No siempre se puede mejorar

No siempre se puede mejorar y menos cuando las cosas no se preparan como Dios, y todos los libros de Triatlón y Preparación Física clásicos, mandan. Soy de los que opinan que compitiendo todos los fines de semana, es imposible sacar lo máximo de ti mismo. Creo en los picos de forma, en las puestas a punto,… Pero aun así, no sé si por el desconocimiento que tengo de la natación en competición, por las ganas que tenía de seguir mejorando competición tras competición, porque la natación es lo que único en lo que puedo competir y matar el dichoso gusanillo, o contagiado por esta corriente de “compite todo lo que puedas”, he participado en dos competiciones más de natación en máster en 400 m libres. Una en Santurtzi y la siguiente en Sopelana. En ninguna de las dos he conseguido mejorar mi mejor marca.

Y es lo más normal del mundo. Porque es imposible mejorar algo que has hecho en unas condiciones especiales, casi ideales, de descanso, motivación y sobre todo, puesta a punto específica para una cita en concreto, como fue el Campeonato de España de Mallorca. Pero bueno, se trata de aprender, tenía ganas de intentarlo y no salió bien, pero sigo aprendiendo. Tanto por lo dicho anteriormente sobre las planificaciones de cargas (y descargas) de entrenamiento, como por lo que es la prueba del 400 en sí.

En Santurtzi, en la que dicen es la piscina más rápida de Euskadi, me fié demasiado de mi referencia para esa prueba (Bruno) y al final me dio la sensación de que me quedaba algo. Total: 4’57”99. En el 100 sí estuve a punto de mejorar, pero me quedé a 14 centésimas.

En Sopelana, donde el año pasado, por las misma fechas yo creo que estaba nadando peor pero hice 4’56, hice 4’58”50. 3 segundos peor que mi MMP y 2 más que el año pasado. Esta vez nadé sin referencias, o mejor dicho con la referencia de Bustillo (mucho mejor nadador que yo) que nadó en negativo y me hizo un lío… Me dormí en el segundo 100, pasando a 2’26’8, y luego hice 2’31’7, lo mismo que en Mallorca, pero insuficiente.

El caso es que no mejoré. Me da rabia porque en realidad estoy nadando bien, probablemente mejor que nunca, pero con el grupo del Vibike estamos haciendo un montón de metros de ligero-medio en packs de 100 y 150s como preparación de los triatlones, sobre todo con palas, pero ese no es el ritmo del 400 y se nota.

El problema es que estamos a mediados de marzo, sigo sin ver luz al final del túnel, y todavía no sé si seré capaz de nadar en algún triatlón este año, o me quedaré con el Cpto de España de Natación de verano y las travesías, que tampoco es que me llenen demasiado… Si no fuera por los entrenamientos con el equipo y mis persecuciones de Ciro en los entrenamientos, creo que ya habría tirado la toalla, pero bueno… de momento seguimos. No sé hacia dónde, pero seguimos.

Crónica y análisis del Duatlón por equipos de Egüés 2016

El sábado fue mi debut esta temporada en una competición que no fuera dentro de una piscina. Más verde que nunca en la carrera a pie, sin correr/preparar la Media Maratón de Vitoria ni ninguna carrera de primavera, pero con cierta confianza en poder ir al ritmo previsto (3:30/km) sin demasiado sufrimiento tras un par de días preparando la carrera con unas series con el equipo.

En bici tampoco iba para tirar cohetes tras un par de semanas de parón con el mismo dolor de rodilla (procedente de una sobre carga del vasto interno) que hace dos años por las mismas fechas. Sin embargo, el fin de semana anterior, todavía con molestias, pero hice 3 días seguidos bastante buenos:

  1. 12×5′ en el velódromo a 270-280w probando el Met Drone (esto irá en entrada especial)
  2. 2h con 4×10′ a 290w (el objetivo eran 300w, pero no llegué: también habrá entrada para este, espero)
  3. Test de 2h a 230w.

Así que con la inquietud que te da el miedo de ser tú el que la líes en un equipo de 4 donde no se puede quedar nadie, pero con la seguridad que me daban los datos y los entrenamientos que hicimos en equipo, casi no bajé el volumen de entrenamientos de la semana, aunque tampoco es que haya demasiado de donde bajar.

Y allí nos presentamos, nada menos que 18 tíos para competir en Élite (que es donde tienen que competir los federados, Open es para los NO federados o equipos mezclados con gente no federada o de otros equipos, o al menos así debería ser), en una de nuestras carreras favoritas, creo que siendo el equipo que más gente llevaba.

En el A, después de muchas vueltas estábamos Javi Pérez, David Arias, David Pardal y yo.

Si todo iba según lo previsto, era a Pardal al que le iba a tocar sufrir este año. Y vaya si sufrió. Empezamos a 3:30-3:32/km, según lo planificado con Javi P y Arias tirando, y por detrás Pardal y yo, por si había que sacar el dedo… La primera vuelta la dimos muy bien, en un circuito más lento que el del año pasado, con un par de cuestas bastante puñeteras.

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Yo iba bien, pero tampoco como para andar empujando a nadie, así que cuando David empezó a flojear, en lugar de empujar (que tampoco tengo muy claro que ayude, sí vas más rápido, pero sacas más de punto) pedimos a los que tiraban que levantaran el pie. Los del Erreka, mucho mejores corredores que nosotros y que salían un minuto detrás nuestro ya se nos iban echando encima, pero por lo menos íbamos a llegar a la T1 sin que nos pasaran.

Entramos en boxes ordenados, y salimos bien, pero en el salto de la rana se me sueltan las gomas por ponerlas mal (goma derecha en el desviador en lugar de portabidones trasero porque no lo encontré, e izquierda con el cierre de la rueda trasera mal puesto). Con una rotonda en obras y una carretera que pica para arriba, no me quedaba otra que empezar dando pedales sobre las zapatillas, intentar coger algo de velocidad y ponérmelas en marcha. Esto, que no es fácil pero tampoco es complicadísimo si se entrena, se vuelve un infierno cuando ves a tus tres compañeros de equipo mirando para atrás, al Erreka que te adelanta y tú con el calcetín pegado a los velcros de las zapatillas.

Al final lo conseguí, nos pusimos los 4 juntos y empezamos a tirar e intentando desdoblarnos con el Erreka, cometiendo exactamente el mismo error que el año pasado: empezar demasiado fuerte cuando llevas a un tío que ha sufrido demasiado corriendo. El año pasado fue Oscar, que decidió soltarse porque vio que no iba a poder, pero este año no teníamos margen de maniobra, y después de 3 o 4 parones, cambiamos rápidamente de estrategia bajando Arias y Javi a empujar a David y yo intentando poner un ritmo por potencia un poco más constante y aguantable. Sinceramente, tampoco me vino mal, porque tenía un punto más, pero desde luego, no dos. Fuimos cogiendo ritmo poco a poco y en la parte de arriba, Arias se quedó atrás a recuperar un poco y la hicimos entre Javi y yo.

Creo que un poco antes del giro, nos pasó también el Saltoki. Pero cuando giramos, el viento empezó a dar de cara y la carretera se puso favorable, empezamos a recortarles hasta el punto de que en la cuesta hacia abajo (que se hace a 70 km/h, dando pedales y sin frenar) nos desdoblamos, aunque sabíamos de sobra que volverían a adelantarnos en cuanto la carretera se pusiera hacia arriba. Y así fue.

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La segunda vuelta fue un calco de la anterior, con la diferencia de que nos salieron 262w en la suida en lugar de los 232w del desastre de subida inicial. En amarillo, la primera, con parones, arrancadas 480, 600 w… En rojo, la segunda, mucho más constante y pudiendo acabar más fuertes.

Nos bajamos en la T2, menos ordenados que en la T1, y con mis compañeros de equipo girando la bici para ponerla con el manillar mirando hacia el pasillo: tirón de orejas por no saberse el Reglamento de Competiciones: no hace falta y es bastante incordio cuando entramos 4 a la vez. Total, que tuve que esperar a que todos giraran sus bicis, poner la mía, ponerme las zapatillas y salir zumbando para recuperar lo que me habían sacado en otro error que cometimos: salir a tope en una transición cuando ha habido uno que ha llegado muy justo. Por suerte, Javi tuvo un amago de calambre que nos hizo ralentizar el ritmo hasta que los músculos se le pusieron en su sitio. Cuando ocurrió Arias y Javi volvieron a pasar hacia adelante, pero Pardal empezó a sufrir más de la cuenta, así que volvimos a cambiar de estrategia. Pasamos Pardal y yo a marcar un ritmo que le fuera mejor. Una vez pasadas las cuestas, pasó Arias conmigo para intentar forzar un poco más hasta el final intentando limar lo que pudimos.

Al final, 6ºs. Contentos, porque a pesar de los errores, es dificilísimo no cometerlos y más cuando de los 4, sólo uno hace duatlones, creo que nos adaptamos bastante bien a las circunstancias de carrera, trabajamos como equipo, Pardal lo dio todo y nosotros le ayudamos todo lo que pudimos. Dato muy importante: el año que más hemos corrido al principio, pero el que peor bici hemos hecho (sólo 230w medios).

Por mi parte, primera competición que me ha servido para verle las orejas al lobo. Así que desde ya, a trabajar las intensidades altas en bici y en la carrera a pie.

Mi último 400 de la temporada. 4’56”77!

El sábado nadé en Sopelana el que va a ser último 400 de la temporada. No tenía claro si iba a serlo cuando lo hice, pero visto el programa de la única prueba a la que puedo ir este año, lo va a ser. Una pena, porque le estoy cogiendo un gusto brutal a esta prueba.

La afrontaba sabiendo que estaba mucho mejor que en diciembre y sobre todo que en enero, pudiendo hacer las tandas de aeróbico ligero de la última semana en 1:23. Sabía que si nadaba con un poco de cabeza, bajaba “fácil” del 5:13,96 de Logroño y que podría estar cerca del 5:05. Bajar de 5 me parecía demasiado.

Había entrenado bien los dos últimos meses, incluyendo algunos días de 2x(4×400) en piscina de 50 probando neoprenos (de esto hablaré otro día), y notaba que había mejorado mucho en saber llevar un ritmo determinado, ser capaz de cambiar, etc.

Salía en una serie con todos los participantes por debajo de 5. La estrategia era intentar pasar el 200 a 2:27-28, pero teniendo fuerzas para poder cambiar y no hundirme como me pasó en las carreras anteriores, donde el segundo 200 se me fue a 2:45. Así que,calentamiento con algunos 50s a ritmo de carrera, ducha de agua calienta para templar, gel con cafeína de 226ERS y a esperar mi turno.

Y todo salió perfecto: 4’56″77!!  El primer 100 aguantando el subidón, a 1:11, el 200 en 2:26, y emparejado con todos los compañeros de serie, pero esta vez con fuerza. Ahí llegaba el 100 clave. Empecé a perder algunos centímetros con Bruno, pero no se me iba del todo, y llegué al último 100 todavía con fuerza (aunque también dolor), tocando la pared sólo un par de segundos más tarde que el resto de compañeros… Cuando miré a mis compañeros de equipo que estaban cronómetro en mano, y me dijeron que había bajado de 5… no me lo podía creer. Tanto es así, que tuve que preguntar a todos los de la serie cuánto habían hecho :).

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Casi 18 segundos de mejora en dos meses y nadando prácticamente en negativo (2:26+2:30) em lugar del 2:28+2:45 de las anteriores carreras. Una sobrada, después de estar unos cuantos años anclado en el 1.27-1.28. Como he venido diciendo últimamente, no sé si seré capaz de trasladar la mejora a las carreras en aguas abiertas y rodeado de gente dándome golpes, pero de momento, con lo que hemos conseguido estoy muy pero que muy contento.

No puedo terminar sin agradecer a mis compañeros del equipo máster CN Judizmendi el apoyo en todos los entrenamientos y días y horas previas a las competis, y por su puesto, a nuestro entrenador Koldo Azpiazu, que tiene mucha parte de culpa en este milagro.

Sabéis que me extendería más, pero como ya es marzo tienen que empezar los problemas y han vuelto mis amigas las anginas… así que no tengo ganas de escribir mucho más. Alguno seguro que lo agradece 😉

Cpto España Triatlón Cross Castro Urdiales. GGEE. 8º 35-39

Desde que en octubre de 2013 me comprara la Giant XTC 2 de 29, tenía en la cabeza hacer un triatlón Cross. El hecho de que la bici de montaña nunca ha sido lo mío y que las pocas carreras que hay son en plena temporada de triatlón “de carretera” ha hecho dilatar bastante mi debut en esta modalidad.

Este año anunciaron un triatlón cross en Castro Urdiales el 12 de octubre. Tarde, pero fuera de la temporada, con lo que podía prepararlo un poco en condiciones. Que fuera Campeonato de España me daba un poco igual.

Así que 4 semanas antes, fui con Javi Pérez y Alberto González a ver el circuito. Tampoco era plan de hacer el ridículo en carrera, así que quería comprobar si era capaz de completar el circuito sin demasiados problemas. Para nuestra sorpresa, el circuito resultó muy duro, pero sobre todo muy técnico en la subida. Había tres rampas en las que impepinablemente me iba a tener que bajar. Todavía me sorprendió más ver que un tío como Javi, que anda un huevo en BTT, le pasara lo mismo.. así que ya veía que el tema iba a ser complicado para la gente de GGEE, que no es que esté precisamente acostumbrada a este tipo de circuitos. Para mi alegría y tranquilidad, la bajada era bastante menos técnica. Con piedras por todos lados de las que parece que te van a partir el cuadro, pero se podía hacer perfectamente montado, y algunas zonas, muy rápido.

Así que decidí que sí que corría a falta de ver cómo terminaba el duatlón de Valtierra. Como ya he contado fue un auténtico desastre por mi retirada, y según llegué a casa me apunté al triatlón, po  lo que a la vuelta a Vitoria seguí con mi intensivo de BTT, que ya había empezado 4 semanas antes, y que estaba dando buenos resultados por lo que iba viendo en Strava de mi evolución en las bajadas, Urbina, Senda de los Caballos, San Juan en el Aldayeta, etc, aunque todavía  a la mitad de velocidad que los zumbados poseedores de los KOM alaveses.

El tema en Castro Urdiales empezó a torcerse cuando se cumplieron las previsiones de lluvia. Bueno, no. Se cumplió que llovía, pero nadie había avisado el diluvio que cayó y que inundó algunas zonas del pueblo. Cuando hicimos el circuito chispeaba y ya estaba complicada la subida. En mojado, no sé los Élite, pero de los GGEE no iba a subir ni uno montado. Eso en un circuito con una sola trazada y 7 km por vuelta, con 250 participantes iba a ser un paseo de 2 km empujando la bici por el barro. Personalmente, yo pasaba de participar en eso, así que le propuse a Javi ir a comernos unas rabas al polideportivo. La salida de élite estaba aplazada hasta las 12 cuando entonces darían información. Entonces se decidió hacer un 500-8-3 eliminando la parte del bosque de la bici.

Bueno, algo es algo. El cambio tampoco me iba mal del todo, aunque prácticamente no había nadado este mes porque la natación no iba a ser decisiva con una bici de 1h20 por el monte,  llevaba  las ruedas con 2 bar justitos de presión en las ruedas, y con el barrizal que tenía que haber iba a correr con las Cascadia que había llevado de churro porque el grip de mis viejas T7 auguraba un par de patinazos, mínimo.

Así  que neopreno y a calentar. Para terminar de poner trabas, empezó a levantarse el mar, y había un meneo muy serio, que cada vez que pasabas una ola te metías un buena castañazo en la caída por el otro lado.

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Pero todo motivado de repente (¿gel de cafeína de 226ers?), me pongo en primera fila, hay un amago de salida nula, pero ya escarmentado con varias carreras en Cantabria este año, no paro y llego el tercero al agua aunque la entrada no es la más rápida de mi vida y enseguida empieza a pasarme gente.

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Antes de llegar a la boya, en una de las que estoy en una cresta de ola, veo que tengo un huevo de gorros verdes por delante. Me hundo un poco, pero me centro en intentar nadar bien, que estoy nadando como el puto culo, estirar la brazada y aprovechar la corriente y las olas que ahora sí van a ser a favor. Al salir del agua creo que estoy en el segundo grupo.

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Voy a por la bici, me pongo los guantes, las zapatillas de la mtb con media cinta de las tres que tiene y la lengüeta torcida, y arranco. Ya sé lo que toca. 2 km a muerte, bajar, y repetir. Tengo la sensación de ir subiendo con un tractor. La bici pesa un huevo, al final no nos hemos atrevido a meter más de los 2 bar que llevábamos para la zona de piedras y me noto la bici pequeña. Al llegar arriba, intento respirar un poco, pero me pasan dos y tiro para cogerles. También llega Javi por detrás, y ahora sí que me pongo a rueda. La bajada no es difícil, pero es bastante locura, con tanta gente, cada uno por una trazada distinta. No me descuelgo apenas y comenzamos la segunda vuelta.

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Me quedo cortado porque el chico de delante se descuelga de Javi, y hago toda la segunda vuelta a unos 10 metros de ellos sin poder terminar de enganchar, ni en la zona de asfalto por no tirar a una chica de élite que no me deja sitio para adelantarla (tampoco hago demasiado por hacerlo…)

Me bajo, me pongo las Cascadia con las que he corrido una vez por el monte en tres años  y salgo bastante fuerte. Son sólo 3 km así que no guardo nada. Voy pasando bastante gente pero todavía hay muchos por delante, y en el giro ya levanto un poco el pie. Las zapatillas empiezan a pesarme bastante y voy bastante asfixiado.

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Al final, 8º de mi grupo de edad. Bueno, ha sido divertido, pero no era lo que esperaba. Aun así, contento porque me he defendido bien con la bici de montaña, aunque me hubiera gustado probarme en alguna situación un poco más exigente. Este invierno le seguiremos dando caña con la gente del Vibike, que seguro que me enseñan mucho, muchísimo.

Triatlón de Castro Urdiales 2015. Crónica. 15º puesto.

Este sábado corrí por tercer año consecutivo el Triatlón de Castro Urdiales. Es una carrera que por circuito y sobre todo por fechas me va bastante mal (este año en plenas fiestas de Vitoria!!) pero me gusta, a Patri también, y es un fijo en el calendario.

Este año tampoco había competido después del triatlón de Vitoria, 4 semanas, pero me notaba muy cansado. Las últimas semanas de trabajo fueron de un estrés brutal y el fiestón del día 4 tampoco ayudó… y uno ya tiene una edad en la que cuesta recuperar de cualquier tipo de esfuerzo.

Así que con un día frío  y húmedo en Vitoria y tras 10 horas en la cama, salimos con bastante pereza y no demasiada motivación hacia Castro Urdiales. Me preocupaba bastante la bajada de Hoyomenor en mojado, pero bueno, tampoco nos jugábamos nada, así que si estaba mojado, bajar despacio y ya está. De todas formas, en cuanto pasamos Altube, ya se veía claridad en la costa, así que poco a poco fuimos entonándonos.

Al llegar a Castro, directos al parking del centro, coger el dorsal que me había recogido amablemente Ibon, preparar las cosas rápido y al autobús que nos llevaba a la otra punta de Brazomar donde me tomo el gel que nos dio la organización porque no encuentro el mío de café de 226ers por ningún lado. La salida es bastante fea, muy pegada a las rocas que vamos a tener que esquivar y yendo a una boya que parece que está lejísimos y luego rectos hacia el puerto sin ninguna otra referencia visible. La marea estaba subiendo, así que corriente en contra en la primera recta, y viento (bastante) en contra hacia el puerto en la segunda. Lo positivo es que a la vuelta desde el Pontarrón, el viento en bici iba a dar de culo, así que no había que guardar nada en la ida.

Calentamos un poco, veo dónde están las rocas y me coloco tarde y mal en tercera fila nada menos. Al principio me pongo al lado de Corujo con intención de cogerle pies, pero todavía no sé muy bien por qué, cambio de opinión y me muevo más hacia la izquierda, supongo que por evitar las rocas y me pongo detrás de Barroso, pero con más gente en medio.

Se da la salida y como era de esperar, llego tarde al agua, me tiro pronto y estoy en un barullo tremendo de brazos y piernas que se termina saldando con una patada en la boca a los 100 metros que me deja el labio hinchado para toda la carrera. Paso el mal trago como puedo y se abre un poco el panorama delante de mi. Creo que justo antes de llegar a la boya veo cómo me pasa Ibon. Entiendo que es la oportunidad que estaba esperando y me lanzo a sus pies, pero soy incapaz de seguirle ni 50 metros. No consigo saber qué es lo que me pasa en aguas abiertas. Mi cabeza empieza a llenarse en ese momento de pensamientos negativos, “hoy no es el día”, “ya nada”, “tanto madrugar para ir a la piscina para esto” pero intento superarlo, pienso en el chino, en que me gusta nadar, en que llevo un neopreno con el que da gusto estar, que estoy haciendo lo que me gusta, e intento nadar bien, fijarme en la técnica, en el rolido, en hacer brazadas más largas, doblar más el codo, y todas esas cosas que al principio de las carreras no puedes hacer porque sólo piensas en salir de ahí, y poco a poco voy remontando puestos, aunque llego bastante más fatigado de lo habitual a la escalera de subida.

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Salgo con cuidado de no dejarme los dientes en los escalones y comienzo una de las peores transiciones de la temporada: se me caen las gafas, paro, vuelvo atrás intentando que no me atropellen, las cojo, me equivoco de pasillo (sabía que era el último, pero no todos estaban a la misma altura), vuelvo a atrás, llego a mi bici, me quito bien el traje, cojo el casco y otra vez está el visor suelto. Dos intentos de meterlo y al final, igual que en Laredo, lo dejo en la caja. Con un mosqueo bastante serio ya, salgo pitando, veo a Alvarito en la línea de montaje (ya sólo me falta cagarla en el salto de la rana delante de él) salto bien, y caigo en el sitio así que pedales (he acertado poniendo el plato pequeño y fuerte hasta el cruce Allendelagua pasando gente como puedo por el poco espacio que nos dejan).

Entonces me junto con Eduardo Martín a quien no conocía de antes, y al dichoso dorsal 55, Ángel Díaz, que me amargó la carrera con una actitud tan rastrera y asquerosa como no la veía desde el Mundial de Vitoria cuando Antonio Jose Adell se pasó desde Salvatierra a Vitoria mirando hacia atrás buscando motos y poniéndose a descaradamente a rueda de otros triatletas cuando no las había.  Pues este igual. En la parte final de los toboganes, Eduardo me terminaba adelantando siempre (creo que no lleva medidor de potencia y tiene mucha más fuerza en las piernas que yo) mientras que en las bajadas le pasaba yo porque llegaba o más fresco arriba o estoy más acostumbrado a meter la misma potencia subiendo que bajando y supongo que por aerodinámica.

Cogemos a Gari Uzkudun, a Manzaneda y antes del cruce del Pontarrón llegan un 3dStyle, Juarros y un Yepá (Lekue). Tenemos bastante barullo entre tanto adelantamiento y son momentos de bastante tensión. Juarros y Lekue se van un poco, pero tampoco tengo confianzar como para salir tras ellos, así que me limito a esperar a que llegue el puerto. Sé que son 15 minutos. Soy malísimo para memorizar puertos, pero sé que lo más duro está al principio, luego afloja y luego endurece de nuevo, así que me lo tomo con calma. Veo que tal vez demasiada, porque no veo mi Joule por encima de 300w ni un instante, así que una vez he cogido un poco de ritmo y adecuado la respiración a la subida, empiezo a apretar más y voy pasando a la gente del grupo, también a Oscar Abad que iba más adelante y finalmente, me quedo con Manzaneda, que va bastante más ligero que yo y corona unos metros antes.

Creo que nos hemos cruzado con los primeros más tarde que otros años, pero he empezado a contar y en el 20 ya lo he dejado.  Tras coronar intento apretar un poco al inicio de la bajada para no perder la referencia de Manzaneda, que me puede venir muy bien en este puerto, pero en la primera curva complicada le pierdo de vista. Voy mirando para atrás para no entorpecer la bajada de nadie, pero no se acerca nadie, así que parece que no voy bajando tan mal por lo que parece. Hasta que llega el dorsal 55, y me adelanta tras gritarme/avisarme, para acto seguido invadir el carril contrario para trazar mejor la herradura complicada. Así también bajo rápido yo, colega….Un poco después llega Eduardo, al que veo llegar antes de la última herradura y le dejo espacio como puedo trazando por dentro.

Enlazo mejor las últimas curvas y nos lanzamos ya hacia la rotonda de Guriezo. Ya he pasado lo peor, sólo he perdido dos puestos bajando y aunque no vamos a coger a nadie ya por delante, hay que apretar para intentar remontar corriendo. Sé que vamos a tener el viento de culo desde el cruce así que ya no hay miedo a nada. Apretar hasta el final. Recorto la distancia que me separa del 55 y Eduardo. Pasa el 3dStyle, Eduardo se pone de nuevo primero y el 55, previa mirada atrás, sale literalmente a su rueda. Miro hacia atrás a ver si de una vez una moto le saca una puñetera tarjeta.   Veo a Gari, que sigue unos metros atrás, pero no hay motos que le hayan visto. Pasado menos de un minuto nos pasa una moto a toda velocidad, pero no le sacan tarjeta, así que hasta aquí hemos llegado. Tras terminar el primer repecho largo, cambio de verdad y aprieto para ponerme primero y no dejar ese puesto hasta boxes. Ese tramo sí que me lo conozco bien y puedo hacerlo a tope con el viento de culo y aprovecho para terminarme el bidón de Enery de 226ers, dejando el gel para otro día.

La entrada a Castro tiene bastante peligro ya que nos han dejado desde la rotonda de Allendelagua la mitad del carril izquierdo y no hay manera de esquivar alcantarillas, baches etc. Pero voy lanzado y ya no voy a parar, así que me agarro bien fuerte al manillar y aprieto los dientes.

Aguanto mucho hasta descalzarme, tanto que no me da tiempo a hacer el cruzadito porque se baja antes de lo que yo pensaba, pero tras una ligera derrapada delante de Alvarito, bajo sin perder tiempo y me noto con las piernas bien.

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Calcetines, de nuevo las T7 tras las malas experiencias de Laredo y Vitoria con las Adios con gomas y el test que hice en Miñano (publicaré resultados cuando tenga tiempo) y a correr. Busco a Patri, me canta el 22… Bueno. Era lo que me esperaba tras Hoyomenor, y más o menos como todos los años. Pero creo que me da tiempo a remontar. Pongo mi ritmo crucero de 3:35-3:38 en el que me encuentro muy cómodo en esta distancia y empiezo a buscar objetivos en el horizonte. De la gente que iba por delante en bici hay gente más pesada que yo que creo que pueden caer, pero en el primer cruce en el espigón (gracias a Dios más corto este año) no se ve a nadie flaquear todavía. Pero como siempre, el 10k del olímpico sin drafting se hace muy largo, así que paciencia.

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Poco a poco voy recuperando puestos, no estoy para cambiar y correr a 3:30, pero creo que sí que puedo mantener este ritmo. El top10 está imposible así que habrá que ir a por el 15, que tampoco está mal. Busco con la mirada de nuevo a Adrián en cada paso para que me dé un poco de fuerza, pero además hay mucha más gente animándonde… De Vitoria, conocidos de Castro, los suegros, gente que no me conoce pero me aplaude… Sé que el parque del final de Brazomar también se hace complicado, así que no me cebo demasiado.

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Van pasando los kilómetros y ya voy pasando a gente como Victor Manuel González, y en el úlitmo kilómetro adelanto a Gurutze, que había salido 5 minutos antes, lo que me da la oportunidad de ir durante unos metros detrás de la bici aunque no sea la mía.. trayéndome a la cabeza los inolvidables kilómetros del triatlón de Logroño del año pasado.

Tengo cuidado de no pasarme el cruce de meta, y saludo al público, choco las manos a los niños y esta vez sí, voy donde Patri y Adrián para saludarles, aunque con un ojo puesto siempre atrás.

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Al final, puesto 15º, igual que el año pasado, pero con mejores sensaciones. Mucho que analizar, pero creo que una buena carrera en general en una semana complicada, yendo de menos a más, como lo he hecho casi siempre. No obstante, creo (y espero) que la carrera buena-buena de este año todavía está por llegar.

Triatlón de Gorliz. Previa. Empieza la temporada de verdad.

Se acabaron las pruebas, los test (tengo una entrada pendiente respecto a los de natación), simulacros, competiciones por equipo y demás historias que tanto me gustan y me entretienen en el periodo previo a las competiciones. Llegó el momento de plasmar todo el trabajo en resultados en las carreras. Siempre he dicho que seguir mejorando año a año me motiva incluso más que las carreras y es lo que me empuja a madrugar, a entrenar cuando a veces no apetece demasiado, a sacrificar algo de tiempo con familia y relaciones sociales. Este año he conseguido mejorar en las tres disciplinas, pero si no consigo trasladarlo a resultados, evidentemente no estaré contento.

Después de mucho pensarlo, el triatlón de Gorliz será la prueba escogida para debutar. El sitio donde veraneaba algunos años de crío, donde hice mi primer triatlón sprint en 2003 (que no mi primer triatlón), donde no corro desde 2009  y donde compartiré arena con 450 triatletas. Arg…. Dichosas salidas masificadas para nadar 750m.  No es la distancia que mejor me va pero tengo ganas de ver si, como decía más arriba,  la mejora de la natación se traduce en salir de una dichosa vez con el segundo grupito del agua en una prueba del circuito vasco. Si no lo consigo estará la carrera perdida, así que me olvidaré de tácticas y me dedicaré a intentar pasármelo bien en la bici y apretar como siempre corriendo. Sin presión. A disfrutar!!

Duatlón contrarreloj por equipos de Egüés 2015. Crónica y Análisis.

Toca la Crónica de Egüés. Cómo cuesta escribir las crónicas de las carreras que no te han dejado buen sabor de boca… Pero hay que estar a las duras y a las maduras, y de estas cosas se aprende, y mucho, así que ahí vamos.

Teníamos mucha ilusión puesta en esta carrera. Teníamos un equipo de 6, relativamente compensado en la carrera a pie y bastante potente en la bici. Así que el objetivo era correr cerca de 3:30, llegar más o menos enteros a la bici, pasar la primera subida todos juntos y a partir de ahí, relevos de 10-15 segundos siempre que el sinuoso terreno del Valle de Egüés lo permitiera, para acabar corriendo en plan “sálvese quien pueda”. Antes de la salida, Ciro puso un poco de cabeza fría en medio tanto entusiasmo y nos recomendó salir un poco más despacio, a 3:40 para que no nos pasara la del año pasado.

Por mi parte, como conté en la previa, llegaba con el gemelo derecho muy justo, sin correr en tres semanas, salvo una pequeña prueba de 5 km unos días antes de la carrera que no salió nada bien. Así que mi objetivo era llegar como fuera a la T1, darlo todo en bici y ver qué pasaba en el último tramo corriendo. Hice un calentamiento muy corto y muy suave y me tomé el gel de café de 226ers. Si mi gemelo tenía 5-6 km de vida, tampoco era cuestión de malgastarlos calentando, sobre todo si no salíamos a tope.

Nos colocamos en la salida, perfectamente ordenados por parejas y allí vamos. Esta vez preferí no tirar yo. Cuando me pongo un dorsal no sé ir por debajo de mi ritmo, así que me puse en la cola para controlar el grupo, gritar a los de delante y empujar a quien lo necesitara.

Sin embargo, me costó muchísimo arrancar. Los primeros 500 metros se me hicieron durísimos, probablemente por no calentar bien, me entraron todo tipo de dudas, hasta que un poco después ya empecé a encontrarme mejor.

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El primer kilómetro lo pasamos a 3:40. Era ligeramente hacia arriba y con viento de cara, por lo que el íbamos según lo previsto. Segundo kilómetro, más favorable, a 3:28/km, pero el km 3 ya se nos fue a 3:44, con Oscar empezando a pasar problemillas que intentaba solucionar con el empujoncito del dedo.

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Creo que es por eso que el pulso sí que lo llevaba alto. Como dije el año pasado, parece que no, pero dejar de bracear para poner tu dedo en la espalda del compañero, cansa y mucho. (Una vez más, la importancia del braceo en la carrera a pie)

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Llegamos a la transición, de nuevo perfectamente ordenados, salgo el primero a pesar de entrar penúltimo pero mis compañeros comienzan a gritarme. No entiendo muy bien lo que dicen. La tapa, la zapa…. Miro hacia atrás y veo que la zapatilla de correr se me ha quedado pegada al velcro de la zapatilla de ciclismo que está en el pedal con las gomas (increíble), así que me tengo que parar, dar la vuelta con la bici en la mano, soltar la zapatilla del velcro y dejarla en su sitio.

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Vuelta a arrancar y ahora ya voy el último. Salto de la rana, que hoy sí sale bien (es lo que tiene practicar las cosas) y a dar pedales. Me pongo a cola del grupo, digo que ya estoy y Rubén empieza a tirar en su línea… O sea, fuerte. Nos ponemos a la par de un equipo, pero no terminamos de adelantarles. Doy un grito y digo que ahí no nos podemos quedar, así que pegamos otro apretón, que yo creo que es el que termina de machacar a Oscar que decide descolgarse para no frenarnos y empieza a hacerle daño a Mendes.

Mis relevos lo doy cortitos, (se ven los picos en la gráfica) no me veo muy fino de momento, y terminamos sin piñones (menos mal que puse el 25) haciendo la subida detrás de Rubén. Llegamos arriba, esperamos un poco para reagrupar, y ahora sí, me pongo a tirar fuerte. Pero duro muy poco porque a pesar de ser terreno favorable, Mendes se ha vuelto a quedar. Nos entran las dudas. Esto no estaba en el guión. Pensábamos que una vez arriba ya iba a ser imposible quedarse, pero estábamos equivocados. Seguimos así, entre que “espera que llego”, “levanta que se queda”, “déjame que recupere” y “dale ahora que ya estamos”, hasta el giro del km 10,5 en el que ya Mendes decide quedarse del todo. Quedamos 4: Rubén, Arias, Javi y yo. Ya no podemos fallar ( a todo esto yo llevo los gemelos sin ninguna molestia y ni me acuerdo de ellos). Empezamos a pasar con más fuerza aunque en mi opinión con los relevos demasiado largos para intentar recuperar lo que sabemos que hemos perdido.

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Llegamos fuertes abajo, transición rápida y a correr.watios

Promedio de 245, 268 normalizados y 168ppm. Pulso alto para poquitos watios y donde se ve que el principio de la primera subida se nos fue de las manos.

Salimos rápido, me pongo a tirar, pero de repente Rubén dice que se ahoga y no puede respirar, así que levantamos de nuevo el pie. Una vez pasado el primer kilómetro, con el terreno más favorable, parece que ya se recupera un poco y volvemos a bajar de 3:30, pero en el tramo final es Javi, que hasta entonces parecía que iba sobrado el que empieza a pasar por problemas, y terminamos haciendo el último 500 a ritmo de 3:37.

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Total, que quedamos 5 quintos. De los que dije en la previa que estaríamos en la pomada, últimos. Quintos en el primer parcial, a 30 segundos del Saltoki, cuartos en la bici y segundos en el último parcial a pie, que es el único en el que estuvimos al nivel de los de delante.

Esta disciplina es complicadísima. Sabíamos que individualmente no estábamos mejor que el resto de equipos, pero confiábamos en que trabajando seis como equipo podríamos compensar ese déficit que teníamos (como el Atlético de Madrid contra el Real Madrid, vaya). Pero ya hemos visto que hace falta que el grupo sea muy parejo, más de lo que demostramos ser el sábado, para intentar optar a puestos más delanteros, porque la diferencia sigue siendo grande. Que la gente anda mucho!! Y por último, que hay que tener más de un plan, porque normalmente pasa, que no todo sale según lo previsto. Hay que tener todas las opciones en mente, para no pasarnos 8 km dudando. Tal vez nos faltó algún entrenamiento juntos en la carrera a pie, pero bueno, no tenemos que olvidar que somos un equipo con gente con bastante obligaciones, horarios de trabajo complicados y diversos y hacemos lo que podemos. El equipo en general es nuevo y nos falta conocernos un poco mejor en situaciones límite.

También tenemos gente joven, con poca experiencia en este tipo de carreras, pero con muchísima ilusión por hacer las cosas bien y al final nos terminarán saliendo las cosas. Así que, no pasa nada. A pesar del regustillo amargo que nos dejó la carrera, porque como equipo Vibike no busca puestos ni marcas por encima de cualquier otra cosa pero a todos nos gusta quedar lo mejor posible, lo pasamos muy bien las semanas previas, todo esto nos ha unido como grupo, hemos reaccionado muy bien y seguimos aprendiendo y mejorando.

En Senpere lo volveremos a intentar.