última bajada (rapidísima y sin curvas) Angulo se me se va y el del Garraitz (sin cabra) se queda. Los últimos kilómetros de llano son con viento de cara y se me atragantan un poco, pero intento no cebar, beber lo que me queda de Energy 226ers con el gel que llevo en la bici  y mantener los watios como puedo (no puedo dar más de 260w).

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Al final, 271/291 en 1h19 minutos. Números algo mejores que los 284w/288np de Senpere pero tampoco para tirar cohetes, aunque son más de 10 minutos más.  No tengo datos de pulso porque tenía la cinta HRM-Tri en proceso de cambio por un problema con la duración de las pilas. Lástima.


Bueno, a correr: toca remontar, como siempre. Me pongo los calcetines, las T7 y a correr. Salgo bien de la transición, muy ligero, pero miro hacia adelante y no veo absolutamente a nadie. Me parece que en el primer kilómetro no hay nadie a tiro. Empiezo a echar cuentas de la gente que puede estar por delante, y a cuántos les voy a poder quitar 3-4 minutos en 10 km que es lo que estimo que me llevan. Y bueno, parece bastante complicado, pero ya puestos, sólo queda apretar. Veo el primer paso en 3:29… me asusto un poco, pero intento mantener el ritmo. 3:31, 3:31… Nunca he corrido así en una carrera con drafting, pero me vengo arriba. En el giro veo que hay mucha gente junta, que les estoy recortando bastante y puedo pillar a unos cuantos.

Comienza la segunda vuelta (de tres), sigo sin tener a nadie cerca, y estoy empezando a sufrir. Me animo a mí mismo, me grito que hay que aguantar, y sigo empujando. Por fin empiezo a ver que recorto.

Estoy en el puesto 15 y hay que llegar por lo menos al 10. Así pasa la segunda vuelta. En la entrada del último kilómetro creo que voy el 13 pero tengo cerca a la vista a Tejería, Gastañares y otros dos chicos. Así que una vez pasado el repechín en el que se me han subido los cuádriceps en la vuelta anterior, toca apretar los dientes y cambiar. Consigo rebasar a los 4 y todavía doy un último cambio para soltar a Gastañares. Pero resulta que la meta no está en boxes si no en la entrada de la ría… Detalle que sabía pero se me había olvidado… Lo que no sabía es que antes de girar a la izquierda, había que dar una vueltita extra por el parquecillo de la derecha. A estas alturas (han pasado casi dos minutos desde el último cambio) voy completamente “ciego”, y apuro tanto las curvas que en una de ellas mi Orca Back Zip PRO se queda enganchado en una rama de un arbusto y prácticamente se desintegra…

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Verlo roto me duele bastante más que el rasguño de la pierna, pero sólo pienso en llegar como sea a la meta y no perder ningún puesto en los últimos metros.

Al final, consigo el 4º parcial corriendo, a 3’33/km, en uno de mis mejores parciales si no el mejor, en distancia olímpica que me sirve para lograr el 9º puesto en meta y cumplir con mi objetivo inicial. Contento por el puesto, por cómo he peleado en la carrera, pero,.. el eterno “pero”… Que podría haber pasado si no llego a salirme en la curva. Tejería me dice en el post-meta que habían cogido al grupo del 4º puesto… Pero el ” y si” no sirve más que para saber que puedo hacerlo, pero no salirse de la carretera es parte de la carrera.

Vitoria 2016

Después de tres carreras Saint Pee, Ondarroa y Lekeitio, donde no habían salido las cosas bien, llegaba el turno de la carrera de la temporada para la mayoría de los triatletas alaveses. Justo se cumplían 8 semanas desde que acabé de tomar la última tanda de antibióticos, la que me obligó a estar parar del 1 al 10 de mayo y la que me dejó completamente destrozado.

Ya entonces sabía que iba a llegar muy muy justo para esta carrera, pero que si no había algún contratiempo más, podía conseguirlo. Para complicarlo un poco más, tuve que ir a Getafe dos semanas por trabajo en mitad de junio, pero conseguí capearlo como pude, intentando convertir los inconvenientes en oportunidades, trabajando la natación con Jaime Menéndez de Luarca, tanto en piscina como en aguas abiertas e como intentando meter algo, aunque fuera algo, de carrera a pie en aquel infierno. Y el fin de semana, bici. Por fin empezaban a volver a salir los números en los entrenamientos.

Siempre suelo intentar hacer al menos un entrenamiento bueno en cada uno de los sectores un par de semanas antes de la carrera, para probarme y sobre todo para coger confianza.

El de la carrera a pie salió el sábado de 2 semanas antes de la carrera tras nadar en Landa unos 2500 m persiguiendo a las chicas de Jamie Turner.

Salieron 18 km por debajo de 4’/km, incluyendo los dos primeros de calentamiento por encima de 4:20 por lo que el resto rondaron el 3:50. https://www.strava.com/activities/620266144

El entrenamiento “clave” de la bici, fue una combinación de dos: por un lado, entre semana hice una hora fuerte, pero no a tope: 273/282/159 ppm: https://www.strava.com/activities/629186029

Y el domingo (7 días antes de la carrera) hice otro entrenamiento de casi dos con la última hora, la parte más “llana”,  con 1h10 a 242w/253np/142. De esta forma, intentaba buscar o definir mi ritmo de carrera. La horquilla era bastante amplia, pero entre los dos tendría que estar el ritmo de carrera.

Tras una semana previa bastante más tranquila que otros años, llegó el día de la carrera. Como en 2015, volví a coger el autobús en el Hotel del Boulevard, que salía a las 6:40, ya que vi que el año pasado dio tiempo de sobra… Siempre y cuando:

-no te dejes la bomba en el autobús, te des cuenta a los 5 minutos de bajarte e intentes volver corriendo a buscarla en balde.

-no te encuentres la rueda trasera pinchada en boxes por haber sido perezoso el día anterior y no haberles quitado presión dejándolas más de 4 horas a 35 grados (culpa también del sistema de alargadores que tienes que meter el palito o una llave Allen de 2 mm para acertar con el obús).

-seas un tío tranquilo y habilidoso y no te cargues 3 desmontables en el intento de cambiar la cámara antes de la salida.

Por suerte, la niebla se alió conmigo, y como ya pasó el año de mi primera participación en esta carrera en 2007 cuando se nadaba en Garaio, se tuvo que retrasar media hora la salida y me dio tiempo hasta a calentar en el agua y hablar con gente del equipo para relajarme un poco antes de la salida… Aunque algo me decía que todavía iban a pasar cosas.

Llegó el momento de la salida, del momento paseíllo, aunque este año, lo hicieron en orden inverso a la lista de salida, ¿?, con lo que salí casi el último, pero no supuso ningún problema, ya que todo el mundo se apelotonó en la derecha y yo me quedé en la izquierda tal como tenía previsto.

A estas alturas, ya no recuerdo demasiado de esta natación. Sólo que salí relativamente bien, aunque la zambullida inicial no salió tan fina como en los días previos que estuve ensayándola en el mismo sitio (como para no hacerlo después de la cagada de Lekeito) pero no tuve los problemas del año pasado ni con los Élite ni con la horda de GGEE que salía 15 metros por detrás y no 5 como en 2015.

También recuerdo que una de las boyas me la zampé, literalmente, y creo que ahí es donde se paró el Garmin. Pero bueno, la sensaciones que tenía era de estar nadando bien (en el gráfico se ve que voy bastante constante por debajo de 1:30), esta vez con un Orca 3.8, pero que al final me costaba mover un poco más que el Predator.

Según he visto en el FlyBy de Strava, Ibon me pasó en la primera boya de giro y al final me sacó 40 segundos… Pero bueno, 27’40” a 1’27″/100, que está bastante mejor de lo que había hecho este año, aunque sigo pensando que lo podía haber hecho mejor, aunque el pulso va bastante alto, así que tampoco es que vaya dormido en el agua.

Salí muy rápido del agua, como siempre en casa y voy a por mi bolsa. Entonces veo a Ibon que se va. Bueno, más o menos según lo esperado, pero entonces es cuando se empieza a torcer la cosa. Al estar dentro de la bolsa, se ha soltado el visor del Met Drone, exactamente igual que le pasó a Jan Frodeno en Lanzarote, y me paso 40 interminables segundos intentando hacer encajar los dos puñeteros clips en su sitio, mientras noto cómo me pasan triatletas por detrás, el speaker va cantando el nombre de gente que está saliendo del agua (Arnaiz, Aintzane, Gema) y yo sigo arrodillado ahí en el suelo..

Decido cambiar de estrategia y me voy con mi casco y mi visor corriendo hacia la bici, para ver si dándome un poco el aire y con menos gente alrededor soy capaz de meterlo en su sitio.

Me cuesta otros 20 segundos (más o menos, lo que he visto es que tengo alrededor de 1 minuto más en la transición que el resto de gente) pero por fin lo consigo.

Salgo de la transición con bastante rabia, salto encima de la bici, empiezo a meter watios, pero no avanzo…. Bien. Me está rozando la rueda trasera recién cambiada en los hiperaerodinámicos tirantes de la Blue. Joder, ¿¿¿qué más me puede pasar???

Me paro, intento centrarla mientras me sigue pasando gente. Vuelvo a arrancar y ya no queda más que apretar y esperar a que no pase nada más.

La primera vuelta la hago más o menos a la par de Guz y Zubia, lo que no es mal síntoma del todo. En las subidas, Zubia se adelanta y Guz se queda. Mientras que en los tramos llanos, volvemos a pasar a Zubia que va sin cabra y se nota a pesar de llevar acoples largos.

Pero no sé muy bien cómo, de repente, antes de llegar a Zurbano, me veo metido en un grupo de unos de 20 triatletas en los que además de Guz y Zubia identifico a Tejedor, Puigmal, Labayen, Arnaiz, Feliz, Miguel Ruiz, mis compañeros de equipo Ele y Aintzane, un francés (Bielsa) y una suiza de la que hablaré más tarde.

Es momento de parón, en el que aprovecho a beber el Energy de 226ers y pensar un poco. Vamos casi una hora de carrera voy a 250/266 w y 154 ppm. Un poco por encima de lo previsto.

Se nota que en el grupo se va cómodo, pero tengo bastantes dudas de que podamos llegar a Vitoria así sin tarjetas. En lugar en fila de a uno a 10 metros, vamos en dos líneas en paralelo, con lo cual todos los de la izquierda están haciendo blocking, los de la derecha no saben qué hacer y yo me estoy empezando a poner nervioso. Empieza a haber algunos “cruces de opiniones” en el grupo y decido quedarme a cola y evitar problemas hasta que llegamos a Durana al inicio de la segunda vuelta, y decido, no sé muy bien basado en qué, que ese es el momento para lanzar un ataque y marcharme de ahí. Pero ni era el sitio, ni las condiciones. Pensaba que al dar el viento de cara se podría endurecer un poco la carrera en esa zona, pero se ve que me equivoqué. Era un grupo de mucho nivel, en formación cuando menos rayando la ilegalidad, y 8 minutos a 280w no me sirvieron absolutamente para nada. Sólo para cansarme.

En la subida a la presa desisto y vuelvo a quedarme a cola para recuperar un poco y gestionar mejor la distancia de drafting. Y al llegar a Landa, comienza el despelote del que tanto se ha hablado y que supuso la descalificación de muchos participantes. Se sabía que los primeros grupos del Half íbamos a coincidir con los menos rápidos del Full. No hacía falta hacer muchas cuentas. Todos sabemos lo que cuesta dar una vuelta al pantano, y si no, no hace falta más que mirar nuestros Stravas, que estamos hartos de dar la vuelta al pantano. Eso, o calcular que iremos entre 38 y 41 km/h, por lo que si la vuelta es de 40 km y casi todos nadamos en alrededor de 30 minutos…. Y si los participantes en el Full salen entre 5 y 10 minutos más tarde, y muchos nadan en 1h10… Por eso se definió un punto de confluencia en Landa donde estaba permitido invadir el carril contrario, tal como se explicó en la charla técnica. Ahora bien, si se forman los pelotones que se formaron en los 5 primeros kilómetros en el Full, porque NO SE CABE… No hay nada que hacer.

Ya vale de echar la culpa al triatleta. Ahí es imposible. No se cabe. Los vídeos y fotos de la natación quedan chulísimos, pero para dejar 10 m de distancia a una velocidad media de 36 km/h, (10 m/s), no pueden salir del agua más de 1 triatleta por segundo. O sea, 60 triatletas por minuto. Y si alguien se toma la molestia de mirar las clasificaciones, en la zona media de cada carrera (tanto Half como Full) salen 100 tíos por minuto. NO SE CABE. Da igual que sea Vitoria, Mallorca o Kona, por citar los últimos ejemplos en los que se han dado situaciones parecidas-.

En el triatlón, como en casi todo, a estas alturas está todo inventado y aunque las situaciones van cambiando ya hay soluciones para los problemas que se están creando últimamente. Salidas por GGEE, Rolling start… Hay muchas opciones: Para mí, la ideal es una salida de entre 100 y 200 triatletas que quieran ir a “disputar” la carrera (una salida de 20-30 triatletas me parece descafeinada) y el resto en Rolling start, ordenados por tiempos estimados por cada triatleta.

Sigo: Antes de llegar a Marieta estuve a punto de irme un par de veces al suelo o tirar al de al lado como se ve perfectamente en esta foto de Jorge Morales al intentar adelantar a participantes del Full que iban casi por la línea, a pesar de ir gritando “IZQUIERDA, IZQUIERDA IZQUIERDA!!!” durante kilómetros.

Al llegar a Marieta, el minúsculo arcén de esa carretera desaparece, con lo cual todavía sufrimos un efecto embudo. Y ahí decidí que ya valía. La carretera está cortada en sentido contrario, había visibilidad y decidí invadir en 30 cm el carril contrario. Y entonces llegó una juez y me dice que estoy descalificado por eso. Me quedo petrificado. No puede ser. Acabo de pasar a 300 tíos en PELOTÓN y me descalifican a mí por una acción que ni supone peligro para nadie, es más, es por mi propia seguridad y la de los que me rodean, ni saco ventaja alguna ¿y me descalifican? Le dijo a la juez que por favor se lo piense, pero me dice que he invadido carril contrario, le veo apuntar algo en la libreta (sin sacarme tarjeta de ningún color, detalle importante) y se larga de allí como si nada.

Pasan unos minutos en los que me quedo completamente hundido. Me dan ganas de mandarlo todo a la mierda, coger el cruce de Maturana y marcharme a mi casa, colgar la bici, olvidarme de todo el puñetero año que estoy pasando y dedicarme a otra cosa… A veces parece que la gente no se da cuenta de lo que significan algunas carreras para la mayoría de nosotros y de lo poco que cuesta echar por tierra tanto trabajo e ilusiones. Pero me acordé de un triatlón de Hondarribi donde me sacaron la que hasta ese momento había sido mi única tarjeta en 15 años y que luego no se hizo oficial (por lo que llevo 15 años sin tarjetas) y decidí seguir hasta el final. Pero claro, no es lo mismo. Cuando hay que apretar para que el grupo no se marche, la cabeza no funciona igual, las piernas parece que pesan más, eres menos agresivo, … y final me quedé descolgado, con el francés, la suiza a la postre ganadora de la carrera que hizo a rueda del francés desde Hermua hasta Vitoria en una de las actuaciones más bochornosas que he visto en mi vida y Etor Mendia. Pasado Salvatierra, adelantamos a Beñat Arnaiz, que parece que está bastante tocado, y empiezo a ver que el ritmo que se está llevando en la bici, con el calor que va a hacer en la carrera a pie, pueden pasar factura y me animo un poco, creyendo que he hecho bien “decidiendo” seguir a mi ritmo y no obcecarme con el grupo grande.

Al final del sector de bici, 242w/255 np y las 152 ppm de casi siempre en esta distancia. Se ve claramente cómo los últimos 25 km iba bastante tostado, con la potencia bastante por debajo de la media. (40 minutos a 220w, en los que perdí unos 2 minutos con el grupo)

Transición en la calle Olaguibel, brutal, como el año pasado y me cantan el puesto 23 o 24 con la suiza tramposa justo detrás. Y otra vez la misma historia del año pasado con el casco. Da igual lo que se diga en la charla técnica, lo que ponga en el Reglamento. ¿Igual había que empezar a hacer las charlas técnicas obligatorias para los jueces? Por lo menos para que todos oigamos lo mismo y juguemos a lo mismo. El caso es que otra vez, nos hicieron correr con el casco y todavía no sé por qué. Pero ya me lo había quitado y corrí con el casco puesto como pude, el visor se cayó (menos mal que los voluntarios sí que están a todo, me lo recogieron y me lo guardaron (Gracias!!)

Y llego a la carpa de la Plaza de los Fueros. Calcetines, gel de cafeína y salgo con los ánimos del enorme Ieltxu!

Nada más salir de la carpa veo a Tejedor que se ha retirado. Así que empezamos a descontar. Llevo los cuádriceps un poco cargados, así que me lo tomo con calma, y con el recuerdo de lo rápido que empecé en 2015 para luego terminar arrastrándome, y viendo el calor que hace, decido levantar para buscar un ritmo entre 3:55 y 4:00 y no un 3.45 que no voy a poder aguantar. El ritmo parece lo suficientemente bueno como para ir remontado y antes de terminar la primera vuelta ya voy el 14º, encontrándome bastante cómodo.

Pero en el km14, empieza la crisis de todos los años. Igual cuando consiga meter más volumen corriendo consiga retrasarla, pero con mis 50-60 km mensuales, parece que va a seguir así, por lo que toca tratar de aprender a gestionarla de la mejor manera posible. Veo que llevo el pulso por encima de 170 ppm. Intento quedarme en 4:20 y que no pase de ahí el pulso. Sé que si paso el infierno de las universidades, los últimos 2-3 km son mucho más llevaderos.

Me he colocado en el puesto 12, no veo a nadie por delante, así que me centro en asegurar mi puesto, no liarla y disfrutar de los últimos metros.

Al llegar a meta, sale mucha, mucha rabia de mi interior y por una vez, me lo dedico a mí, porque nadie, nadie, sabe lo que he sufrido en los últimos meses, y para una alegría que tengo me la quedo para mí. Me importa una mierda que pueda quedar egocéntrico, egoísta, que se me critique… A la mierda. Este momento es para mí.

Pero en cuanto paso por debajo del arco, me acuerdo de que tengo un problema bastante gordo que solucionar con los jueces, y que tengo que intentar que una decisión injusta no acabe con esto. Así que voy a buscar a Marta San Martín, le cuento lo que ha pasado y pregunto cuál es el procedimiento para reclamar. No ha llegado ninguna notificación de mi tarjeta, así que me voy al masaje, a coger las cosas de las transiciones, con un regusto agridulce y sin poder sentirme realmente contento a pesar de haber hecho una de las mejores carreras de mi vida a pesar de todo… A las 15:30, sigue sin llegar ninguna notificación de mi tarjeta y decido irme a casa. Hay 48 horas para reclamar, así que tampoco pinto nada ahí y me voy a descansar par volver a ver luego el final de la distancia ironman.

El lunes se publicaron las clasificaciones y ahí aparecía. Puesto 12º. Ni rastro de la tarjeta, que recuerdo que no llegaron a sacarme, y así quedó la cosa, pero el mal rato que pasé durante la carrera y en las horas posteriores no me lo quita nadie.

En cualquier caso, sigue siendo la carrera más especial para mí, sigo creyendo que tiene potencial para ser un triatlón de referencia en Europa, pero espero que se nos escuche y se ponga solución a los problemas que todo el mundo ve que existen.  Así que el 9 de julio de 2017 volveré a estar en la salida de la playa de Landa buscando mi carrera perfecta.