Vuelta a las competis.

Después de ponerme sólo un dorsal en 9 meses, necesitaba competir. En lo que fuera. El otoño está siendo complicado. No termino de remontar. Las bacterias, virus, etc, me han dejado con poca capacidad de asimilación de cargas de entrenamiento, y en cuanto “me paso” un poco, lo pago con unos cuantos días seguidos de fatiga, catarro, tos… Lo que sea.

Hace 10 días se presentó la primera prueba de la liga Norte, en Anaitasuna, con un 800 y un 200. Me pilló a contrapie. Tanto que no tenía ni el reconocimiento médico hecho. Me lo hice en el mismo día y gracias a la eficiencia de Uxue pudimos tramitar la licencia.

Solventados los temas administrativos tocaba ver cómo estaba. No he hecho nada de TOLAs, ni rotas ni nada, así que hice un 16*50 rec15”. 10’20”. Bueno, no iba mal, pero 15″ creo que son muchos segundos. Así que el objetivo  que me puse era al menos igualar el paso del 800 en el 1500 del año pasado en la misma piscina pero en diciembre (10’31”).

En el calentamiento no me encontré del todo mal, haciendo 50s en 38 alto sin muchos problemas  pero todavía con fatiga del viaje en el día a Frankfurt el martes sin apenas haber dormido por la tos, no estaba para excesos.

Tenía a mi lado a Javier Ruiz, record de España de M55 en 400, 800, 1500 y 3000 y que ya sé perfectamente cómo nada. Así que la estrategia era frenarme para no ir por delante en los primeros 200m y después, olvidarme de él.

Y eso fue exactamente lo que hice. Salí bastante bien, iba muy muy fácil (lo que es la adrenalina de competición), tanto que hasta salía de los primeros virajes con patada de mariposa y me iba frenando. La consigna al equipo que me seguía desde el bordillo era que iba a pasar el 200 en 2’30, y luego intentar ir a 1’20”. Si me iba, avisarme, pero si no reaccionaba, era que no podía más y dejarme tranquilo.

Y todo fue perfecto hasta el 500. A partir de ahí, dolor de brazos que coincidió con las primeras señales para que apretara. Intenté hacerlo, lo que sirvió para no irme del todo del objetivo del ritmo, quedarme en dos 100s a 1’21 y poder hacer el último otra vez en 1’20”, para un 10’31″47 llegando muerto, pero con el objetivo cumplido y muy contento.

Creo que con cuando empiece la intensidad en los entrenamientos, AM, TOLA, MPLA, etc, y la ayuda de bañador nuevo (los triatletas que me leéis no me creéis, pero ayuda un huevo) puedo mejorar mi 10’18” de enero febrero de 2017 en Mallorca. Al fin y al cabo, “sólo” son 2 segundos el 100… :). Lo que no sé es cuándo se presentará esa oportunidad.

Como fin de fiesta, me quedaba un 200 una hora después. El objetivo en este caso era no hacer mi peor marca y a poder ser no quedar el último de la serie, aunque iba con el peor tiempo.

Me resbalé en la salida (y eso que salí con los dos pies juntos), aunque por lo que parece no se notó demasiado a pesar de que también noté cómo se me hinchaba el bañador. Aunque iba frenando, notaba fatiga ya en el 100 e iba el último. Por fortuna, me quedaba algo de cambio, ( o esa impresión me dio) y el compañero de al lado pegó la petada más gorda que he visto nunca en un 200, así que llegué animado al final, para marcar un 2’21″81 (1’08+1’12) y no ser el último.

Como he dicho antes, contento. No por el tiempo en sí, sino porque parece que la “inversión” de tiempo en la mejora de mi técnica tras mi paso por el Swim Camp Getxo, principalmente en la patada y en el agarre con el brazo izquierdo (aunque me ha costado una tendinitis que ya va mejor) parece que va dando resultado.

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Recuperado de la No Anemia (bacterias, virus..)

Otra entrada más con función de diario, que es la principal misión de este blog, y también para informar, principalmente a los que se han preocupado por mí y me han dado sus diagnósticos y consejos desinteresadamente.

Parece que por fin he puesto punto final a la pesadilla de este año. He dado bastante vueltas este verano, rebotado de médico de cabecera a médico de cabecera, cada uno con diagnóstico distinto, hasta que a final de agosto fui a un médico de medicina interna que me hizo unas analíticas con algo más de rigor y seguimiento y parece que ya está todo arreglado.

No me gusta quedarme en “ya está curado”. Cuando pierdes una temporada entera después de otra sin haber podido correr, ahogado en impotencia, al menos yo, necesito saber qué ha pasado.

En julio me quedé en que lo que al principio era una anemia, luego resultó que era un problema de ferritina alta que era lo que me provocaba el cansancio.

Pero luego resultó que me hice otra analítica más completa a final julio y, además de la ferritina que seguía alta, me salieron anticuerpos de todo tipo, incluidos los de la mononucleosis. Por otro lado, el ASLO, indicador de la presencia pasada del streptococo A, también seguía muy alto, a pesar de que en teoría habíamos acabado con él hacía 8 semanas, ya que en el frotis faríngeo de este mes no habían aparecido bacterias.

Así que me fui de vacaciones con la idea de parar del todo, descansar, recuperarme y volver a poner el cuerpo en su sitio.

A la vuelta, el ASLO seguía alto, y la correspondiente médico de cabecera me recetó una inyección de penicilina de 1.200.000 unidades a pesar que en principio no había bacteria… tratamiento “old school”. Tanto, que ni en la farmacia tenían dosis de esas y la enfermera ya ni se acordaba de cuándo fue la última que puso. Total, que después de hacerme ver las estrellas con la inyección, tener dolor en el glúteo durante 4 días, y sufrir los efectos de un antibiótico en tu cuerpo “de gratis”, el ASLO no sólo no había bajado sino que había subido..

Por fin, me tocó la hora que tenía con el médico de cabecera. A todo esto, las amígdalas no estaban en su sitio todavía. Aparte de análisis de sangre (donde vimos que la ferritina seguía alta pero ya empezaba a bajar y el ASLO había subido), me hicieron otro frotis de faringe, donde apareció una nueva bacteria : esta vez.. .el haemophilus influenzae. La pregunta es: ¿estaba antes? ¿estaba tapado? ¿por qué no había salido en otros frotis? No me la han sabido responder, pero sí parece que podría ser la causante de que la garganta siguiera inflamada/irritada, y esto causara que mis niveles de ferritina también estuviera  altos. Y,  ¿cómo es posible que haya podido entrar todo esto en mi cuerpo? Pues fatiga general, estrés… Lo de siempre. Cansancio general que te deja con las defensas bajas. Algo parecido a lo que describe Diego Paredes en su blog: Seyle

El caso es que después del correspondiente antibiótico, yo me encontraba mejor y en el subsiguiente frotis ya no apareció. Acabo de hacerme un análisis de sangre 4 semanas después de acabar con este antibiótico y parece que ya está todo más o menos en orden. A pesar de que el ASLO sigue alto, la ferritina ya está casi en niveles normales (indicador de que los procesos inflamatorios ya han remitido) y la garganta la noto normal.

En este último mes me he encontrado mejor. He empezado a entrenar con cierta consistencia, sin mucha intensidad y las sensaciones son buenas.

Estoy nadando relativamente bien. No creo que vaya al Campeonato de España de invierno de este año, pero me gustaría foguearme en algún 400 de la liga norte y en algún 1500 si alguien lo organiza por aquí.

En bici he estado haciendo ajuste en las posiciones todas las bicis y creo que es la primera vez que ya tengo todas ajustadas en octubre sin ningún cambio a la vista.

Y por fin, estoy corriendo. Me gustaría correr la Media Maratón de Vitoria que no corro desde 2014 entre pitos y flautas, y algunas carreras populares sin demasiadas pretensiones. Pero de momento, voy a esperar para apuntarme que todavía queda tiempo de romperme por algún sitio.

Respecto al triatlón: no tengo ni idea de lo que haré. Voy a hacer mi enésimo intento de control de cargas de entrenamiento y planificación. Esta vez de forma manual (excel) y con Stravistix. A ver si me entra en la cabeza que es mejor competir “despacio” que no poder competir. Respecto a las pruebas, una vez borrado el triatlón de Vitoria del calendario, me olvido definitivamente de la media distancia y la idea es hacer sólo sprints y olímpicos (que es lo que realmente me gusta y cuya preparación me genera mucho menos estrés) y no apuntarme a ninguna carrera con más de 3-4 semanas de antelación. Aunque parezca mentira, creo que es posible.

El problema es la ferritina alta.

Actualización: por lo que parece, lo que me pasa no es técnicamente anemia, ya que entre otras cosas, tengo la denominada “línea roja” bastante bien. Parece que el problema radica fundamentalmente en el nivel tan alto de ferritina (al contrario que en 2013, que sí estaba en su sitio). Curiosamente, los síntomas coinciden con los de la anemia.

Por seguir con el diario, que es la principal función de este blog, y también para informar, principalmente, a los que se han preocupado por mí y me han dado su diagnóstico, ya tengo los resultados de la repetición de la analítica que me hice el día 6 de julio, cuando llevaba una semana sin entrenar pero seguía tomando hierro, con esperanza de poder llegar a salir en el triatlón de Vitoria.

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Como se puede ver, tras esa semana de descanso, el hierro sérico ha subido y aunque bajo, está dentro de los parámetros “normales”, pero la ferritina está todavía más alta.

Mi última intención aquí  es dar lecciones de medicina. Respeto mucho las profesiones de cada uno, pero cuando uno cree que no le atienden bien, creo que tiene derecho a pedir más opiniones. Tengo suerte de haber recibido opiniones de médicos y dietistas deportistas, y parece que la opinión generalizada es que tengo una intoxicación de hierro. Realmente, no está muy claro si la ferritina ha provocado alguna inflamación (garganta) , o las inflamaciones han producido el aumento de la ferritina.

Probablemente, mi carga de entrenamiento físico, que raramente llega a las 8 horas por semana, no da como para tener que tomar suplementos de hierro y, por otro lado, entrenar con mucha fatiga acumulada (provocada por esos esfuerzos que no se reflejan ni en Training Peaks ni en Strava) haya provocado un desarreglo en mi cuerpo con defensas muy bajas, que  me han hecho demasiado vulnerable a unos cuantos virus que se han paseado libremente por mi cuerpo, y en resumen, he petado.

Parece mentira, con la de veces que he mencionado esta fatiga, estrés, etc en los únicos posts que he escrito este año, que no haya sido capaz de autoconvencerme de que había que cambiar algo, llevarlo de otra manera, pero supongo que la ansiedad, o más bien, ganas por volver a  competir, a sentirme triatleta, han podido conmigo y la he cagado. El otro día leía creo que a Gorka Bizkarra que no hay errores sino lecciones aprendidas. Bueno, no lo comparto. Hay errores, yo cometo muchos, y este ha sido uno de ellos, pero por supuesto hay que aprender de ellos.

He parado casi completamente desde el día 6 de julio. No porque quisiera, sino porque no tenía ni ganas ni fuerzas de moverme. Sólo algún paseo a 25 km/h, un par de ellos con Adrián a 11, y todavía  me inunda una sensación de incredulidad. ¿Cómo es posible que hace 3 semanas pudiera hacer 5×20 min a 260w acoplado en la cabra, 3 de ellas dolorido tras caerme y ahora me encuentre así?

No termino de encontrar una explicación. Simplemente, he reventado y se acabó. Me voy 2 semanas de vacaciones, voy a intentar descansar todo lo que pueda, intentar activar el cuerpo de nuevo, y empezar a preparar 2019.

No sé si haré triatlón o sólo nadaré, correré, o qué voy a hacer. Sé que tengo que cambiar cosas en la forma de entrenar (que es la única forma en la que concibo hacer deporte), pero de momento, lo único que quiero es volver a sentirme bien, fuerte, rápido,  encontrarme con mi cuerpo.

Tengo muchas ideas y cosas que quiero hacer en la cabeza, pero todas pasan por estar bien. Así que paciencia, una vez más, empezar poco a poco, subir las escaleras de escalón en escalón y disfrutar de cada paso del proceso.

 

Vitoria 2018. Anemia. DNS.

No corro. He mantenido la esperanza y la ilusión hasta el último momento. He hecho todo lo que podido para volver a correr en casa, pero otra vez tengo que asumir las cosas como son y pensar con la cabeza. Así que me sumo a la larga lista de compañeros que no podrán correr en casa este año, pero para mí ya son dos seguidas.

La semana pasada uno de mis más fieles lectores me decía que la crónica del Onditz no transmitía mucho optimismo. Y era así. Sabía que algo no estaba bien, que no me encontraba bien, que no era normal que tuviera tanto cansancio, que hubiera más crónicas de retiradas y “no presentados” que de carreras desde febrero… Y este jueves me confirmaron que tenía anemia, otra vez.

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Esto explica muchas cosas, realmente casi todo y por un lado me tranquiliza. No lo hace tanto el hecho que tenga esos valores de hierro tan bajos a pesar de haber estado tomando hierro de forma más o menos continuada desde enero… Así que hay que seguir haciendo pruebas. Por lo tanto, una vez más, parar.

He estado planteándome salir mañana coger el autobús, nadar y coger la bici y ver hasta dónde podía llegar… Pero creo que no merece la pena. No voy a nadar bien, me van a pasar por todos lados y va a suponer un esfuerzo que me puede costar semanas recuperar, como he visto después del Memorial Onditz.

Si se está enfermo, se para y punto.

Creo que no iré a la salida, Tampoco hay que torturarse innecesariamente. No quiero tener ese recuerdo en la cabeza cada vez que pase por allí con la bici, que son unas cuantas al año. No quiero ver mi box vacío, ni oir mi nombre por la megafonía sin poder salir.
Sí estaré en el centro con Adrián animando a todos, conocidos y no, intentando enseñarle lo que son las carreras y todo el esfuerzo que hay por detrás de ellas.

No se termina el mundo, es una carrera más, etc. pero muy poca gente sabe lo que me puede doler esto. Pocas horas de entrenamiento (que para mí son cualquier cosa menos sacrificio), pero muchas de pensamientos, visualizaciones, análisis de datos, intentos de planificación y muchas, muchas vueltas para intentar llegar a hacer lo que no me da tiempo a hacer.

Y de nuevo, punto y aparte. Pararé un poco y volveré a empezar poco a poco. No sé si volveré a Media Distancia. Me supone un estrés y un desgaste que no sé si merece la pena. Siempre he pensado que mi distancia es la Olímpica. Esta decisión estaría más que tomada si en casa no estuviera el mejor MD de España. Lo maduraré durante el verano. Pero sigo teniendo ilusión y ganas por seguir mejorando la natación (en piscina y en aguas abiertas), por volver a andar fuerte en bici, seguir experimentando con la aerodinámica y sobre todo por correr como corría antes de la pubalgia, así que volveremos a vernos.

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Crónica Memorial Onditz 2018. El retorno. 42º.

El domingo pasado, por fin me volví a poner un dorsal en un triatlón. Se dice pronto, pero después de un año entero sin poder correr y otro de “rehabilitación” donde no he tenido más que paradas y arranques sin ninguna continuidad lo veo como un éxito. Tras decidir no ir a Senpere la semana previa a esa carrera y no participar en Aritzaleku la misma víspera, estar en la salida era el objetivo principal.

Iba razonablemente bien, con tandas de 400 en piscina de 50 a 1’21-1’22 con neopreno(s) a menos de  145 ppm, algunas series buenas en bici hasta que alguien cruzó una manguera en Ozaeta a las 8:15 de la mañana del domingo en mitad de mi segunda serie a 260w y no pude ni frenar ni pasarla y salí volando aterrizando con el costado derecho. Aún así, me levanté y completé las 5 series previstas a esos watios.

Me faltaba confianza ( y bastante más) en la carrera a pie así que el martes, hice otra buena bomberada, que fue salir a coger confianza en series de 2k a 3’35-3’40.. A 33 grados y sin beber en toda la mañana. Eso no podía salir bien y no salió bien. Volví a la oficina arrastrándome a 5’30 / andando y una flojera de pelotas. Una imagen de lo que está siendo este año, intentarlo de cualquier manera, pero hay veces que es mejor no hacerlo, que hacerlo mal.

Total, que a pesar de que el sábado estaba bastante cansado, el domingo me encontraba bien a pesar del madrugón y de dormir fatal y fuimos a Donosti.

Como me esperaba, una vez allí me tranquilicé un poco. A pesar de todo el tiempo pasado sin verme en una situación así y de 5 años sin correr en Donosti, todo allí me resulta familiar y me encuentro muy a gusto. Saludos a conocidos, conversaciones con los compañeros de equipo (algunos de los cuales no conozco, cosas de entrenar siempre sólo) y al agua a calentar.

Me tomo un gel de 226ers con 100mg de cafeína para activarme un poco, dejo otro sin cafeína para correr junto a las zapatillas y me meto al agua. Noto bien el 3.8 (que tras tropecientas pruebas ha sido el escogido para competir) , pero sigo notándome perezoso.

Hago un simulacro de entrada con delfines y me retiro para intentar coger sitio. Esta decisión que casi siempre hago mal y que define muchas cosas en las carreras. Me pongo al lado de Haritz Garate. Creo que debería ser capaz de aguantarle a pies, pero también sé que no suele ser fácil encontrar los pies que quieres para cuando llegas al agua. A la derecha tengo a Castro y a los australianos.

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A partir de ahí, mantener la calma sin dormirme y que no se me pongan delante.

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Se da la salida, creo que reacciono bien, pero tras un par de codazos en la carrera hasta la playa, llego (otra vez!!) en cuarta fila al agua. Blandito. Muy blandito. No era lo previsto, pero no le doy más vueltas. Ni delfines ni leches y empiezo a nadar. A pesar de que creo que voy fuerte no consigo enganchar pies por delante y de vez en cuando me pasan por los lados. Me desanimo un poco, pero intento mantener la orientación, veo la boya perfectamente, y no perder la calma. Me da la impresión de que llevo bastante gente por delante, pero no tanta como para venirme abajo. Espero al giro y a partir de ahí a mantenerme. Como siempre, todo se estabiliza ahí y me noto más cómodo. Intento no perder la concentración y nadar bien sin perder pies. Vamos un grupo grande (todavía no sé con quién) y hay que estar fino en la transición.

Me pongo de pie. La gente empieza a quitarse el neopreno en cuanto se incorpora. Yo tengo la bici a un minuto corriendo, así que ni lo intento. Sólo mantenerme de pie y empezar a correr cuanto antes. Aún así, me adelantan Kareaga y Fuentes. Bueno, creo que tendría que haber estado más adelante en condiciones normales, pero no es para nada mal grupo, así que de nuevo, concentración. Corro por mi pasillo (por un momento me entran dudas de no haberla cagado, y después de no haberme pasado) hasta que por fin llego a mi bici. Me pongo el casco mientras me quito el neopreno con los pies, cojo la bici y salgo detrás de Kareaga. Vamos a hacer el salto de rana cuando un chico de Lekeitio falla y se cae en la mitad de la carretera. Kareaga le esquiva, pero yo estoy más lento y no salto hasta que no se reincorpora. Acierto bien con las zapatillas, pero con muy poca inercia. 5 segundos perdidos y adiós grupo. Me quedo sólo y a pesar de ir fuerte ( 3 minutos a 320w y 170 ppm) cada vez se me van más, así que me limito a mantener un ritmo constante, ver si no se entienden por delante, o llega alguien por detrás.

Subo Berio a 345w, y no se produce ninguna de las dos cosas.

En la subida de Zuhatzu (366w), por fin viene por detrás un grupo bueno con Illaramendi, Ugarte, Gondra, Loizaga… Doy todo lo que tengo para enganchar y no quedarme. Bajo a unos 10m porque no me acuerdo si había badenes o no, sabiendo que en Añorga tengo algo de margen para recuperar. A partir de ahí, lo de todos los años. Empezar a colaborar en los relevos e intentar que todo el mundo pase. Cuando vas en el puesto 50 no tiene mucho sentido andar regateando. Hay que ir hacia adelante como se pueda y la colaboración en este caso es más o menos buena.

Comienza la subida desde Orio e Illaramendi, Ugarte, creo que Loizaga  y otro chico salen más fuerte. Intento seguirles, pero veo 450w durante varios segundos y decido seguir a mi ritmo. Hacia mitad de la subida me recogen un Gondra, Arrieta y un TKronos que habían iniciado la subida algo más despacio y hacemos la ascensión hasta arriba juntos a unos 325w.

En la parte de arriba paso algún relevo por vergüenza y cuando empieza la bajada de tramo de peor asfalto , me acuerdo de que Iñaki Moya me ha dicho que está bastante mal, no hay nada de visibilidad y no arriesgo. Una vez llegado a Igeldo aprieto un poco más, cojo a Arrieta y a un grupo de chicas con Itsaso Leunda y Amaia Ostoloza. Adelanto como puedo y empiezo el tramo de las curvas peligrosas. Me lo tomo con calma. Tanta, que las chicas me piden paso a gritos (unas con más educación que otras) en medio de la trazada de la herradura. Ya en Ondarreta las vuelvo a adelantar y disfruto del último tramo en solitario. El día es espectacular, está lleno de gente y podría ser un día perfecto para una remontada a pie como las que hacía antes… Pero ya sé que eso no va a ser posible. En cuanto me bajo de la bici confirmo que mis piernas están tocaditas y no voy fino.

Pongo la bici girándola delante de mi juez favorito ;), me pongo los calcetines con calma, el dorsal, cojo el gel de mango y salgo. Hace mucho calor, así que importante coger todo el agua que se pueda y encontrar un ritmo sostenible.

Miro el 935 (qué diferencia para correr con el 920) y veo 3’45. Bueno, ni tan mal. Creo que ahí voy a poder aguantar. Pero tengo más claro todavía que de ahí no voy a poder bajar con la pesadez de patas que llevo, así que una vez más, concentración, fijarme mini-objetivos y no petar.

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En el último kilómetro, intento cambiar un poco de ritmo. Creo que me queda algo. No he sentido esa sensación de agonía que llevas cuando vas al límite (aeróbico?), pero sentía que no tenía fuerzas para ir más rápido. Así que arriesgo un poco y cambio.. .Tampoco demasiado, pero por lo menos para demostrarme que puedo hacer el último kilómetro por debajo de 3:40.

Llego a meta. Me corto bastante y no hay celebraciones de ningún tipo. No sé si la fatiga, el entorno ñoñostiarra, o no estar del todo a gusto con la carrera, pero entro como si fuera una carrera más.  Me siento más liberado que contento por ver que soy capaz de competir. Ha sido más un “por fin”, que un “qué bien”… Espero que a partir de ahora todo salga con más fluidez.

Análisis:

Por parciales.

Natación.

Puesto 64. Me sale a 1’26″/100 según el GPS. Mal puesto, a la cola del primer pelotón grande, pero uno de mis mejores ritmos en competición. O sea, que sigo sin sacar lo que creo que tengo, pero es bastante mejor que los desastres de 2016 en Lekeitio y Ondarroa, por ejemplo.

Ciclismo.

A pesar de todo, en la línea de otros años.

Subida 2012 2013 2018
Berio (2’) 380 350 345
Zuhatzu (3’) 360 350 366
Orio (15’) 328 316 323

Al final, 258w, 291wn y 160 ppm. Mejor que mi última participación en 2013 (que fue una cagada), casi igual que en 2012 donde mejor lo hice y exactamente igual que en mi último triatlón, en Colindres 2016. Contento.


Carrera a pie.

Constante. Lento, pero constante. No tenía fuerzas ni ritmo para más. Parcial 36 a 3.43. De los peores en mucho tiempo. Pero por lo menos corrí y remonté algo para terminar en el puesto 42º.

 

Quería saber donde estaba. Ahora ya lo sé. De aquí en adelante, a intentar mejorar.

Otra recaída. Herramientas para evitarlo. Training Peaks y pulso

Otra entrada más, segunda consecutiva que tenía que ser una crónica de mi vuelta al triatlón y que se ha convertido en un nuevo parte médico. De nuevo mi garganta, mi punto débil, o la señal de alarma que se activa cuando mi cuerpo detecta que algo no va bien.

De momento parece que la cosa no va a ir a más y se va a quedar en una inflamación sin infección pero que me ha obligado a levantar el pie, una vez más y renunciar a mi primera inscripción ya pagada de este año en Aritzaleku (y segunda carrera tras Senpere). De esta forma me planto en la primera semana de junio sin ponerme un dorsal en todo 2018.

Este año está siendo mucho más complicado de lo que pensaba. Podía pensar que iba a costarme más o menos volver a coger ritmo y fuerza en bici, velocidad corriendo, pero con lo que no contaba era con lo que me está costando encontrar un mínimo de consistencia entrenando.

Este año me he suscrito por primera al programa premium de Training Peaks para controlar las cargas de entrenamiento. Es un sistema que conozco desde 2008  pero que no me terminaba de convencer porque no controla todos los factores externos que afectan a la mayoría de triatletas no profesionales: estrés, fatiga laboral, problemas personales, insomnio, enfermedades, etc. Pero este año, consciente de que iba a tener todavía menos tiempo para entrenar, me dio por retomarlo. Ya no tenía tiempo para calcularme yo las cargas en Excel, así que me suscribí.

En un principio, me parecía que las cargas de entrenamiento en natación estaban infravaloradas. Puede que los umbrales estén mal definidos. No lo sé. Pero me parecía que las cargas de bici de dos o tres horas se puntuaban demasiado altas en comparación con entrenamientos cañeros en la piscina.

Pero la cuestión es que hice la temporada de invierno centrado en la natación sin ningún percance, y cuando he intentado llegar a los tres deportes, con mis 7-9 horas de entrenamiento semanales, no he sido capaz de asimilarlas.

No creo en las casualidades ni en la mala suerte. Todo tiene un motivo así que me he puesto a buscarlo.

En los últimos 3 meses he tenido 3 parones forzados, que han coincidido con el final de mi tercera semana de carga de cada mesociclo (3+1).

TP

26 de marzo ( 4 días de parón): dolor de piernas como el que tenía cuando tuve anemia en 2013 que soluciono tomando hierro.

25 de abril (6 días de parón): anginas + antibiótico.

28 de mayo: inflamación de las anginas.

Así que está claro que tal como estoy ahora, mi cuerpo no aguanta 3 semanas de carga, o traducido a los parámetros de carga de TP, no puedo tener un TSB inferior a -25.

De hecho, TP me ha avisado las tres veces, que probablemente necesitaba algún día de descanso… Pero por apurar demasiado, pues ha pasado lo que ha pasado.

Tampoco me gusta fijarme demasiado en un sólo parámetro, que como ya he dicho arriba, no tiene en cuenta otros factores muy muy importantes. Hay otros, pero hay que saber (o querer verlos. Por ejemplo: el pulso, últimamente tan subestimado.

El sábado pasado, antes de petar definitivamente, hice mi clásico 4×400 con 1’rec con el Predator MT con el que pretendía competir en Aritzaleku y que todavía no había probado en este test.  El ritmo salió relativamente bien para cómo estoy nadando, y no me vi mal, pero el pulso estaba por las nubes. Lo comparé con el mismo entrenamiento, realizado en marzo de este año con el Predator de 2015 y el resultado es más que claro:

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Un poco más lento con el Predator 2017 pero sobre todo, pero 5 ppm más. Justo al revés de lo que me salía en 2016: Análisis de neoprenos Orca 2017. En aquella entrada ya hablaba de lo que sube el pulso cuando estás enfermo, con antibióticos, etc.

Llegados a este punto, tengo que decir que estoy pasando por un momento bastante complicado de moral. Veo a algunos de mis compañeros como tiros (de lo que por supuesto me alegro) y yo cada vez que parece que “medio-llego”, termino volviendo al punto de partida.  Creo, o quiero creer, que ya estoy mentalizado de que este va a ser un año de transición donde no voy a poder estar ni de lejos a su altura, pero empiezo a tener dudas de ser capaz de llegar a todo, ni siquiera en las temporadas que vienen. Mis horas son las que son. Puedo intentar controlar más las cargas y las recuperaciones, pero no me gusta hacer las cosas a medias y a final de la temporada me replantearé lo que hago con mi vida deportiva.

Hasta entonces, este año, con cabeza, a tope y hasta donde llegue.

Pit stop.

Tenía una entrada preparada para publicar esta semana que se titulaba “arranque de la temporada 2018”. La escribí en el avión durante mi viaje de ida a ILA Berlin 2018 y ahí, no sé por qué, ponía ya: “si no pasa nada debutaré en Senpere”. Y como suele pasarme, pues algo ha pasado y casi nada de lo que escribí tiene mucha utilidad ahora mismo, gracias de nuevo, a mis amígdalas. Esta vez parece que hemos pillado a la bactería en cuestión a la primera y después de 4 días de antibióticos, el tema ya va mejor.

Creo que ya he aprendido dos cosas.
1) Siempre tengo problemas de anginas cuando tengo las defensas muy bajas bien por estrés, cansancio o problemas de otra índole que me debilitan mucho.
2) Tomando antibióticos NO se entrena. Como mucho se hace algo de ejercicio, pero ni se entrena ni mucho menos, se compite.

Tenía previsto zurrarme de lo lindo en Senpere con Javi Pérez como pareja, pero en estas condiciones no tiene ningún sentido, y más después de lo que aprendí hace dos años. Esa experiencia y estar un año sin poder correr han hecho que aflore en mí algo de sentido común, de ese que se pierde cuando te ves inmerso en la vorágine de las competiciones, de los resultados y del palmerismo de las RRSS y me guarde la bala para otra ocasión. Bastante retrasado voy ya en mi preparación como para, por las prisas, por volver a competir, volver a recaer y perder un mes. Mejor perder una semana que cuatro, seis u ocho como en 2016.
La temporada es muy larga. Si te mueves un poco, puedes estar compitiendo hasta octubre. A este deporte se le llama triatlón “de verano” y estamos más cerca del invierno que del verano.

Paciencia. Después de dos años esperando, no va a pasar nada por un mes más.